Ruta por la Toscana (1) : Florencia, la belleza avasalladora

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San Marco, un pequeño convento escondido entre las calles del centro de Florencia, cobija una de las mayores sorpresas de esta espléndida ciudad. Son los frescos de Fra Angelico, que en el siglo XV pintó los austeros dormitorios de sus compañeros monjes. Uno se imagina a un pesadísimo fraile atosigando a sus colegas para conseguir un espacio en blanco entre los encalados muros desnudos del convento…Para deleite de la Humanidad, ese cansino frailecillo dejó en las paredes maravillas como La Anunciación. No es la única de Florencia, que atesora un cúmulo de sensaciones que dieron lugar al síndrome de Stendhal, en recuerdo del agobio que sintió el escritor francés durante su estancia en la ciudad ante tanta belleza acumulada en sus calles, palacios, iglesias y puentes….

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El David de Miguel Angel es la representación histórica de la belleza florentina.. Está en todas partes, en el piazzale Michelangelo sobre la ciudad, delante del Palazzo Vecchio, en todas las tiendas de recuerdos… pero el original, el de verdad, el de mármol de más de cinco metros de altura, está junto al convento de San Marco, en la Galería de la Academia de Bellas Artes, escoltado por moles de piedras de las que literalmente surgen las obras esculpidas por el genio. Es el segundo museo más visitado de la ciudad y fue abierto al público a finales del siglo XVIII y cien años después se trasladó aquí esta perfecta escultura.

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El arte está en todas partes en esta ciudad única, pero donde mejor se admira es en los templos, en los palacios y en los Museos. Entre los templos, no hay que pensar un segundo para determinar que la catedral, el Duomo, es una de las joyas del arte italiano. Su construcción se prolongó durante casi todo el siglo XIV y hasta un siglo después no se colocó la famosa cúpula de Bruneleschi, un milagro de la arquitectura, no sólo renacentista, sino de toda la Historia. Y el campanile de Giotto es uno de los más hermosos del país. Como en otros templos de la Toscana y de esa época, el baptisterio está separado del resto del conjunto.

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Desde lo alto de la cúpula se admira la grandiosidad del templo, desde lo alto del campanile se ve una vista inigualable de la ciudad y desde el exterior del baptisterio se extasia uno ante la belleza de sus puertas… Así que esta catedral de Santa María dei Fiori tiene interés desde todos los puntos de vista…

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Entre los innumerables palacios de la ciudad, detsaca el Palazzo Pitti, que, además de los salones y los magníficos jardines de Bóboli, tiene una pinacoteca extraordinaria. Pitti era un banquero con poder en una ciudad que exportó al mundo el patrón monetario del florín de oro. Pero Luca Pitti se arruinó construyendo el palacio y tuvo que vendérselo a sus enemigos, los Médici, los dueños históricos de Florencia y que estuvieron al frente del ducado de Toscana hasta que dejó de ser un estado independiente, a finales del siglo XVIII.  La historia de este pequeño Estado está repleta de crímenes, traiciones, guerras y violencia…pero también de refinamiento, cultura y mucho arte…

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Para Museo no hay otro como la Galleria degli Uffizi…Éste es el principal legado de los Médici, la demostración de su poder, de su categoría, de su dinero, de su enorme colección de arte… Cosme I inuaguró la dinastía y Lorenzo el Magnífico, un gran mecenas de las artes, la llevó a su máximo esplendor, del que es ejemplo este Museo único. Dicen los expertos que en lugares como éste las personas con buena cultura histórica y artística no pueden recordar más allá de diez cuadros… por tanto, conviene no abusar y escoger las grandes obras maestras para extasiarse ante ellas. Hay mucho donde elegir, porque aquí está Botticelli, Miguel Ángel, Leonardo, Rafael o Tiziano..

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Siempre se habla de pinturas cuando nos referimos al Renacimiento, pero en esta época de cambio y renovación hubo mucha y muy buena escultura, como se comprueba al ver las calles de Florencia repletas del mejor arte en piedra y mármol. El Museo Nazionale del Bargello recoge lo mejor de la escultura renacentista en un edificio que data del siglo XIII y que fue residencia del alcalde e, incluso, prisión y lugar de ejecución pública.

