Formentera: luz, soledad y libertad en el Mediterráneo

higuera can toni mestre

Las higueras son algo más que un árbol en Formentera. Dan cobijo a grandes reuniones de personas bajo sus largas ramas sujetas a tierra con palos que hacen las veces de columnas de estos originales habitáculos y que aquí llaman estalons. Esta original forma permite proteger al árbol de los vientos del norte y es más fácil recoger los higos. Un producto que se exportaba hasta comienzos del siglo XX y que dieron alimento energético para que los agricultores pudieran aguantar los trabajos de sol a sol en esta tierra pobre… hasta que llegó el turismo. Los higos se recogen en verano, pero desde hace décadas el verano trae otra riqueza a esta isla.

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Aunque no tan fuerte como en el resto de las Baleares, el impacto de la llegada de turistas cambió radicalmente la fisonomía de esta pequeña isla con forma de botín estilizado. Los hippies fueron los primeros en llegar e instalarse en la década de 1960 y, fruto de esa herencia, aún se repiten a lo largo de la isla mercadillos artesanos de todo tipo. Los higos, almendras y algarrobas tradicionales de Formentera se abandonaron para “cultivar” apartamentos, tiendas, bares, restaurantes y hoteles. Las salinas dejaron de ser la única industria de la isla, que daba trabajo y dinero a los formenteranos u ofiusinos.

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Un gentilicio que deriva del nombre originario de la isla, Ofiusa, tierra de serpientes… Las serpientes ya no existen pero, en su lugar, abundan las lagartijas o sargantanas, el verdadero símbolo de la isla. Su tesoro, sin embargo, no está en la tierra sino en el fondo del mar con las praderas de posidonia, patrimonio de la Humanidad. Una riqueza de la zona de más de cien mil años de antigüedad que favorece el mantenimiento de los peces y organismos marinos, al tiempo que oxigena y mantiene limpia el agua.

par ses salines

La posidonia es uno de los elementos del Parc Natural de Ses Salines d’Eivissa i Formentera. Un parque natural que protege también las lagunas salineras de esta isla, los acantilados, la costa y las islas que se encuentran a caballo de las dos grandes Pitiuses, que es como se llama el archipiélago de Ibiza y Formentera. Si hay riqueza en el fondo del mar, también lo hay en la superficie con especies vegetales como las sabinas y aves de todo tipo. La isla siempre ha sido pobre, pero sus habitantes sacaron frutos del suelo poco fecundo.

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No faltaba el trigo, la base alimenticia de la población. De su importancia dan fe los hasta siete molinos de la isla que en el siglo XVIII sustituyeron a los medievales molinos de sangre, movidos con la fuerza de un animal. Higueras y trigo en el campo y pescado en el mar. Los pescadores de esta isla aún siguen buscando el sustento en las aguas tranquilas de las Pitiuses y los turistas pueden comprobarlo mientras se bañan en las calas, al encontrarse unos artesanales varaderos donde se resguardan las pequeñas barquitas de pesca.

FARO

A pesar de la pobreza de la isla, nunca faltaron enemigos que asaltaron durante años sus costas. De los turcos que aspiraban a dominar todo el Mediterráneo desde su esquina oriental a los piratas del Norte de África, pasando por ingleses o franceses, ansiosos de instalar una colonia en esta zona del sur de Europa. Por éso se hicieron precisas torres de vigilancia, de las que aún quedan en pie cinco en todo el contorno de la isla. Servían de aviso a la población en caso de ataques y mantenían un sistema de comunicación entre ellas a base de fuego y humo. Cuando desapareció el peligro de las invasiones, se construyeron  en las dos esquinas del sur de la isla sendos faros para aviso de navegantes. Unas instalaciones que ahora sirven de excepcional reclamo para admirar el paisaje o extasiarse ante una fotográfica puesta de sol.

ES CALO 1

Todos esos elementos han conformado una isla sin igual en el Mediterráneo, con playas casi vírgenes, tranquilidad y sosiego frente a las aglomeraciones de las otras islas de Baleares. Fourmentera se puede disfrutar a un ritmo más sosegado, saboreando los elementos que conforman los pequeños placeres de la vida: la brisa marina sobre el cuerpo, la energía del sol y la luz, el sonido de las olas, el descanso sobre la arena, el paseo entre sabinas e higueras, la soledad, la libertad….

JORGE JIMENEZ

Cómo llegar:

La principal vía de llegada a la isla se realiza en ferry desde Ibiza. También se puede llegar desde Denia, en Alicante, o desde Palma de Mallorca, sólo en verano. Se llega al puerto de La Savina, desde donde parten autobuses a diversos lugares de Formentera. Lo ideal es alquilar un coche, una moto o una bicicleta para recorrer la isla.

IGLESIA

Itinerario:

sabinas

En La Savina, poco hay que ver.Es el punto de llegada y salida de la isla, donde alquilar un coche, una motocicleta o una bici. Pero siempre hay cosas que hacer, como acercarse a una playa tranquila como la de Es Cavall d’en Borras, con vistas al puerto. Detrás, hay un bosque de sabinas, donde descansar o buscar una sombra.

