Ruta por Flandes y Valonia (éso que llamamos Bélgica) (5) : Brugge / Brujas

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Cuando se sale de la estación de tren de Brujas, uno se topa de inmediato con el Minnewater, el Lago del Amor, donde dicen que vive una ninfa en su interior. Es la primera de las sorpresas de esta ciudad. Tras el lago, el visitante se adentra en una ciudad auténticamente medieval, suspendida en el tiempo. Esa es la sensación que uno recibe de sopetón.

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Casas del siglo XV alternándose orgullosas en una sucesión de arquitectura sin igual que ha visto cómo pasaba el tiempo y se mantenían enhiestas, admirables y bellas. Brujas tiene historia y de ella se enorgullece, algo que la honra. Y para comprobarlo el mejor lugar es la plaza mayor, el Burg, donde está el poder religioso y civil, unido con el Markt, donde estaba el comercio, el mercado. Una imagen, en este caso, vale más que mil palabras de historia de la Humanidad.

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En el mercado se alza sobre el conjunto de la ciudad la torre Belfort, un mirador de ochenta y tres metros erigido en el siglo XIV para demostrar a todos el poderío de esta urbe. Desde lo alto de sus trescientos sesenta y seis escalones se atisba el panorama de una ciudad marcada, como veremos pronto, por el rio Dijver. 

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En el Burg se condensa la historia de la ciudad: el renacentista edificio de la antigua Escribanía o palacio de Justicia; el imponente barroco del edificio del Preboste o palacio arzobispal; el gótico del Ayuntamiento, que guarda en su interior una sola sala de ese estilo, maravillosamente decorada con la historia de la villa y la amalgama de estilos de la Basilica de la Santa Sangre, que aúna románico y gótico además de albergar una reliquia de la sangre de Cristo.

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Tras la plaza se abren las lonjas de pescado, que aun funcionan, junto a los canales.  Porque, sin ninguna duda, Brujas se puede pasear a pie o en bicicleta pero la mejor forma es hacerlo en barco. En cualquiera de sus cinco embarcaderos se puede tomar un barco para dejarse llevar por las aguas del rio Djiver canalizado a lo largo y ancho de Brujas.

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En el paseo se descubre la riqueza de esta urbe, que en plena Edad Media creó la primera Bolsa, engarzó el primer diamante en un anillo de compromiso (el rey Maximiliano de Austria), dio fama a los encajes de esta zona de Europa y aprovechó el cacao americano y la caña de azucar traido por los españoles para elaborar los bombones que desde entonces señalan a los belgas como consumados maestros en el arte chocolatero.

Aunque si de comer se trata hay que hablar de la bebida. Cervezas hay en todas las ciudades belgas, en especial flamencas, y en Brujas también se elabora desde hace siglos la brugs tarwe o blanca de trigo. Conocer la elaboración de chocolates, cervezas o encajes es fácil en esta ciudad  porque, orgullosa como lo está de su pasado, tiene museos especializados sobre el particular.

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Los edificios con su habitual fachada escalonada nos retrotraen a burgueses y  comerciantes con gran éxito en la edad media, edad de oro de la villa. Pero no solo de esas clases adineradas se componía la población.

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Los gremios artesanos construyeron casas para las viudas de sus socios y los burgueses,  tocados de amor filial y cristiano, imitaron la idea erigiendo complejos de casas con jardines interiores y pozo comunal que se llamaron Casas de Caridad o Godhuizen  destinadas a los pobres de la ciudad. La Revolución Francesa nacionalizó estas casas, que hoy en dia son museos o residencias de ancianos.

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Otro colectivo alejado del poder fue el de las mujeres, abandonadas por sus maridos y familiares varones en sus continuas aventuras militares y  religiosas en Tierra Santa. Ante esa tesitura, decidieron en todos los Paises Bajos (incluida Flandes) juntarse en instituciones monásticas autosuficientes y un punto feministas (fuera del poder de los hombres) llamadas beaterios, de los que aun subsisten algunos en funcionamiento.  El beaterio de Brujas tiene una casa museo pero sigue siendo un lugar de oración y retiro ocupado por monjas benedictinas que mantienen vivo el espiritu original en un ambiente de paz y serenidad.