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Florencia hay que pasearla y embeberse de toda su belleza en ese escenario casi teatral de la Piazza della Signoria, con estatuas, fuentes y palacios que nublan la vista ante tanta belleza. Si el Duomo y su plaza es el centro del poder religioso, la Signoria es el centro civil de la ciudad. Teniendo en cuenta la continua pelea entre papales, los güelfos, e imperiales, los gibelinos, que desangró esta ciudad como buena parte de Europa durante siglos, reivindicar el poder civil siempre es una buena noticia. Y máxime en un espacio ideado y usado hasta ahora mismo para el solaz de la mayoría de la población, aunque en alguna ocasión fue escenario de castigos públicos como la quema del monje puritano e inquisidor Girolamo Savonarola, que ensombreció durante unos años con su gobierno la libertad, la vitalidad, la cultura y el arte florentinos.

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El Ponte Vecchio sobre el Arno es la imagen por antonomasia de la ciudad. Es el puente de piedra más antiguo de Europa y hasta los nazis, en la barbarie de su retirada, respetaron esta obra cumbre de la Edad Media. Aquí estaban los puestos de los carniceros pero cuando el poder se instaló en el cercano Palazzo Pitti, se prohibieron por el mal olor que llegaba a los aposentos de los gobernantes. Desde entonces, son los joyeros y orfebres los que ocupan este lugar envidiable que hay que admirar desde todos los puntos de vista….

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Además del Duomo hay muchas iglesias en esta ciudad. Hay algunas con fachadas insulsas o incluso sin adornar que, sin embargo, esconden por dentro verdaderos tesoros. La del Carmine ofrece los frescos de Massaccio en la capilla Brancacci, ejemplo de perspectiva y realismo que luego seguiría todo el arte mundial.

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La iglesia de San Lorenzo fue la capilla familiar de los Medici, que encargaron a Brunelleschi su transformación en un gran templo, que nunca vio finalizada su fachada.  Dentro destacan las tumbas de la familia y una espectacular escalera, ambas obras cumbres del genio de Miguel Ángel. La plaza de San Lorenzo es un lugar siempre repleto de gente y compradores del mercadillo al aire libre instalado aquí, justo a dos pasos del mercado central de la ciudad.

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Y hay otros templos fastuosos como el franciscano de la Santa Croce, con una importantísima colección de hasta trescientas sepulturas egregias, de Miguel Ángel a Galileo, y capillas con frescos de Giotto o Donatello. Delante del templo, se abre uno de los espacios públicos más concurridos por florentinos y visitantes, que ha servido de escenario a todo tipo de acontecimientos, como la representación del renacentista fútbol histórico o calcio in costume, mezcla de rugby y fútbol, que llena de desfiles en trajes de época y noches de fuegos artificiales todos los meses de junio.

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Los dominicos, por su parte, erigieron otra iglesia monumental, la de Santa María Novella con un interior excepcional con frescos de Massaccio y un sencillo y bellísimo crucifijo de Brunelleschi, su única obra en madera. En uno de sus laterales, continúa en pie la farmacia más antigua de Europa que aún vende sus productos artesanales, ahora considerados casi un objeto de lujo.

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Florencia, no se puede negar, vive para sus turistas. Por éso, las tiendas de ropa, moda y recuerdos se suceden sin descanso en el centro de la ciudad. Calles como la de Calzaiuoli  o Tornabuoni con sus tiendas lujosas tienen su contrapartida en otros mercados menos glamourosos como el Mercato Nuovo, que alberga el entrañable Porcellino, el jabalí al que se le frota el morro y se le echa una moneda, una versión florentina de la fontana di Trevi romana. La caza es parte importante de la gastronomía florentina, llena de verduras, carnes, dulces… y pasta. Las trattorie, pizzerie, osterie o tavola calda son un reclamo al que no hay que resistirse. La excelencia de la gastronomía toscana hará las delicias de todos, acompañada por sus vinos siempre deliciosos.

