Santorini: el anfiteatro del volcán

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El principal atractivo de la isla es su naturaleza y, fundamentalmente, su origen volcánico. Lo demás (la puesta de sol, las casas blancas y azules, las tiendas de lujo…) es producto de una de las más grandes operaciones de marketing publicitario de los últimos cincuenta años.

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Hace 3.500 años. la isla era un inmenso círculo coronado por un volcán de más de mil metros de altura. La considerada como mayor erupción de la historia echó abajo esa mole que se hundió en el océano y dejó Santorini como una media luna separada de un pequeño resto de la otra mitad por una enorme bahía o caldera volcánica que, con el paso de los siglos y de sucesivas erupciones dio origen a dos islas en su interior, masas de lava y piedra pómez en las que se aprecian aún los cráteres.

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Pasear en barco entre esas islas, subir a los volcanes  y bañarse en las aguas calientes de esa zona es uno de los placeres de la visita a Santorini. Desde el centro de la caldera, en la cima del volcán, se aprecia como en ningún lugar la evolución de esta singular isla, que recibió su actual nombre de la mezcla de apelaciones de los ocupantes venecianos  (Santa Irene, la patrona de la isla) y de los vecinos griegos (Irina). Los locales decían Santairina y de ahí derivó Santorini, aunque el nombre oficial griego sigue siendo Thera, como se llamaba en la antigüedad.

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En 1956, un terremoto de casi ocho grados destruyó la mayor parte de las casas de Fira, la capital, y de Oia, la otra localidad turística de la isla. Por éso, todo lo que vemos en la actualidad es realmente una obra reciente. Bloques cuadrados de cemento, encalados y con puertas y ventanas azules en el estilo común de todas las islas Cícladas, componen el marco incomparable de un reclamo turístico internacional. Esa fama, por desgracia, no proviene tanto de sus valores naturales como de una simbiosis entre turismo de lujo y meca de enamorados.

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Esa vertiente romántica deviene del atardecer ante la Caldera (así llamada, en castellano, en todos los idiomas). Atardeceres los hay en todas las partes del mundo, pero Santorini ha conseguido patentar el suyo como el número uno.Hasta tal punto que Oia se ha convertido en destino no sólo para parejas a la hora de la petición de matrimonio sino para la propia ceremonia nupcial , que cada día ejecutan al atardecer parejas venidas de todo el mundo.

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El mejor lugar de la isla para el ocaso es, como queda dicho, Oia, Es la esquina norte de la isla y desde allí se ve el horizonte infinito y si uno se gira contempla la caldera y el resto de la media luna de Santorini. Miles de personas peregrinan cada tarde para ocupar cualquier esquina del acantilado para tener los minutos de emoción de la puesta de sol.

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Pero si interesante es esta operación diaria del astro, casi más interesante es el reflejo del sol poniente en la escarpada ladera del pueblo, que se desparrama en un increíble esfuerzo de equilibrio. Esa hermosa y cuidada arquitectura no tiene, como hemos dicho, más de cincuenta años pero el gusto exquisito y un turismo de calidad han salvado este rincón del Mediterráneo del desastre urbanístico de muchos otros rincones del Mare Nostrum.

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Oia tiene, además, restos de edificios más antiguos, diseminados por su coqueto casco antiguo. Por la cima de la ladera se sucede una especie de paseo marítimo, verdadero balcón sobre la localidad y sobre los carísimos hoteles que se escalonan en exclusivas habitaciones excavadas en la roca con  vistas al mar.Abajo está el viejo puerto, donde se pueden degustar pescados o pulpo en sovlaki (pincho) , además de ricas sardinas a la plancha. Para bajar hay unos cientos de escaleras o burros de alquiler.

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Pero donde los burros adquieren verdadera denominación de origen es en Fira, la capital de Santorini. Allí el fabuloso desnivel provocado en el siglo XVI A.C. se salva con un moderno teleférico, pero lo tradicional es usar estos animales para subir o bajar al viejo puerto de la capital.

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Fira es la versión más multitudinaria de Oia, con sus estrechas callejuelas de zoco repletas de joyerías o tiendas de recuerdos. Es más animada y tiene más servicios, pero carece del encanto incomprabale de Oia. La mayoría de hoteles y apartamentos se concentran en la capital desde donde se puede llegar a cualquier rincón de la isla y a sus playas con motos, quads o coches de alquiler o también con un excelente servicio público de autobús.

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Las únicas playas se ubican en la parte exterior de la isla, porque en el interior de la caldera sólo hay acantilados. Las playas de Santorini más asequibles y tranquilas son las del este: Kamari, Perissa o Perivolos. Largas playas de arena negra, concurridas y con ambiente.

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Y más al sur se encuentran  las tres calas más famosas de la isla y con dificil acceso (sólo se puede llegar en barco).  Son las playas Roja, Blanca y Negra, llamadas así por el color de la roca que sirve de pared a estas playitas. Son playas de piedras y cantos rodados, como gran parte de las playas de esta zona del Mediterráneo.

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Las tres playas se encuentran en Akrotiri, donde se halla uno de los dos yacimientos arqueológicos de la isla, que demuestran la importancia de esta isla en el pasado. El Museo Arqueológico de Fira relata los tesoros de la civilización minoica en la isla, pero es en el Museo Arqueológico de Atenas donde se hallan unos frescos imponentes de hace más de tres mil años. Entre la erupción y la actualidad hay una gigantesca elipsis.Por éso, la isla ofrece o naturaleza prehistórica (la caldera y las playas) o la recreación contemporánea del imaginario occidental del edén mediterráneo.