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Un puente separa la entrada del beaterio del lago del Amor. Otro lugar de retiro, pero en este caso para los enamorados, las parejas de todo tipo y los ciudadanos ociosos que quieren seguir embelesados por el encanto de esta urbe antes de meterse de lleno en la vorágine contemporánea de la ciudad moderna. Para salir del sueño y entrar en la realidad, conviene siempre un periodo de aclimatación.

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Cómo llegar:

Brujas está a 96 kilómetros de Bruselas, desde donde parten continuamente trenes entre ambas ciudades.

Itinerario:

En la plaza del Burg : la Basílica de la Santa Sangre con fachada gótica  que se compone de dos iglesias. En la parte superior, la  capilla de la Santa Sangre con una reliquia de la sangre de Cristo del siglo XII. En la parte inferior, la capilla románica de San Basilio.

En la misma plaza, el edificio gótico del Ayuntamiento. Es el edificio municipal más antiguo de Bélgica y su interior ha sido remodelado salvo la sala gótica, del siglo XIV, que fue decorada a finales del siglo XIX con unos frescos que narran la historia de la ciudad.

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Al lado de la antigua escribanía de estilo renacimiento, surge el callejón del Asno Ciego que da a la lonja del Pescado, que aún funciona y que alberga también restaurantes y bares junto a uno de los canales. Un paseo nos permitirá admirar algunos de los más bellos puentes de la ciudad, que tiene nada menos que cuarenta y tres.

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En la plaza del Markt, detrás del Burg, hay naturalmente puestos de venta, tiendas, cafés como el Craenenburg donde los ciudadanos tuvieron retenido a Maximiliano de Austria y  galerías de arte como el Hallen, el antiguo mercado de lanas, presidido por la mole de la torre Belfort, que puede ser visitada. En la misma plaza está el Palacio de la Provincia, un edificio neogótico.

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Dos templos merecen una visita: la iglesia de Nuestra Señora, del siglo XIII, que en su interior cobija la única estatua de Miguel Angel que salio de Italia. Es una Madonna en mármol blanco.

La otra iglesia es la Catedral de San Salvador, del siglo XII, que ofrece una amplia riqueza en sus capillas interiores y en su tesoro, pero que destaca sobre todo por la riqueza de su sillería del coro, teniendo en cuenta la ya de por si maestria belga en la decoración en madera del interior de sus templos.

Hay museos para todos gustos: el del encaje en una casa patricia del siglo XVIII, la Arenthuis ; uno de los más importantes en pintura flamenca, el Groeninge Museum o el de medicina y farmacia en el antiguo Hospital de San Juan, del siglo XIII, el más antiguo de Europa.

Pero para los cerveceros hay también dos fábricas  que aún siguen elaborando la bebida y ofrecen visitas guiadas y degustaciones de sus cervezas. Son De Gounde Boom y De Halve Maan-Straffe Hendrik.

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Las Casas de Caridad de la Edad Media pueden verse a lo largo de la ciudad y en una de ellas, la de los zapateros,existe un Museo Folklórico Popular.

El Beguinaje puede también visitarse sin molestar a las monjas cuando están en misa o en oración. Hay una Casa museo a la entrada y se puede asistir a los cultos que se celebran en la iglesia del complejo.

En el Lago del Amor hay que lanzar una moneda para ver cumplidos los deseos por parte de la ninfa que mora en sus aguas, según la leyenda local.  En cualquier caso, es un lugar idóneo para descansar del largo paseo por la ciudad.

Y , sobre todo, hay que recorrer los canales en cualquiera de las embarcaciones que los surcan y que recorren buena parte del casco medieval de Brujas.

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(Fotos de Carmen Urbina)

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