Milos y Naxos: la esencia griega de las islas Cícladas

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Quien quiera marcha y diversión, que vaya a Mikonos; quien desee glamour, que visite Santorini. Quien quiera tranquilidad sin agobios, que se venga a Milos. Y éso, a pesar de que esta isla ofrece el mayor número de playas de la Cícladas y puestas de sol igual de espectaculares que la famosa caldera de Santorini.  Grecia tiene, nada más y nada menos, que nueve mil islas y en el Mar Egeo uno de sus archipiélagos más visitados es el de las islas Cícladas, con veinte islas mayores y unas doscientas menores e islotes. Aquí ya hemos hablado de Santorini y en esta ocasión nos referiremos a otras dos: Milos y Naxos.

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Milos es la isla de Afrodita (Venus para los romanos) y todo porque en el siglo XIX un pastor encontró junto a un olivo una estatua de esa diosa, que fue a parar (como tantos tesoros griegos) a las paredes de un Museo extranjero, el del Louvre. En el camino, perdió sus brazos y así, manca, ha pasado a la historia como la Venus de Milo (para los griegos la isla es Milos).

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Mucha historia tiene esta isla de origen volcánico: tiene restos minoicos (Filakopi) y hasta un teatro romano,  junto a los restos de la antigua ciudad dórica de Klima y  a unos metros de donde apareció la famosa estatua de Venus y de unas catacumbas cristianas…La religión, desde entonces, ha tenido enorme importancia, como se comprueba en todo el pais (la lucha contra el ocupante turco fue también la guerra del cristianismo contra el islam).

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La primera capital de Milos estuvo en Zefiria, pero los estertores del terremoto de Santorini (siglo XIII a.c.) diezmaron la ciudad y se ubicó una nueva capital en Kastro, un recinto amurallado sobre la actual Plaka. Desde ahí se atisba una espléndida puesta de sol sobre el Egeo y se tiene una visión completa de Milos y sus islas adyacentes (Antimilos, Kimolos y Polyaigos).

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El casco antiguo de Plaka es un dédalo de callejuelas atestadas de tabernas y tiendas, un paseo maravilloso sin los agobios ni multitudes de Santorini o Mikonos.

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A Plaka le sigue hacia el mar Tripiti, donde se encuentran las catacumbas, el teatro y, bajo ellos, al fondo del barranco, una aldea de pescadores que forman la actual Klima. Una sucesión de syrmatas, que son las cuevas en la roca, reconvertidas en almacenes de pesca o casas de pescadores. Ahora, con puertas y ventanas de llamativos colores, forman una extraordinaria y sugestiva postal. Como Klima, hay otras syrmatas en Mandrakia o Agios Konstantinos. Estas antiguas cuevas, verdaderos refugios contra los piratas en otros tiempos, se reproducen en su estado original como oquedades por toda la costa.

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Por ejemplo, se ven en una de las playas más singulares de Grecia, Sarakiniko, una sinfonía de rocas blancas moldeadas por el agua y el viento que dejan un pequeño canal hacia el mar, donde el baño es sencillamente mágico.

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Dicen que Milos tiene la mejor colección de playas del Egeo y puede que sea cierto.Hay una larga lista: playas de arena como Paleochori y Achivadolimni, Agios Kiriaki y Provatas; calas abruptas como Firiplaka, Tsigrado, Papafragas o Kleftiko. La mejor manera de acceder a muchas de ellas es desde el mar.

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Eso mismo hacen los turistas todos los días en Adamas, el puerto de Milos, que está en la enorme bahía del norte de la isla, que tiene una clarísima forma de U. El paseo marítimo es una sucesión de tabernas, bares y restaurantes con las mesas en la orilla del agua donde disfrutar de pescado fresco a la plancha o un pulpo en espetón (suvlaki) y mirar embelesado la bahía, con una copa de ouzo en la mano.

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Así se entiende mucho mejor este ritmo lento de las islas griegas. Hagámosles caso: llevan más de dos mil años disfrutando de estas vistas y esta vida.