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Cerca está Can Marroig, unos estanques salineros que se conectan con los dos grandes estanques de la isla, que veremos a continuación. Al norte, al final del antiguo tren salinero, se sitúa el Molí de la Sal, un molino de viento que molía la sal, que luego se amontonaba en una plaza y se guardaba en un almacén. Los barcos cargaban allí la sal, aunque luego lo hicieron ya desde el puerto de La Savina. También en esta zona está la torre de la Gavina, una de las cinco torres costeras defensivas construidas, igual que las nueve de Ibiza, para proteger a las Pitiuses de los ataques piratas  y de las escuadras enemigas desde el siglo XVI al XVIII. Por el día usaban el humo y por la noche el fuego para comunicarse entre las diferentes torres ubicadas a lo largo de la costa de la isla.

ESTANY

Yendo hacia el este nos encontramos con el Estany des Peix. Es una laguna con salida al mar, rodeada por senderos interesantes para conocer este estanque  que forma parte del Parc Natural de les Salines d’Eivissa i Formentera. El Parque engloba estanques, playas, litoral, dunas, acantilados y sobre todo el mar y su riqueza de las praderas de posidonia.

JORGE JIMENES PUESTA SOL

Después está el Estany Pudent, con una superficie superior a tres kilómetros cuadrados y que alberga la mayor concentración de zampullines en sus aguas. Su riqueza natural también se completa con el enorme valor de la vegetación que rodea los estanques. Es una laguna litoral, cuya agua es tres veces más salada que el mar. La industria salinera usó esta laguna hasta 1980 y desde aquí la sal se trasladaba a Can Marroig.

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El Parque Natural se alarga hacia el norte, hacia la otra isla Pitiusa, Ibiza. Aún se conservan salinas en funcionamiento, situadas junto al Estany Pudent. La sal marina de Formentera se comercializa como sal líquda, flor de sal o escamas de sal. Un producto delicatessen que hereda la actividad industrial que dio trabajo y riqueza a esta isla durante varios siglos…

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Hacia el norte enfilamos ya Ses Illetes. Es una de las playas más famosas de Baleares. Una serie de pequeñas playas de arena blanca, aguas transparentes y con un sistema dunar muy bien conservado. A pesar de esa imagen paradisíaca, hay mucho ambiente, con chiringuitos, restaurantes, deportes náuticos, etc..

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Si esta playa está orientada al Oeste, al otro lado de la barra de arena que enlaza Formentera con Ibiza, está la playa de Llevant. Como su nombre indica, se orienta hacia el Este. Aquí sí que podemos hablar de un lugar más tranquilo, lejos de cualquier núcleo urbano, con arena blanca y fina. No se puede llegar con vehículo, sea moto, bici o coche, y hay que entrar a pie. No olvidemos que estamos en medio de un parque natural.

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El parque continúa al norte con la isla de S’ Espalmador. Está a sólo ciento cincuenta metros de Formentera, de la que le separa el paso de Es Trucadors. Tiene tres kilómetros cuadrados y en su interior no hay ni restaurantes ni chiringuitos, sólo la antigua torre de S’Espalmador o Sa Guardiola, donde cabían hasta cinco cañones. La pequeña isla es un auténtico paraíso de playas vírgenes y muchos se atreven a ir a pie, cuando la marea es baja, pero las autoridades siempre recuerdan que el paso de Es Trucadors no es ninguna broma y existen fuertes corrientes que pueden llevarse al nadador más entrenado.

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Al volver hacia atrás seguimos la costa y nos topamos con los restos de Ca na Costa. Es la primera muestra de vida en la isla y se compone de una cámara sepulcral megalítica. También en esta zona está la playa de Sa Roqueta, un lugar muy concurrido por las familias, que está en una pequeña ensenada entre la playa de Llevant y la de EsPujols. La localidad de Es Pujols, más adelante, es un conjunto de apartamentos, hoteles, casas de alquiler, restaurantes, bares y tiendas. Como es el centro de una importante colonia turística, no puede faltar tampoco aquí el mercadillo entre artesano y hippie, habitual en toda la isla. En este caso, los tenderetes se plantan por las tardes en el “paseo”peatonal que conduce hasta la playa d’Es Pujols, donde se alterna la arena con la roca. Hacia el este se encuentra Punta Prima, donde hay otra de las importantes torres defensivas de las Pitiuses.  

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De ahí podemos ir a Sant Ferran, donde destaca la Fonda Pepe, un restaurante mítico por ser punto de encuentro del hippismo de los años sesenta del siglo XX. En el haber de esta peculiar fonda está la visita, nada menos, que de Bob Dylan. En el pueblo está también la iglesia parroquial del siglo XIX dedicada a Sant Ferran de Ses Roques, el nombre original de la localidad.Cerca está el Molí de Ses Roques, un molino del siglo XVIII,  que dejó de moler durante la Guerra Civil y fue abandonado hasta ser “absorbido” en 1960 como anexo de una nueva construcción.

