Ruta por la Toscana (3) : Lucca, las termas de Montecatini, el mármol de Carrara, Puccini y Pinocho

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El Arno dibuja un gran valle desde Florencia al Mar de Liguria. En esta inmensa llanura, plagada de ríos que bajan de los Alpes Apuanos, la riqueza agrícola ha sido una constante en la historia. Ahora, sin embargo, las verduras y frutales se han trocado en invernaderos que cultivan sin parar las flores que inundarán el país. Ése es el paisaje continuo que el viajero contempla  a la vera de la vía férrea que une las localidades de esta ruta. Aunque también ésta es la zona del textil.

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Prato, a quince kilómetros de Florencia, es un gigante en este sector desde el siglo XIII, que produce una de cada cuatro prendas de lana que se venden en el país. Aunque ahora, signo de los tiempos, la industria local está en franca desventaja con las empresas chinas que llevan décadas instaladas en la ciudad y desde aquí exportan a todo el mundo, con el consiguiente golpe a la tradicional moda di Prato. Pero a pesar de ser una ciudad industrial importante, Prato atesora aún restos de su antiguo esplendor. El extraño  y bellísimo púlpito exterior de su catedral es un ejemplo del rico patrimonio de la localidad.

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Algo que también pueden decir con orgullo Pistoia, de donde proviene la pistola. Y es que en esta ciudad,  las facciones de los Neri y  los Bianchi (negros y blancos) estaban siempre en disputa y se producían muchos asesinatos. En las peleas  se usaba una pequeña daga que dieron en llamar pistole, derivación del nombre de esta localidad. La afición por el metal ha continuado durante siglos, convirtiendo a Pistoia en un importante centro de la industria de este sector. La ciudad aún conserva algunos restos de las murallas que se remontan al siglo VIII y organiza cada 25 de Julio la Giostra dell’Orso, una carrera medieval similar al Palio de Siena con representantes de los barrios armados con su lanza y en honor al oso, emblema de la ciudad que vivió su máximo esplendor en el siglo XIII.

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Pero la que puede enorgullecerse de las murallas mejor conservadas de Europa es la joya de esta zona, Lucca.  Es la ciudad-estado con constitución republicana que fue más años independiente en la península italiana. En 1160 ya tenía fueros y dejó de ser una entidad autónoma en 1805 cuando Napoléon la invadió.  La Edad Media fue su época de esplendor y la urbe medieval salta a la vista nada más llegar a sus cuidadas murallas, rodeadas de amplias zonas verdes. Lucca remonta sus orígenes a los celtas ligures, los etruscos y, sobre todo,  a los romanos, que fundaron el asentamiento en el siglo I a.c. Fue una urbe importante y, prueba de ello, es la plaza del anfiteatro que aún sigue en pie, aunque con casas medievales y una estructura urbana que data del siglo XIX. Pero su forma delata a las claras que aquí estaba una parte importante de la Lucca romana. La ciudad es llana, lo que permite recorrerla en bicicleta, como hacen muchos de sus vecinos, o pasearla, como hacen los peregrinos de la Via Francigena , la ruta que une la abadía de Canterbury en Inglaterra con Roma y que tiene en Lucca una etapa importante de esta ruta de peregrinación. Y ahora es también la capital del comic italiano, con su Festival Internacional del fumetto y un Museo dedicado al comic y a la imagen.

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Lucca está a la orilla del rio Serchio, que encajona un hermoso valle por el que se puede acceder a las estribaciones de los Alpes Apuanos con las montañas de la Garfagnana. Parques naturales, montañas, senderos y vegetación alpina son los alicientes de los recorridos por esta zona, que además ofrecen espacio para la relajación con las aguas termales que brotan del subsuelo. Aquí están los baños de Bagni di Lucca, que en el siglo XIX fue un importante centro balneario. La Toscana es una región con grandes centros balnearios desde tiempos de los romanos y muy concurridos durante el siglo XX, entre otras cosas porque desde 1930 al año 2000 la Seguridad Social italiana cubría la estancia cuando había necesidades terapéuticas dictaminadas por un médico.