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Naxos es la más grande de las islas Cícladas y la que posee su cima (el monte Zeus, que supera los mil metros). Pero sus propiedades particulares no acaban aquí. La isla destaca por unos valles fértiles (el central de Tragaea, los pequeños y frondosos del extremo norte como Koronidas o Apollonas y los del Oeste como Eggares). En todos podemos ver viñedos, olivares, pinos y algunos frutales.

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La capital de la isla, Chora, destaca por una mole en una esquina donde se asienta el antiguo barrio que surgió alrededor del castillo o Kastro medieval. En el siglo XIII, el veneciano Marco Sanudo instaló aquí la capital de su ducado (que incluía  buena parte de las Cícladas). En el Kastro vivían los nobles y los católicos venecianos.

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En las callejuelas que subían del puerto, estaban los pescadores griegos ortodoxos. Pasear por sus calles nos retrotrae al pasado y desde su cima se ve el dédalo de callejas típicamente mediterráneo. El antiguo mercado es ahora una sucesión de tiendas y restaurantes en un ambiente semejante a las kasbahs norteafricanas.

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Si Chora es el recuerdo medieval, Halki es la imagen decimonónica, con sus caserones, sus artistas y sus galerías de arte y su destilería del kitron, el licor de la isla a base de el fruto de ese nombre parecido a un limón gigante.

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Entre una población y otra, quedan restos de otras épocas, como las iglesias bizantinas diseminadas por la isla, agazapadas , a veces, en escarpadas laderas o torres medievales de vigilancia que se han ido restaurando a lo largo de los siglos para convertirse en viviendas particulares.

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Testigos de ese paso inexorable del tiempo son los gigantes kouros, monstruos de mármol de hace casi tres mil años. Sorprenden esos inertes gigantes, pero maravillan aún más los trozos de mármol diseminados entre las fincas. Cerca, se ven las montañas de donde se extrae el mineral, que brillan en la lejanía.

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Las playas del oeste, mirando a Paros, son un remanso de paz y aunque algunas estén un tanto masificadas (las más cercanas a la capital), siguen siendo largos arenales en unas tranquilas bahías. Más bravas son las calas del norte, a las que se accede por serpenteantes carreteras o caminos, con el único consuelo de la hermosa vista que se aprecia desde lo alto de la carretera  (se admiran desde ahí las Cícladas menores y, a lo lejos, incluso Mikonos).

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La mitología ha colocado también en el mapa a Naxos, porque dicen que Teseo, después de que Ariadna le ayudara a salir del Laberinto donde lo tenía encerrado el Minotauro, la abandonó en esta isla. Los dioses castigaron al egoísta Teseo pero Ariadna se entregó a Dionisios, el dios del vino.Si Naxos está relacionada con la mitología, no es de extrañar que aún se conserven restos de la época helenística como el templo de Demeter  en muy buen estado de conservación.

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O también, en una isla unida a la capital, el templo de Apolo, del que se conserva su dintel, que cada atardecer enmarca el sol de poniente. A su llamada, como en todas las Cícladas, congrega cada día a enamorados de todo el mundo, que siguen los pasos de Teseo y Ariadna. No sabemos si después, ocurre en las parejas lo mismo que en la mitología.

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Cómo llegar:

Aunque hay aeropuertos en estas dos islas que las comunican con Atenas, la mejor manera de acceder a las   Cícladas es con ferrys y turbojets (barcos rápidos) desde el puerto de El Pireo,en Atenas. Hay múltiples combinaciones y varias empresas que se dedican a estas auténticas líneas de cercanías por mar.

Itinerarios:

En Milos:

Adamas es el puerto de llegada a la isla y allí encontraremos restaurantes y tabernas, un Museo religioso en la iglesia de San Juan Bautista, construido por los cretenses  llegados a Milos y un Museo Minero que relata la historia de esta actividad, aún en funcionamiento, en la isla. 

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En Plaka, hay que pasear por sus hermosas callejas, subir al Kastro para ver el atardecer y admirar la iglesia Panagia Thalassitra del siglo XVII, visitar los Museos del Folklore o el Arqueológico y la iglesia de la Virgen María Korfiatissa en una balconada excepcional, junto a otro tesoro: la pequeña iglesia católica de la Rosa, edificada por el vicecónsul de Francia para albergar en el minúsculo patio de su casa una hermosa tumba en honor a su amada esposa.