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Al comienzo o al final de una visita a esta capital del arte hay que reservar un hueco para subir hasta el piazzale Michelangelo. Allí, sobre la ciudad, otea el horizonte una réplica del David. Está lleno de turistas. El viajero hará bien en seguir un trecho más adelante hasta llegar a unas escaleras que le suben a San Miniato al Monte, una joya románica donde se oye el silencio y se respira la belleza. En su interior, la paz es absoluta. En el exterior, se admira la que es, sin duda, la mejor vista de Florencia.

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Cómo llegar:  

Al aeropuerto de Firenze-Amerigo Vespucci llegan vuelos de Madrid, Barcelona o Ibiza. Cada media hora hay autobuses que acercan al viajero a la estación central de trenes de Florencia. En la Toscana hay otros aeropuertos como el de Pisa-Galileo Galilei que posee más conexiones con España; aquí llegan vuelos de Barcelona, Girona, Fuerteventura, Gran Canaria,Madrid, Santander, Sevilla, Tenerife o Valencia. Desde este aeropuerto hay autobuses que lo unen a las estaciones de ferrocarril de Pisa o Florencia, al centro de estas ciudades o a otras de la región.

Itinerario:  

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La piazza del Duomo es el mejor comienzo de un recorrido por Florencia. La catedral de Santa María dei Fiori hay que admirarla por fuera con su decoración de mármol blanco, verde y rojo. Los tres ábsides del lado este contienen cinco capillas con vidrieras de Ghiberti. Sobre los ábsides se asienta una cúpula similar a la central pero en miniatura. En su interior, vestidos con decoro sin mostrar piernas ni hombros, hay que admirar las pinturas de Paolo Uccello y extasiarse ante los más de cien metros de altura de la cúpula. La construyó durante catorce años Filippo Brunelleschi, que reposa en una cripta del sótano. La subida a la cúpula es de 463 escalones y en lo alto se admira la decoración de Giorgio Vasari y los frescos del Juicio Final. Desde arriba se admira también el pavimento de mármol del siglo XVI que forma la imagen de un laberinto.

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El campanile es uno de los campanarios más bellos de Italia. Giotto no pudo ver finalizada su obra, que acabó Andrea Pisano. La decoración exterior es similar a la del Duomo. La torre mide 84 metros de alto: en su parte inferior, hay una cincuentena de bajorrelieves y en la superior, hornacinas con estatuas de santos y profetas. Para disfrutar de las vistas de la ciudad desde su cima, hay que subir más de cuatrocientos escalones… 

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El tercer elemento imprescindible en la piazza del Duomo es el Battisterio. Siguiendo la estela del primer cristianismo, el medievo italiano separó las capillas donde se bautizaba por primera vez a los creyentes de la iglesia donde se realiza el culto. Estos edificios se dedicaban a San Juan, como el de Florencia, que es el edificio más antiguo de la ciudad. Está revestido con mármol blanco y verde y en su interior destaca un mosaico bizantino en la cúpula y la tumba del Antipapa Juan XXIII, obra de Donatello y Michelozzo.

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Pero lo más destacable del Battistero son sus puertas, en especial la del Paraíso, en la cara orientada a la Catedral. Lorenzo Ghiberti dedicó 26 años para confeccionar los diez paneles de bronce con relieves de escenas del Antiguo Testamento. Los originales de estas placas y de muchas de las estatuas que adornan los edificios de la plaza están en el Museo dell’Opera del Duomo, detrás de la Catedral.