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Montecatini es una de las ciudades balnearias más antiguas y glamourosas de Italia por la que han pasado todos los famosos y poderosos de los últimos dos siglos.  Desde Puccini a Woody Allen, pasando por Pirandello o Verdi, han disfrutado de los beneficios de las aguas termales y de los bailes y encuentros de la gente bien… Christian Dior no sólo pasó por aquí sino que murió en los baños. Las termas de Montecattini comenzaron su andadura en los primeros años del siglo XX y ya en el año 1926 pasaron por sus instalaciones setenta y cinco mil personas.

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Bajando de los montes se accede a una larga lengua de arena, en la costa del Mar de Liguria, que se llama La Versilia. Su capital es Viareggio, que nació en el siglo XVI como la ventana al mar de la República de Lucca. Desde el siglo pasado es un importante centro veraniego, además de organizar desde finales del siglo XIX uno de los más conocidos y coloridos carnavales italianos, en el que destacan los carros engalanados con figuras de papel maché.

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La Versilia acaba al norte en la playa de Massa Carrara, la capital de la provincia de  Carrara. Sí, de aquí proviene todo el mármol que embellece las obras de arte del Renacimiento en las principales ciudades toscanas. De aquí salieron los inmensos bloques de mármol para el David de Miguel Ángel, el Campanile de Giotto o la torre de Pisa… Desde el siglo II a.c. se explotan las canteras, 300 en la actualidad, que producen casi un millón de toneladas anuales de piedra. Durante siglos han ido formando también  a aguerridos trabajadores que en el siglo XIX y XX protagonizaron duras huelgas. Los anarquistas dominaron durante décadas el movimiento sindical de Carrara y, en los tiempos del fascismo y la Segunda Guerra Mundial, siguieron su lucha contra nazis y fascistas.

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En esta zona nacieron innumerables artistas y escritores. En Prato nacieron el escritor Curzio Malaparte o la actriz Francesca Bertini; en Pistoia, el escultor Marino Marini y en Lucca lo hicieron los músicos Luigi Boccherini o Giacomo Puccini, que aún mantiene su casa en la ciudad y su mansión en Torre del Lago Puccini.  En realidad, el lago se llama de otra manera, Massaciuccoli, pero se cambió el nombre en recuerdo de las largas estancias del músico en sus orillas.

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El escritor Carlo Lorenzini  ha pasado a la historia como Carlo Collodi, el autor de Pinocho. Su apellido lo tomó del pueblo de su familia materna, a unos kilómetros de Lucca. Una localidad que vive de la fama del inmortal muñeco de madera, en cuyo honor hay un parque de ocio, repleto de imágenes de todos los tamaños de Pinocho y sus aventuras. Pero, además, esta bella localidad ofrece al viajero unos esplendoros jardines en la villa Garzoni. Y, como siempre en la Toscana, Collodi ofrece un  interesante núcleo histórico, con iglesias y edificios medievales. La historia y el arte están en todos los rincones de esta región italiana.

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Cómo llegar:  

El aeropuerto de Pisa-Galileo Galilei posee conexiones con Barcelona, Girona, Fuerteventura, Gran Canaria,Madrid, Santander, Sevilla, Tenerife o Valencia. Desde este aeropuerto hay autobuses que lo unen a las estaciones de ferrocarril de Pisa o Florencia, al centro de estas ciudades o a otras de la región. Al aeropuerto de Firenze-Amerigo Vespucci llegan vuelos de Madrid, Barcelona o Ibiza. Cada media hora hay autobuses que acercan al viajero a la estación central de trenes de Florencia. Desde Florencia hay autobuses y trenes hacia Lucca que pasan por las localidades de esta ruta. Aunque, siempre, es deseable alquilar un vehiculo para recorrer la zona. Las carreteras son  buenas, a pesar de los conductores…. pero, insisto, como dice el refrán español “donde fueres, haz lo que vieres”.

