Ruta por Flandes y Valonia (éso que llamamos Bélgica) (1) : Antwerpen / Amberes

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¡Cómo me gustaría ver en Amberes a los tertulianos apocalípticos de España! Esos que llevan años fustigándonos con el rompimiento de nuestro país en mil pedazos, deberían pasearse por las calles de Flandes y Valonia, esos dos países que conviven bajo el paraguas del Reino de los Belgas. Dos países, dos gobiernos, dos Parlamentos, dos escuelas, dos radiotelevisiones, dos sistemas de partidos… sin contar la estructura federal de Bélgica. Cuando uno va camino de Flandes desde Bruselas, desaparece el francés y no se vuelve a ver en ningún rótulo, periódico, transporte, etc. Es otra realidad.

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Amberes es la segunda ciudad del reino, con medio millón de habitantes y sólo se habla flamenco. Nada más poner los pies en la ciudad, uno se topa con el primer rascacielos europeo, el Torengebouw, de 1932. Es una prueba del empuje industrial de esta urbe, que en esa zona precisamente atesora una gran colonia judía, que monopoliza el negocio de diamantes más importante del mundo.

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Prueba de su pujanza es también el tesoro de edificios art nouveau en el barrio Cogels-Osy de principios del siglo XX, urbanizado ante la llegada de inmigrantes y que hace cuarenta años estuvo a punto de desaparecer ante la llegada, en esta ocasión, de los especuladores inmobiliarios.

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Entonces, como ahora, el estuario del río Escalda, de 88 kilómetros de largo y donde se asienta Amberes, era uno de los puertos comerciales más importantes del mundo, sólo superado por la cercana Rotterdam o por Nueva York. El paseo marítimo es el relax más deseado por los habitantes de esta metrópoli, que disponen también de un circulo de bosques, parques y jardines que rodean el centro de la ciudad.

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Como en todas las ciudades flamencas, la plaza mayor, la Grote Markt es el centro neurálgico y el museo al aire libre más bello de la localidad. Allí se encuentra la estatua del valiente soldado romano Silvio Bravo que libró a las gentes del lugar del horrible gigante Druon Antigon, al que cortó la mano y la tiró al Escalda para siempre. Dice la leyenda que de ahí viene el nombre de la ciudad (hand werpen: arrojar la mano).

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Aquí se encuentran también el renacentista Ayuntamiento y la catedral gótica de Nuestra Señora, con su impresionante torre de más de 120 metros, visible en toda la ciudad , y con el lienzo “El descendimiento de la cruz” de Rubens. El pintor flamenco es el emblema universal de esta ciudad. Su casa palacio es una cita ineludible en el paseo del visitante, como el museo Plantin Moretus, que demuestra la importancia de este impresor de Flandes dentro del Imperio Español. No en vano los ciudadanos de esta ciudad son apodados “sinjores” (derivado del español “señores”).
Son rincones y remansos de paz casi medieval ajenos a la trepidante actividad de Amberes, el corazón mercantil, económico y logístico de los belgas.

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Cómo llegar:
España y la capital belga están enlazadas por vuelos de líneas regulares y de bajo coste. Desde las tres estaciones de Bruselas salen continuamente trenes con destino a Amberes, a 48 kilómetros.

Itinerario:

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Junto a la Estación Central pasear por el barrio judío de los diamantes, visitar el Museo de los Diamantes y el Zoo.
La calle Meir, centro comercial de la ciudad, nos lleva desde el primer rascacielos europeo, elTorengebouw, a la Casa de Rubens.
En la zona de Grotte Markt, hay que ver el Ayuntamiento, la Catedral, la Oude Beers (la primera Bolsa de la Historia), las iglesias de San Carlos Borromeo (con portada de Rubens) y de Saint Jakobs (donde está enterrado el pintor), el Museo de la Moda y el Museo Plantin Moretus (Patrimonio de la Humanidad).

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En el puerto, se pueden disfrutar de paseos en barco y se puede atravesar el Escalda por un paso subterráneo. El Paseo Marítimo nos lleva al castillo Steen y, ya en la entrada de los canales, el modernísimo Museo MAS.

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En el barrio de Cogels-Osy, un conjunto de edificios modernistas de estilos art nouveau, neorrenacestita y neoclasicista.

Amberes tiene parques para compensar el color niebla gris que la envuelve habitualmente. En el centro está el Stadspark y detrás de la autopista de circunvalación se sucede un cinturón verde con otra media docena de parques.

(Fotos de Carmen Urbina)

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