Ruta por Flandes y Valonia (éso que llamamos Bélgica) (4) : Leuven / Lovaina y Mechelen / Malinas

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Lovaina y Malinas pasan desapercibidas en la mayoría de viajes a Bélgica y son dos ciudades que merecen ser paseadas.

Lovaina, sin duda, es la capital universitaria del pais. Y ha sufrido, como pocas ciudades, los efectos del nacionalismo convertido en sublime estupidez. En los años sesenta, cuando arreció la guerra lingüística siempre presente en este estado binacional, se decidió que los francófonos se fueran a estudiar a su propia Universidad y se creó la de Louvaine-la-nouvelle/Nueva Lovaina. Pero hete aquí que las autoridades de entonces asumieron un papel políticamente correcto de Salomón partiendo por la mitad la enorme y valiosa biblioteca de la Universidad de Lovaina. Así, de la A a la L se quedó en Lovaina y de la M a la Z se fueron para Nueva Lovaina.

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La vida universitaria se palpa en toda la ciudad, en sus colegios mayores medievales, en el inmenso Beaterio convertido en residencias estudiantiles y centros universitarios y, sobre todo, en la Oude Markt, la gran plaza que los estudiantes han bautizado como la mayor barra del mundo, en ese espíritu Guiness que envuelve a todas las oficinas de turismo del mundo. Se nota que los estudiantes belgas no han venido por España ni por la calle Laurel de Logroño…

Pero si hay algo que deslumbra en Lovaina es su maravilloso ayuntamiento. Una joya gótica digna de manos de orfebre que apabulla con una fachada de innumerables e inagotables detalles. Más de doscientas figuras en sus respectivos nichos se suceden en los tres pisos del edificio constituyendo un singular y único panteón de ilustres locales. Se construyó en el siglo XV sobre casas originales de mil años antes, de las que aú se conservan los cimientos en la planta baja del edificio consistorial.

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Lovaina transpira un ritmo sosegado, nada ajetreado que invita, casi obliga, a un alto en el deambular por sus calles para relajarse y, naturalmente, degustar la cerveza local, nada menos que la famosa Stella Artois, que ya en el siglo XIV funcionaba en esta localidad del entonces Ducado de Brabante.

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Y cerveza propia hay también en Malinas, la  Gouden Carolus. A medio camino entre Bruselas y Amberes, la localidad de Malinas es casi desconocida para la mayoría de turistas. Y posee unos encantos propios, comenzando por la catedral de San Romualdo, con una torre de casi cien metros, patrimonio de la Humanidad y desde la que, dicen, se puede ver Bruselas… aunque sólo en los días muy claros. Dispone de un carillón con ochenta campanas, lo que explica la presencia en la ciudad de la escuela belga de campanología.

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Hay hasta ocho iglesias históricas que albergan, a su vez, obras de Rubens o Van Dyck. Pero los malienses no se andan con remilgos y se atreven incluso a reconvertir una iglesia en un moderno hotel con el comedor bajo el antiguo altar.

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Será que le sobran los edificios históricos. Como  los Palacios de las Margaritas: el de Margarita de York (hoy Teatro Municipal) y el de Margarita de Austria, gobernadora de la casa de Saboya, primer edificio renacentista en los Paises Bajos. En su interior un coqueto jardin invita al descanso.

A pesar del pasado y presente monárquicos, no hay que olvidar que estamos en Flandes y que el partido actualmente mayoritario es el Bloque Flamenco, que reivindica la independencia del Estado Belga para constituir su propia República.

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No hay ciudad belga de importancia que no disponga de un beaterio o “beguinaje”, en este caso dos. El Gran Beaterio agrupa unas estrechas y acogedoras callejuelas que también están reconocidas por la UNESCO.

El Dijle es el río navegable de Malinas, en cuyas orillas se suceden las terrazas de las plantas bajas de los edificios, los restaurantes y los paseos peatonales. El paseo es ineludible en esta ciudad y nada mejor que concluirlo en los jardines botánicos municipales, una mancha verde en el extremo del casco histórico de la localidad.

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Cómo llegar:

Desde Bruselas parten trenes a Lovaina, a  30  kilómetros, y a Malinas (en la línea de Amberes), a 20 kilómetros.

Itinerarios:

En Lovaina:

En la Grote Markt, hay que admirar con tranquilidad la maravilla gótica de la ciudad, el Ayuntamiento. También en esta misma plaza, se ubica la Iglesia de San Pedro, del siglo XV. En su interior destacan uno de los mejores púlpitos de madera de Bélgica (algo habitual en el pais) y varios cuadros excepcionales como “El descendimiento de la cruz” de Rogier van der Weyden o “La última cena” de Dirk Bouts.

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Detrás de la Gran Plaza, está la Oude Markt, la Plaza Vieja, que actualmente es una sucesión de bares y terrazas (de cara al sol), lugar de reunión de los estudiantes que la han bautizado como “la barra más larga del mundo”.

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La Naamsestraat se dirige desde el centro hasta la circunvalación y jalonan su recorrido un gran número de colegios universitarios en edificios renacentistas o barrocos que en sí mismos ya merecen una visita. También en esta calle se ubica un centro alternativo y cultural, el Stuk, con patios, cines, restaurantes y salas de arte, erigido sobre antiguos edificios universitarios en una intervención arquitectónica reseñada en todas los estudios urbanísticos.

La Biblioteca Central de la Universidad, con más de un millón de libros, se ubica ahora en un edificio también contemporáneo aunque imitando el estilo del renacimiento flamenco. Data de la década de los 20 del pasado siglo, cuando trescientas instituciones educativas norteamericanas costearon la reconstrucción de la antigua Universidad, destruida en la Primera Guerra Mundial. La torre, con un carillón de 63 campanas, se ve desde toda la ciudad.

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Las residencias universitarias se ubican ahora en el Gran Beaterio, uno de los mejor conservados del pais. Es prácticamente una ciudad dentro de la ciudad, con callejuelas, edificios restaurados, jardines, huertos y pequeños canales.

La cerveza local, la Stella Artois, se puede degustar en las barras de los bares pero también en la propia fábrica, que organiza visitas guiadas.

En Malinas:

Disfrutar de la espectacular catedral de San Romulado y atreverse a subir los más de quinientos escalones para acceder a lo alto de su torre.  En la subida existen hasta seis habitaciones de descanso.

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En la inmensa plaza que se abre ante la catedral, se suceden hermosos edificios y los dos más antiguos de los tres edificios del ayuntamiento con los que ha contado Malinas.

El rio Dijle permite pasear por sus orillas gracias a un tramo flotante entre el muelle de la avena y el jardin de las especias.

Perderse por las callejuelas del Gran Beaterio,  entrar en el jardin del palacio de Margarita de Austria y pasear por el Jardin Botánico.

Beber la cerveza local Gouden Carolus, si es posible en el restaurante de la fábrica de cervezas, y acompañarla con la especialidad gastronómica local, el pollo Koekoek.

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(Fotos de Carmen Urbina)

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