Cómo llegar:

Vueling vuela (por la madrugada) desde Barcelona y Bilbao.  La otra opción es ir a Atenas y desde allí volar (dos veces al día) con Aegean Airlines o tomar  los ferris de varias compañías que diariamente enlazan El Pireo con la isla.

Itinerario:

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En Oia: pasear por la calle principal, asomada a la caldera, y por el casco antiguo mientras se espera el atardecer; observar los hoteles de lujo, si no se puede uno permitir la estancia en ellos; cenar o tomar una copa mientras se pone el sol en alguno de los restaurantes escalonados por la ladera; bajar al puerto de Ammoudi para tomar pescado en sus tabernas; visitar el Museo Marítimo.

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En Fira:bajar con el teleférico a Skála Firós, el viejo puerto, y subir de nuevo a lomos de un burro (o andando si se prefiere); visitar el Museo Arqueológico o el de la Antigua Thera (con los hallazgos de Akrotiri), Megaron Gyzi (con fotos y recuerdos de Fira) y la iglesia católica de San Juan Bautista; pasear por las callejuelas sin sucumbir a las tiendas.

Entre ambas localidades hay otras dos, Imerovigli y Firostefani, menos concurridas, donde es igual de placentera la observación de la puesta de sol.

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Megalochori es, junto a Pyrgos, el ejemplo de pueblo tradicional de la isla con callejuelas estrechas y blancas, iglesias, plazas con parras y tabernas.. Aquí como en buena parte de la isla se pueden visitar bodegas donde degustar el Vin Santo (excelente vino dulce) y otras muestras no tan destacables de su tradición enológica.

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Sorprenden, eso sí, las prácticas vitícolas en cuanto al tratamiento de las cepas, retorcidas en el suelo para ahuyentar el viento y aprovechar mejor los nutrientes de la tierra.

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Playas: al norte están las más peligrosas como Paradissos y Koloubos. Al este, las más urbanizadas y tranquilas, como Kamari (desde donde se puede acceder a los restos de la Antigua Thera, colonizada en el siglo IX A.C. por el rey Thira que le dio su nombre a la isla y donde se pueden admirar restos helenísticos, romanos y bizantinos). La costa sigue con las playas de Perissa, Perivolos y Agios Giorgios, largas, tranquilas …pero con piedras (por éso está tan limpia y transparente el agua)

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Al sur, están las playas Roja, Blanca y Negra, accesibles por un barco que se coge en Akrotiri (solamente a la playa roja se puede llegar por un caminito). La estancia en estas playas se puede aprovechar para ver las excavaciones de los restos de la población minoica sepultada por la erupción de 1650 A.C.

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Viajar en barco por la caldera, subir al volcán y bañarse en las aguas termales en Hot Springs, la zona entre las dos islas surgidas de las diferentes erupciones. El viaje se completa con una estancia en la isla de Thirassia, donde se puede uno bañar en las aguas del puerto,  antes o después de comer una buena parrillada de pescado en sus tabernas o de subir en burro a Manolás, la capital de la pequeña isla.

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Anafi es una isla que se encuentra 25 kilómetros al este de Santorini, a la que pertenece y que supone una vávula de escape para quienes huyen de la masificación de esta meca del turismo mundial. A diario zarpan barcos hacia Anafi, donde hay playas como Klissidi, monasterios como el Moni Kalamiotissas o el Kastro veneciano (restos del castillo de los ocupantes de las Cícladas durante varios siglos),  cerca de la capital Hora.

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(Fotos: José A. Mourenza)

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5 Respuestas a “Santorini: el anfiteatro del volcán

  1. ¿Recuerdas el programa que hacía Fran -en tiempos de Emilio Garrido como direcotr de RCE en Galicia- titulado “Besos y flores desde Santorini”?. Me ha venido a la memoria leyendo tu, como siempre, magnífica crónica viajera.
    Por cierto: ¿sabes que en la provincia de Pontevedra, dando la vuelta a la península de Baiona, existe una pequeña localidad -municipio, pero pequeño- que también se llama Oia y que tiene unos atardeceres impresionantes?. Está conmformado, en la parte litroral, por grandes extensiones rocosas y, hacia el interior, rodeado de montañas. Sus playas, qué duda cabe, inmensamente más hermosas y mejores que las pedregosas de esa apetecible Santorini. Un fuerte abrazo, viajero.

  2. Como siempre, una muy detallada exposición de lo que se puede ver, en este caso en Santorini. Me ha sorprendido lo que comentas sobre la antiguedad de las casas, así como el material de construcción. Es algo que desconocía.
    Un abrazo

  3. ¡Magnifica descripción! Amigo, me has hecho viajar en la imaginación a través de ese paraiso de aguas casi invisibles por su pureza. Desde el otro paraiso del sur-oeste me imagino ese otro volcán y fantaseo, al leerte, paseando por empinadas callejuelas, al atardecer, vistiendo una amplia camisa de algodon blanca. ¡Fantasia nuestra de cada dia!¿Que hariamos sin las fantasias?

    Un abrazo muy fuerte Juanjo

  4. Es muy atractivo todo el entorno de Santorini, la arquitectura y la tranquilidad que aparenta, dan ganas de ir solo de ver las fotos… gracias por el viaje 🙂

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