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La calle Calzaiuoli  es una de las vías comerciales más importantes de la ciudad, que enlaza los dos centros vitales de Florencia. Comienza en la piazza del Duomo y en su esquina está la Loggia del Bigallo, un pequeño soportal donde se exponían los niños abandonados por parte de la cofradía de la Misericordia. La calle está atestada de comercios y tiendas de todo tipo, sin faltar las heladerías tan del gusto de los italianos.  En medio de la calle se puede uno desviar hacia la derecha, para acceder a la plaza de la República, donde se ubicaba antes el mercado de abastos.  Su arco de triunfo se erigió en honor al período de seis años en que Florencia fue la capital de Italia, de 1865 a 1871. Pasando por ese arco se llega al Palazzo Strozzi, un descomunal edificio que ocupa el espacio de quince casas, con un almohadillo típicamente renacentista y que ahora alberga instituciones culturales. El palacio hace esquina con la calle más lujosa del centro comercial, Via Tornabuoni.

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Volviendo a la plaza y tomando a la derecha la calle Calimala, seguimos por esa vía hasta encontrar a la izquierda una pequeña pero preciosa iglesia gótica,  Orsanmichelle, adornada en sus muros por relieves de los diferentes gremios y hornacinas con sus santos patronos . En un primer momento fue un mercado, cuyas arcadas fueron convertidas en ventanas. Volviendo sobre nuestros pasos seguiremos por Calimala para llegar al Mercato Nuovo, donde aparte de puestos para turistas está el Porcellino, la estatua de un jabalí, al que hay que tocar los colmillos para volver a la ciudad y lanzar luego una moneda a la fuente situada bajo sus pies…Desde el Mercato atravesamos la calle peatonal de enfrente que nos dejará en la Piazza della Signoria, el centro civil de la ciudad. Las terrazas llenan este espacio ideado en el siglo XIII para el disfrute de la gente, como aún sigue ocurriendo. Aquí tenemos mucho donde escoger para extasiarnos.

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En primer lugar destacan las estatuas, desde la réplica del David de Miguel Ángel a Hércules y Caco que enmarcan la entrada al Palazzo Vecchio. La fuente de Neptuno de Bartolomeo Ammannati es otro centro de atención de la plaza, como la estatua ecuestre de Cosme I, de Giambologna de finales del siglo XVI. Y para completar este Museo al aire libre nada mejor que la Loggia del Lanzi o della Signoria. En sus soportales se encuentran diversas esculturas como El rapto de las sabinas, de Giambologna, o Perseo con la cabeza de Medusa, de Cellini. 

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El Palazzo Vecchio con su imagen de castillo y su torre de casi cien metros es la silueta que embellece la plaza mayor de Florencia. Se construyó como Palazzo della Signoria a comienzos del siglo XIV para albergar a los funcionarios de la República hasta que el gobierno se pasó al Palazzo Pitti. Entonces pasó a denominarse Palazzo Vecchio y ahora es sede del gobierno municipal florentino.En su interior hay un patio de Vasari con una fuente en su centro, la estatua de la Victoria de Miguel Ángel o la Sala dei Gigli (de los lirios) con frescos de Ghirlandaio llenos del símbolo florentino, el lirio dorado. Pero, sobre todas, destaca la Sala del Cinquecento con 54 metros de longitud, 22 de anchura y 17 de altura. Aquí se organizan audiencias y eventos especiales, como era costumbre antaño en la época gloriosa de Florencia. Grandes frescos de Vasari explican la historia de la ciudad.

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A la salida bajamos ya por la Galleria degli Uffizi. Para entrar en este Museo, conviene reservar antes las entradas, personalmente o por Internet. La afluencia es tan numerosa, que conviene tener esta precaución. El edificio lo diseñó Giorgio Vasari en 1560 para sustituir al Palazzo Vecchio como residencia de la corte de Cosme I, que luego se usaría para albergar la rica colección de arte de los Medici. El mismo arquitecto diseñó el pasillo cubierto que lleva su nombre, el Corredor Vasariano, para que esa familia no se mezclara con el pueblo en su trayecto hasta el Palazzo Pitti. Al entrar a la Galleria hay que tener en cuenta que es una de las colecciones de arte más importantes del mundo y es imposible abarcarla toda. Por éso conviene ir a admirar las obras maestras preferidas: El nacimiento de Venus de Botticelli, La Anunciación o La Adoración de Leonardo, La Venus de Urbino de Tiziano o La Virgen del jilguero de Rafael, por citar sólo algunos nombres. Las salas están ordenadas cronológicamente y es fácil seguirlas. En la parte superior está el caffe de los Uffizi, con una terraza desde la que se tiene una visión inigualable de la Piazza della Signoria.     