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Itinerario:

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Prato tiene un buen casco histórico, con la catedral románico-gótica de Santo Stefano en la Piazza del Duomo. Su fachada policromada del siglo XIV contiene un púlpito en honor del Santo Cíngulo, o sea los cordones del vestido de la Virgen, con un friso de querubines de Donatello. El Cíngulo se exhibe en una capilla interior en fechas señaladas y desde el medievo es objeto de veneración. Dicen que un comerciante de Prato se casó con una palestina que tenía el cordón heredado del apóstol Santo Tomás, a quien se lo dio María antes de subir a los cielos… Dentro del Duomo destacan los frescos de la vida de San Juan Bautista de Fra Filippo Lippi  o una Virgen del siglo XIV de Giovanni Pisano. En el Museo dell’Opera del Duomo se encuentran los originales de Donatello.

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Alrededor del Duomo se suceden callejuelas con palacios y monumentos como la fuente de Baco y en la Piazza del Comune está el Palazzo Pretorio, actual ayuntamiento de la ciudad, erigido en el siglo XIII con la unión de varios palacios medievales. En su interior se encuentra una pinacoteca  con importantes obras medievales, aunque el arte expuesto llega hasta el siglo XIX. Hay más iglesias en Prato, como la de San Francesco del siglo XIII o la renacentista Santa Maria delle Carceri , erigida junto a las antiguas cárceles por orden de los Medici a raíz de la aparición a un niño de una imagen de la Virgen en los muros de la prisión.

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Para muros, los de los bastiones que aún quedan en pie de las murallas medievales de la ciudad. De esa época también queda en pie el Castello dell’Imperatore, castillo erigido sobre antiguas fotificaciones romanas por Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que conquistó la Toscana en el siglo XIII. En las afueras, hay dos Museos importantes: el Museo del Tessuto , que narra la historia textil de la ciudad con bordados, encajes,  telas, terciopelos, damascos… y el Centro per l’Arte Contemporanea Luigi Pecci, de 1988.

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Cerca está Pistoia, cuya joya es el Duomo di San Zeno, con su campanario del siglo XII de marcado caracter defensivo. En su interior, hay ricos monumentos funerarios como el de Cino di Pistoia, amigo de Dante, con relieves del siglo XIV. Destaca la Capilla de San Jacopo, con un retablo de plata con seiscientas estatuas de los siglos XIII a XV. Aquí comenzó Brunelleschi su carrera como orfebre antes de pasarse a la arquitectura. Alrededor de la Piazza del Duomo se suceden el Palazzo dei Vescovi con un museo con excavaciones romanas; el Palazzo del Comune,  con un Museo con pinturas medievales o esculturas contemporáneas; la Cappella del Tau (la letra T griega que llevaban los monjes), con frescos de la vida de San Antonio Abad, fundador de la orden y el Palazzo del Tau, en cuyo interior se alberga el Centro Marino Marini, con obras del que fue el escultor italiano más famoso del siglo XX.

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En la Piazza del Duomo está también el Baptisterio octogonal del siglo XIV, pero en la ciudad hay otras iglesias de importancia como las románicas de San Bartolomeo in Pantano, del siglo VIII; San Giovanni Fuorcivitas, con una pila de agua bendita de Giovanni Pisano o  Sant’Andrea, con un relieve con el cortejo de los Reyes Magos y un púlpito también de Pisano, considerado la obra maestra del artista, superior incluso al de la catedral de Pisa. Del siglo XIII es también el Ospedale del Ceppo, antiguo hospital y orfanato con una fachada con paneles de terracota policromada. El nombre proviene del ceppo o tronco vaciado con el que se recogían donativos en la Edad Media.

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La siguiente parada de la ruta es Montecatini Terme, uno de los destinos más famosos del termalismo italiano. Desde Lucca y Florencia se llega en tren a este enclave, que agrupa cientos de hoteles y alojamientos, alrededor de los elegantes balnearios con jardines ornamentales. Destacan las Terme Leopoldine, llamadas así en honor al duque Leopoldo promotor de Montecatini ya en el siglo XVIII; las Terme Tettuccio, de 1925, de estilo neoclásico con piscinas circulares de mármol y azulejos art nouveau; los jardines de las Terme Tamerici y la réplica de una torre medieval en las Terme Torretta.  Desde Montecatini se accede en funicular a Montecatini Alto, un pueblo desde donde se contempla toda la zona, que se llamó en su época la pequeña Suiza.  A cinco kilómetros se encuentra la cueva de Giusti, con sus aguas termales integradas en la naturaleza en un complejo lujoso no apto para todos los bolsillos. Verdi las disfrutó y calificó a la cueva como la octava maravilla del mundo.