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En dirección a Sant Francesc nos topamos con el Molí d’en Teuet, el molino más antiguo de la isla, documentado en 1773 y propiedad desde entonces de la misma familia. Dejó de moler en 1964. Así llegamos a la capital de la isla, que ofrece al visitante la iglesia más valiosa de Formentera, Sant Francesc Xavier, un templo del siglo XVIII construido como fortaleza para proteger las constantes incursiones piratas.  Queda en pie, ya restaurada, la antiquísima y románica Capella de Sa Tanca Vella, que remonta su origen al siglo XIII y un pequeño Museo Etnográfico donde se muestran objetos de la vida campesina tradicional de la isla.Más frívola es la atracción actual de los turistas, que encuentran en Sant Francesc un animado mercadillo artesano matinal.

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Hay más molinos en esta localidad, dos ejemplares que reciben el nombre conjunto de Molins de Sa Murada. El más cercano a la iglesia es el Molí d’en Mateu, del siglo XIX, y más al oeste se encuentra el Molí d’en Jeroni, también construido en la misma época que el anterior y que también dejó de funcionar a finales de la década de 1950. Los molinos solían tener tres pisos: el más alto para la maquinaria y la piedra de moler; el piso de enmedio recogía la harina y el de abajo se destinaba a almacén.

MANFRED SAONA

Nos vamos a Cala Saona. Es una larga playa de casi ciento cincuenta metros de largo, algo inusual en esta isla. Está rodeada de dunas, con aguas tranquilas kuy concurridas por familias. Ideal para practicar el snorkel.

CUEVA CAP BARBARIA

Volvemos a la carretera principal, donde están los restos del  Molí d’en Simón, y giramos a la derecha para ir hasta el cap de Barbaria. Este cabo es el extremo suroeste de la isla, cuenta con una nueva torre defensiva y también con un faro desde el que se ve una estupenda puesta de sol. Al lado hay una cueva prehistórica de dificil acceso y con salida al mar. Es famosa y conocida por aparecer en la película “Lucía y el sexo” de Julio Medem.

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Volvemos por la misma carretera hasta Sant Francesc y tomamos la carretera hacia el Pilar de La Mola. Nos desviamos a la derecha para ir a Migjorn. Esta sí que es una larga playa, porque abarca casi toda la parte sur de la isla, desde La Mola hasta el Cap de Barbaría. También aquí hay aguas cristalinas y sistemas dunares alrededor.Hay varias calas en toda la zona, como la playa de S’Arenal, respaldada por dunas y con chiringuitos y restaurantes.  Al final, en el extremo oeste encontramos la zona del Caló d’es Mort. Se encuentra al inicio de los acantilados de la peninsula de La Mola. 

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Volviendo a la carretera principal nos dirigimos a la Mola, lameseta situada en la única elevación de la isla. Por el camino encontraremos las famosas e imprescindibles higueras  de Formentera y los restos de Can Blai. Es el Castellum romano de Cans Pins o Can Blai, los restos del paso de los romanos por estas tierras. Cinco torres que bordean un emplazamiento cuadrangular. Data del siglo III después de Cristo.

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Podemos hacer una parada en Es Caló, que se halla dentro de una gran ensenada longitudinal, cerrada por las puntas Prima y de sa Creu. Esta y otras calas se agrupan en Ses Platgetes, calitas de arena blanca con túneles y cuevas marinas para descubrir disfrutando del buceo.

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Es Caló es el puerto natural de La Mola, la vía de comunicación hacia el exterior de sus vecinos que vivían en lo alto de la montaña. Y durante mucho tiempo, fue el segundo puerto de la isla. Junto a la arena podemos admirar los barcos de los pescadores. Los varaderos se llaman aquí escars  y en ellos se dejan los barcos una vez acabado el trabajo. Son pequeñas y rústicas construcciones de madera que encontramos en diversos lugares a lo largo de la costa de Formentera.

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En la meseta de la Mola está la localidad del Pilar de la Mola, donde comenzó a celebrarse en 1984 un mercadillo de artesanía, que ahora es una de las citas obligadas de la isla los miércoles y domingos desde mayo a octubre. La localidad cuenta también con dos importantes molinos: el Molí d’en Botigues, mucho más reciente que el Molí Vell de la Mola, que es de 1778, fecha que aún se conserva en su exterior. Es el único molino de Formentera que se puede visitar. Al final de una larga carretera de varios kilómetros, se yergue sobre el acantilado de esta montaña el Faro de La Mola, que, dicen, inspiró a Julio Verne su novela “Héctor Servadac”. En su honor hay una placa junto al faro, que cierra la vigilancia de la isla por el sur junto al de Barbaria.

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Se puede volver por la carretera pero los más aventureros seguro que quieren bajar por la senda romana. Aún quedan restos del empedrado antiguo, una parte del antiguo camino que comunicaba La Mola con el resto de la isla. En su tramo final se llama Camí de Sa Pujada y cuenta con unas vistas panorámicas sobre buena parte de la isla, junto a pinares que permiten disfrutar de la sombra.

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Fotos de Turismo de Formentera, Alex Martín, Beni Trutmann, 4 Nómadas, Jorge Jiménez, Manfred, Miquel Mas, Moonkoala

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