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Al salir a la orilla del rio Arno, torcemos a la izquierda para encontrarnos con el Museo Galileo, o Museo de Historia de la Ciencia. Está ubicado en el Palazzo Castellani, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, porque se tiene constancia de su existencia ya en el siglo XI. Dentro, se muestran herramientas y utensilios científicos desde el Renacimiento al siglo XX. Hay objetos matemáticos, ópticos, astronómicos, quirúrgicos o de navegación, antigüedades propiedad de los Médici, el primer barómetro de mercurio o el telescopio de Galileo, ambos del siglo XVII.

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Volvemos a la orilla del Arno. El corredor vasariano va por encima, pero nosotros vamos por debajo junto al río para admirar el bello Ponte Vecchio. Es uno de los símbolos de la ciudad desde sus orígenes en 1345. Ahora es un lugar de paso obligado para los turistas y los florentinos para acceder a la otra orilla. La marabunta de gente es tan considerable que se hace casi imposible permanecer algunos minutos para disfrutar del puente. Sólo en algunos tramos, donde los enamorados han extendido esa moda de colocar candados para demostrar su amor.

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Atravesando el rio, entramos en Oltrarno, el barrio de más allá del rio donde encontramos el Palazzo Pitti. Antes de entrar en él, nos desviamos a la derecha por Via Mazzetta, Via Sant’Agostino y Via Santa Monaca hasta llegar, a los quinientos metros, a la Piazza del Carmine. Allí tenemos  la iglesia del mismo nombre, un templo sencillo que alberga en su interior la Capilla Brancacci. En ella sobresalen unos magníficos frescos pintados por Masaccio en pleno siglo XV que abren la pintura moderna con su realismo y perspectiva. Las escenas versan, entre otros motivos, sobre la vida de San Pedro..

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Volvemos de nuevo al Palazzo Pitti. Filippo Bruneleschi lo construyó en el siglo XV para el banquero Luca Pitti que se arruinó con las obras y hubo de vendérselo a los Medici, sus enemigos acérrimos. Ya en su poder, ampliaron el palacio y lo llenaron de más obras de arte, con cuadros de Rafael, Tintoretto, Tiziano o Rubens. También aquí hay que seleccionar las obras para no caer abrumados por el sindrome de Stendhal. Para aligerar un poco la avasalladora belleza del arte, nada mejor que pasearse por los jardines posteriores del palacio, los jardines de Bóboli. Son cuarenta y cinco mil metros cuadrados y es la zona verde más grande de la ciudad. Fueron abiertos al público en el siglo XVIII y contienen grutas, pérgolas, un pequeño lago y cientos de estatuas. Incluso hay un antiguo anfiteatro con un obelisco egipcio que fue llevado allí desde la Villa Medici de Roma.

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Saliendo del Palazzo Pitti seguimos hacia el sur por la Via Romana hasta llegar a una de las antiguas puertas de la ciudad, la Porta Romana. Allí podemos tomar el Viale Machiavelli para ascender a pie o en el autobús 12 hasta la basilica de San Miniato al Monte y el piazzale Michelangelo. La subida no es considerable pero si no hay mucho tiempo, mejor es tomar el autobús para pasear luego por la zona que tiene la mejor vista de la ciudad. 

