Ruta por los Balcanes (3) : Mostar

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La ruta de Sarajevo a Mostar discurre por el largo, y  a veces angosto, valle del río Neretva. Montañas repletas de bosques prestan su color a las aguas del río, repleto de lagos, remansos o presas. Pequeños pueblos se suceden por las orillas en el trayecto que va de Centroeuropa al Mediterráneo.

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Y es que entramos en la Hercegovina, la segunda parte del nombre de este país, que muchas veces obviamos al referirnos a él. Los bosques dejan paso lentamente al bosque bajo y los arbustos confiriendo a la comarca de Mostar el paisaje habitual de las regiones del Adriático.

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Al llegar a la ciudad, sobresale como una amenaza el gigantesco campanario de la iglesia de los franciscanos que deja minúsculo el minarete de una cercana mezquita. Menos de dos décadas después, aún parece persistir el odio atávico que enfrentó a las comunidades que antes convivían tranquilamente a uno y otro lado del río Neretva.

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Durante la guerra de Bosnia, los atacantes serbios fueron derrotados y expulsados de la ciudad por el resto de ciudadanos. Pero esa unidad no duró mucho porque en 1993, los católicos croatas y los musulmanes bosníacos se enzarzaron en una guerra a muerte, dibujando una frontera de violencia  y sangre alrededor del río. 

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En esa espiral infernal, los croatas quisieron romper amarras con sus vecinos destrozando el nexo de unión entre las dos colectividades. El puente viejo (stari most) que da nombre a la ciudad y que es una obra de arte desde su construcción por los otomanos en el  siglo XVI saltó por los aires.

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Una vez finalizada la guerra, la UNESCO se embarcó en el proyecto de reconstruir el puente con los mismos materiales originales. Diez años después de su destrucción, el puente volvió a existir al tiempo que entraba en la lista del patrimonio de la Humanidad.

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Curiosamente, la destrucción pasada ha permitido la reconstrucción económica presente. La industria turística de Mostar vive casi exclusivamente del puente y hordas de turistas de la cercana meca turística de Dubrovnik desembarcan cada día para cruzar el puente en ambas direcciones y ser asediados por innumerables puestos de souvenirs, incluidos los restos bélicos de aquellos tiempos negros de la guerra.

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Cruzar el puente es lo habitual para los turistas; desgraciadamente, no lo es tanto para los habitantes de esta localidad. Desde 1994 no hubo relación entre las dos comunidades; diez años después ni siquiera la reconstrucción del puente permitió el contacto noormal previo a la guerra.


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La línea de fuego aún existe no sólo mentalmente sino también físicamente. En paralelo al puente se situó esa barrera diabólica, que hoy se puede seguir rastreando los edificios desnudos, los escombros milagrosamente en pie o los cementerios improvisados.

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Viejos museos agujereados, antiguos hoteles señoriales vaciados por la metralla y las bombas, edificios oficiales, institutos o colegios … nada se salvó de los efectos de la guerra. La saña y la rabia de aquellos ataques se muestra descarnadamente, sin ningún deseo de ocultar la trágica decisión de los ciudadanos de embarcarse en una aventura suicida.

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En medio de ese corredor del turismo bélico está la plaza de España, un homenaje a la labor del Ejército y la Guardia Civil en su trabajo de pacificación tras la guerra. En sus años de servicio, además, dejaron mártires por la paz, que se recuerdan en una lápida en ese rincón de Mostar.

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En una esquina, deslumbra la reconstrucción del Instituto (Mostarska Gimnazija) , una más de las labores de restauración del patrimonio de esta ciudad llevadas a cabo por organismos internacionales y gobiernos europeos.

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Superada la línea del frente, aparece otro Mostar. Tras los barrios otomanos de la orilla musulmana, surgen las calles del ensanche austrohúngaro de la parte católica. No lejos de los restos calcinados de la barbarie, se erige un espectacular centro cultural croata dominando un cruce estratégico junto a un modernísimo centro comercial.

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Casi siempre, el maquillaje pretende esconder las huellas del tiempo. No siempre se consigue

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Cómo llegar:

Desde Sarajevo y Dubrovnik existen varias conexiones diarias por autobús. El tren también circula entre la capital bosnia y Mostar.

Moneda:

Curiosamente, en Bosnia circula el Marco. Concretamente, el Marco Convertible (KM). Herencia de la guerra, cuando el marco alemán era la moneda de cambio en ese ambiente de urgencia destructiva. La equivalencia es 1 euro = 2 KM

Qué ver:

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El puente es el centro de atención, alrededor del cual gira la vida de la ciudad. Dos torres lo vigilan y una de ellas alberga un Museo que recuerda todo el proceso de destrucción y reconstrucción.

Paser por las calles que conducen al puente, por uno y otro lado, intentando no caer en la tentación de comprar un souvenir. En el barrio antiguo siempre es posible encontrar algún artesano.

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Al otro lado del puente, se puede encontrar rincones maravillosos como el que ofrece el Kriva Cuprija (el puente torcido)

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Cenar en un restaurante sobre el río Neretva, junto al puente viejo o el puente torcido y degustar comida de la zona (sopas, guisos de verdura y cordero, el inevitable cevap o una trucha) sin olvidar regarla al final con la rakia, el licor imprescindible en todos los Balcanes.

Visitar las mansiones otomanas Biscevica y Muslibegovicaar

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Visitar la mezquita de Karadjoz-bey, la más antigua de Mostar, erigida a finales del siglo XVI o la de Koski Mehed, en la vera del río y junto a un animado mercado agrícola al aire libre.

Para ser ecuánimes, hay que visitar también la catedral católica, construida en los años ochenta del pasado siglo, y la iglesia de los franciscanos, también de finales del siglo XX

Los alrededores de Mostar ofrecen parajes impresionantes:

-el cañón del río Neretva para recorrerlo por tierra o por el agua

– Blagaj en pleno nacimiento del rio Buna y con un monasterio de los bektashíes, rama heterodoxa del Islam muy extendida en los Balcanes.

-Medjugorje, santuario católico y centro de peregrinación de todos los Balcanes y donde, dicen, se apareció la virgen a unos chavales en 1981.

-Neum, la única salida al mar de Bosnia Hercegovina

-las cascadas de Kranice

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Fotos de Carmen Urbina

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