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Y así llegamos a Lucca, que se presenta al viajero con sus cuatro kilómetros de murallas renacentistas de los siglos XVI y XVII en un estado de conservación perfecto. Pasear alrededor de su perímetro permite disfrutar de sus cuidadísimos jardines, incluido uno botánico. Hasta el siglo XIX estuvieron en uso las murallas en su papel defensivo y a partir de entonces, se reconvirtieron para uso civil. Dentro de los muros de la ciudad, se encuentra una urbe tranquila, sostenible y muy apacible que invita al paseo a pie o en bicicleta. Lo primero que hay que ver es la Piazza del Mercato, la plaza donde se ubicaba el anfiteatro como indica su forma elíptica. Sus puertas de acceso son los cuatro puntos cardinales por donde salían al coso los gladiadores. Cada 27 de abril, en la fiesta de la patrona Santa Zita, la plaza se convierte en un colorido mercado de flores…

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Otra reminiscencia romana se encuentra en la iglesia de San Michelle in Foro, cuyo nombre recuerda que aquí estaba el Foro romano. Su exhuberante fachada románica, de los siglos XI al XIV, contiene imágenes de bestias y caballeros. Sobresalen también las arquerías en el campanario, reflejo pálido de los cuatro pisos de arquerías en la fachada de la iglesia. En el interior del templo hay pinturas de Filippino Lippi.

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La plaza de San Michelle está llena de palacios renacentistas de los siglos XV y XVI. En el pórtico del Palazzo Pretorio se encuentra la estatua de Matteo Civitali, el mayor arquitecto y artista de Lucca del siglo XV. Aquí cerca, en Via Calderia, se encuentra la Casa Museo de Puccini, donde nació en 1858. Es un edificio del siglo XV que conserva en su interior gran cantidad de retratos y vestuario de sus óperas. Junto a San Michelle también se encuentra la principal calle peatonal de la ciudad, la Via Fillungo, que ofrece interesantes tiendas en estilo art nouveau.

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En Via Fillungo está la llamada torre del reloj, de finales del siglo XIV. Más de doscientos escalones separan el suelo de su tejado. Pero para torre, nada mejor que el emblema de la ciudad, la Torre de los Guinigi, con unas encinas que se encaraman en lo alto del edficio, a 41 metros del suelo. Es una construcción del siglo XIV con ventanas del gótico tardío, erigida por la familia Guinigi, la más poderosa de Lucca, que gobernó la ciudad desde el siglo XV y se enfrentó continuamente a los florentinos.

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 Lucca es la ciudad de las cien iglesias y, entre ellas, destaca el Duomo di San Martino. Luce un esbelto campanario, construido antes que la catedral, en el siglo XI, como una torre defensiva. Los dos últimos pisos del campanile  se construyeron ya en el siglo XIII cuando estaba unido a la catedral. El templo es un claro ejemplo de románico pisano y fue fundado por San Frediano. Era un soldado romano que cortó su capa para compartirla con un mendigo. Su vida decora la fachada, junto a relieves de las funciones agrícolas durante los meses del año que se alternan entre los mármoles verdes, rosas y blancos.  En el pórtico, Nicola Pisano esculpió  el cortejo de los Reyes Magos y el descendimiento de la cruz. La fachada  tiene tres niveles de arquerías y es asimétrica para acoplarse al campanario anexo. En el interior, hay unos frescos de Tintoretto y el sepulcro en mármol de Ilaria del Carretto. Es obra de Jacopo della Quercia y lo mandó construir Paolo Guinigi en honor de su prometida fallecida. También destaca el Volto Santo, un Cristo de madera del siglo XIII muy venerado por los peregrinos.