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Hay que parar ante la escalinata que nos lleva a la abadía de San Miniato al Monte. Desde aquí, hay que repetirlo varias veces, se admira una de las vistas más hermosas de la ciudad, en especial si estamos en el atardecer. No en vano, la hermosa película Una habitación con vistas de James Ivory comenzaba en este mismo lugar. Pero además de las vistas, hay que ver y disfrutar la bellísima iglesia románica, una de las mejor conservadas de la Toscana. Data del siglo XI, cuando se levantó sobre el sepulcro del santo mártir Miniato. La fachada se compone de mármoles verdes y blancos  y en el interior hay mosaicos bizantinos y una cripta con columnas romanas. Luego nos acercamos andando por la misma carretera por la que hemos venido hasta el piazzale Michelangello, otro lugar típico donde sacar las fotos de Florencia, pero mucho más concurrido, con aglomeraciones de turistas, coches y puestos de vendedores. Desde aquí se baja por jardines y calles hasta la orilla del Arno. Allí torcemos a la izquierda para cruzar el rio por el Ponte Alle Grazie que nos llevará recto a la plaza donde se encuentra la inmensa iglesia de la Santa Croce.

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Es la iglesia franciscana más grande del mundo, comenzada a finales del siglo XIII en el mismo lugar donde se hallaba una capilla en honor de San Francisco de Asís. Dentro del inmenso templo hay frescos de Giotto, Brunelleschi o Donatello y lo que queda del Crucifijo de Cimabue, del siglo XIII, afectado por las riadas de 1966. Pero lo que marca a este templo es el Panteón de italianos ilustres, que acumula hasta trescientas tumbas entre los siglos XIV y XV. Aquí yacen Miguel Ángel, Galileo, Ghiberti y Maquiavelo, el que fuera jefe de la diplomacia florentina en la República de 1500.

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Saliendo de nuevo a la plaza y tomando Via Torta y Via delle Burella hasta el final, para torcer a la derecha, donde se encuentra ya el Museo Nazionale del Bargello. Un edificio similar a un castillo y su construcción se prolongó durante un siglo a partir de 1255.  Fue cárcel y en su patio medieval se realizaron ejecuciones públicas hasta el siglo XVIII. En 1865 se abrió el Museo con el David de Donatello o el Baco ebrio de Miguel Ángel. Ahora se puede ver la mayor colección de esculturas del siglo XIV al XVI, además de armas o armaduras medievales.

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Cerca del Museo,  por Via del Proconsolo torciendo por Via Dante se llega a la Casa Museo di Dante. No se sabe a ciencia cierta si es aquí donde nació el padre de las letras italianas, pero podría ser porque su familia vivía en esta zona. En cualquier caso, la casa medieval con su torre y su pozo merecen la pena, aunque el conjunto fue notablemente restaurado a comienzos del siglo XX para darle esa imagen medieval. Dentro, hay una exposición muy didáctica sobre la obra de Dante Aligheri y su obra cumbre, la Divina Comedia. Casi al lado, está la Badia Fiorentina, una abadía que data del siglo X y cuya torre domina el barrio. Destaca el claustro de dos niveles, obra de Rossellino en el siglo XVI y repleto de frescos sobre la vida de San Benito.

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Bordeando el Duomo, por detrás, encontramos la Via dei Servi que nos lleva hasta la Piazza della Santissima Annunziata. Allí está la iglesia del mismo nombre con unos frescos de Andrea del Sarto en su atrio. En el lado derecho está el Spedale degli Innocenti, un orfanato que fue el primer trabajo realizado por Brunelleschi. Y a su lado, el Museo Arqueológico instalado en un palacio del siglo XVII. Dentro, se pueden admirar piezas griegas, romanas, egipcias y, sobre todo, etruscas.

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A la izquierda de la Piazza della Santissima Annunziata se abre la Via Cesare Battisti. En la esquina con la Piazza di San Marco se encuentra la Galleria dell’Accademia, donde admiramos la obra maestra de Miguel Angel, el David. El artista empleó cuatro años en culminar esta magna escultura, que esculpió en los talleres del Duomo. De ahí se trasladó a las puertas del Palazzo Vecchio. Para protegerla de las inclemencias meteorológicas se trasladó en 1873 a esta galería de la Academia de Bellas Artes de Florencia, que abrió sus puertas en 1784. Junto al David se encuentran Los esclavos , cuatro figuras que intentan escapar literalmente de la piedra.