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En Tripiti, ver las catacumbas cristianas, únicas en Grecia; al lado, el lugar donde se encontró la Venus (Afrodita); el teatro romano del siglo V a.c., donde siguen aún las excavaciones y donde se celebra la Fiesta de Milos; bajar a Klima, donde hay casas de pescadores edificadas a partir de antiguas cuevas (las syrmatas).

En Filakopi, restos de la edad minoica.

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En Sarakiniko,  una playa con formaciones rocosas blancas y terrazas sobre el mar.

En la bahía de Adamas se suceden las playas de Papikinou (cerca tiene fuentes termales) y Achivadolimni, largas y tranquilas.

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Al sur, las playas de Provatas, Firiplaka y Tsigrado, Agios Kyriaki, Paleochori (muchas accesibles sólo a pie o en barco).

Al norte, las playas de Pollonia, donde se pueden tomar los barcos a Kimolos (una isla, que es la quintaesencia de la tranquilidad , en la que visitar la capital Hora, con su Kastro medieval en ruinas, y recorrer sus playas de Aliki y Klima).

Al oeste hay zona montañosa con sendas para realizar paseos y caminatas.

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En Naxos:

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En Chora, subir al Kastro para visitar la catedral católica, el convento de las Ursulinas, la antigua escuela de los jesuitas convertida en Museo Arqueológico o el Museo Veneciano della Rocca-Barozzi (una mansión con torre del siglo XII e interior amueblado con vestidos y muebles del siglo XIX).

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Bajando al puerto, está el Burgo, donde vivían los griegos y donde está el viejo mercado con multitud de tiendas y restaurantes. También en esa zona está la catedral ortodoxa y a su lado el Museo Mitrópolis, con restos de la ciudad micénica de los siglos XIII a XI a.c., sepultada al subir el nivel del mar. En el Paseo marítimo, disfrutar de los cafés y restaurantes. En el islote de Pallatia, unido al puerto, visitar el templo inacabado de Apolo, con su puerta de Portara del siglo VI a.c.

En el valle de Tragaea, en el centro de la isla, hay varios lugares de interés: en Filoti se puede acceder al Monte Zeus o Zas por un sendero que antes pasa por la fuente de Aria y la cueva de Zeus.

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En Halki, una preciosidad de pueblo donde se concentraba el comercio de la isla, hay que pasear sus pocas calles y admirar sus bellos edificios neoclásicos, entrar en sus galerías de arte y visitar la destilería Vallindras, donde se conoce y se degusta el licor de kitron.

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En Moni, está la iglesia bizantina de Panagia Drossiani.En Sangri, el templo de Demeter y la torre de Bazeos del siglo XVII, que nació como monasterio. En Apiranthos, un pequeño y encantador pueblo de griegos cretenses que huyeron de los turcos, se pueden visitar nada menos que tres museos.

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Fuera del valle, en Apollonas, disfrutar de las tabernas de pescadores además de darse un baño en su pequeña cala y visitar el kouro más grande de la isla, de más de diez metros, tumbado en una cantera junto a la población.

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Playas: cerca de la capital, de arena y largas, Agios Prokopios, Agios Giorgios, Agia Anna y Plaka. Las más salvajes son Mikri Vigla y Kastraki. Al norte, Apollonas y la cala Abrami. En barco se puede acceder a las Cícladas menores, de las que sólo cuatro están habitadas (Iraklia, Schoinoussa, Donoussa y Pano Koufonisia).

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(Fotos: Andrés y José Antonio Mourenza)

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2 Respuestas a “Milos y Naxos: la esencia griega de las islas Cícladas

  1. Tal para cual: dos de los tres Mourenza aconsejando el viaje a las Cícladas y sin citar el sirtaky. Mucha playa, mucha historia,,, pero ni referencia a Anthony Quinn ni a los cañones de Navarone, David Niven o Gregory Peck. No hay derecho. Y así no voy, que encima están las cosas como están y no quiero dra(c)mas si no euros. En serio: hermosa crónica que invita a la visita. Parabéns, rapaces.

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