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A su lado, en la plaza del mismo nombre, se levanta el convento dominico de San Marco, donde veremos las joyas de Fra Angelico a lo largo de las paredes.  El convento se fundó en el siglo XIII y se amplió cien años después para cobijar a los dominicos. También aquí se conserva la celda de Savonarola, el iluminado y dogmático fraile que fue prior del convento y  que murió en la hoguera cuatro años después de tomar el poder tras la marcha de los Médici, la invasión de las tropas francesas de Carlos VIII y la proclamación de la República. No le sirvieron sus dotes de orador para seguir convenciendo al pueblo, harto de sus excesos inquisitoriales.

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Torciendo a la izquierda por Via Cavour se llega a Via de Gori . En la esquina está el Palazzo Medici Riccardi, casa familiar de los dueños de Florencia. Hoy alberga dependencias oficiales y sólo se pueden ver dos salas. A su derecha, está la plaza de San Lorenzo. Allí está la iglesia de San Lorenzo, que tras su fachada incompleta esconde un interior fastuoso, donde destacan las Capilla de los Príncipes, el mausoleo en mármol de la familia que comenzó a construirse en el siglo XVII. Donatello creó los púlpitos de bronce cuando tenía 74 años, mientras que Miguel ángel esculpió las Tumbas Mediceas con figuras funerarias que simbolizan la Noche, el Día, el Alba y el Ocaso.

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Pero Miguel Ángel realizó más cosas en esta iglesia. Diseñó los muebles y el techo de la biblioteca. Y es precisamente su acceso el que ha pasado a la historia como una de las obras más innovadoras de la carrera del genial artista. Son las escaleras manieristas de pietra serena. En esa biblioteca Mediceo-Laurenziana se guardaba la importante colección de manuscritos de los Medici. El fundador de la dinastía, Cosme el Viejo, reposa en una sencilla tumba cubierta por una losa de piedra ante el altar mayor del templo.

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Detrás de la iglesia, por Via del Melarancio se llega a la Piazza dell’Unità italiana. En este inmenso espacio sobresale la estación de Santa Maria Novella y justo enfrente está la iglesia del mismo nombre. Es una iglesia que se fue ampliando y modificando, por lo que podemos ver una mezcla de estilos desde el románico al gótico y renacentista, como la fachada. Leon Battista Alberti finalizó el exterior del templo en 1480. Dentro de la iglesia, hay frescos con imágenes de la vida cotidiana medieval o los de Domenico Ghirlandaio en la Capilla Tornabuoni. Destaca el cuadro de La Trinitá de Masaccio y en otra capilla, la Gondi,  se cobija el crucifijo de madera de Brunelleschi. También dentro hay que visitar el Claustro Verde, llamado así por el color de fondo de los frescos de Paolo Uccello. Fuera de la iglesia, en una de las calles laterales al templo,Via della Scala, está la entrada a la farmacia más antigua de Europa, que data de 1221. Es la Officina Profumo Farmaceutica di Santa Maria Novellacreada por los monjes dominicos para fabricar sus propios medicamentos a partir del cultivo de hierbas y plantas. En el siglo XVII se abrió al público y el Gran Duque de Toscana la nombró Botica de la Casa Real. 

 

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Y si hay tiempo en la estancia en Florencia, conviene tomar un autobús para dirigirse a Fiesole. Esta localidad se sitúa a ocho kilómetros de la capital toscana en la cima de una colina, desde la que se admira la ciudad florentina. Fiesole fue importante centro etrusco y ciudad romana, de la que dependia Florencia, que luego sería la que conquistaría a Fiesole. Conserva sus muros estruscos, un teatro romano, el Duomo di San Romolo con un interior románico con capiteles romanos, la Badia Fiesolana que conserva su fachada románica y el palacio comunal del siglo XIV. Y abundan, sobre todo, villas y palacetes donde se han asentado personalidades durante varios siglos para disfrutar de este paraje de tranquilidad a un paso de la belleza florentina.

Fotos de Abilio Jorge, José Antonio Mourenza, Ángela Jorge, Daniel Prado,Menycia, Martha Bakerjian

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