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San Frediano tiene su propio templo. Lo que más llama la atención es su inmensa fachada con un mosaico del siglo XIII dedicado a la Ascensión. En su interior, una pila bautismal románica con relieves de la vida de Cristo y la historia de Moisés, unos frescos del siglo XVI y un retablo de mármol de Jacopo della Quercia. Otra iglesia destacada de la ciudad es la de San Cristoforo del siglo XIII.

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Entre la arquitectura civil, destaca el Palazzo Ducale, donde estaba el antiguo gobernador de la ciudad independiente. Está en la Piazza Napoleone, en honor a Eloisa Baciocchi, hermana del emperador corso, que gobernó la ciudad de 1805 a 1815. Su sucesora, María Luisa de Borbón, tiene precisamente una estatua en la plaza. Al lado está la Piazza Giglio, que es prácticamente una continuación de la Napoleone, donde se ubica el teatro del Giglio que representó, naturalmente, las óperas de Puccini.  El Palazzo Mansi, del siglo XVI, alberga una sección de la Pinacoteca Nazionale. Se trata de pinturas desde el Renacimiento, siglo XVI, al Neoclasicismo, siglo XVIII, además de mobiliario de esta última época.

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El Palazzo Pfanner, del siglo XVII, es otro de los edificios emblemáticos de la ciudad. Pero su joya no está en el edificio sino en los jardines posteriores, uno de los más bellos de la Toscana, con estatuas de diosas de la mitología romana, flanqueadas por limoneros. Dentro también hay cosas que ver, como una colección de ropa cortesana de los siglos XVIII y XIX. La mayoría estaba confeccionada en seda, cuyo comercio enriqueció a las familias pudientes de Lucca. La Villa Bottini, del siglo XVI, tiene jardines abiertos al público, donde se organizan conciertos al aire libre. Igual que ésta hay otras Villas que merecen una visita y que se encuentran en los alrededores de la ciudad.

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Al norte de Lucca se abre el valle del rio Serchio y a unos kilómetros se accede por la derecha a Pieve di Brancoli, donde se encuentra una joya románica, la iglesia de San Giorgio cuya construcción se remonta al siglo XI.  Más al norte, pasando Borgo a Mozzano, atraviesa el río el Ponte della Maddalena o del Diavolo. Dice la leyenda que el diablo construyó el puente a cambio del alma del primero que lo cruzara. Los astutos campesinos de la zona aceptaron y, cuando el puente estuvo concluido, hicieron pasar por el puente a un perro.

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A lo largo del valle se abren muchos manantiales, cuya primera mención se remonta al siglo XIII.  Uno de esos baños famosos es Bagni di Lucca, que en el siglo XIX formaba parte del tour de los grandes viajeros por los centros de moda del continente europeo con personajes de la talla de Liszt, Verdi, Byron, Puccini o el rey Vittorio Emmanuelle que venían a disfrutar de sus aguas sulfurosas. Alrededor de Bagni di Lucca hay rutas y senderos para admirar los bosques de castaños que llenan las colinas circundantes.  Todas estas montañas son estribaciones de los Alpes Apuanos, la frontera con el cercano mar. Desde Bagni di Lucca se puede viajar hasta Castelnuovo di Garfagnana, una base para recorrer este valle con carreteras panorámicas, jardines botánicos, museos o pueblos medievales como Barga con un Duomo del siglo XI.  Desde aquí también se puede subir a las cimas de estos Alpes, el monte Pisanino de 1945 metros, que se asoma al lago de Vagli, y que se integra en el Parco Naturale delle Alpi Apuane, creado en 1985. Aquí se pueden ver ciervos, osos, lobos o linces…

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Al regreso, damos una vuelta por Collodi. Es un pueblo de calles empinadas sobre una colina, que hay que recorrer a pie para disfrutarlo y admirar la iglesia de San Bartolomeo, con un órgano del siglo XVIII. En la base del pueblo, se erige la extraordinaria Villa Garzoni, que apabulla con sus jardines barrocos del siglo XVII, también en escalera. Y naturalmente, hay que visitar el Parco Pinocchio que comenzó a levantarse en 1956. Mosaicos, estatutas, jardines, senderos… todo relacionado con el muñeco que salió de la imaginación de Carlo Collodi y para mayor diversión de grandes y pequeños. Y cerca de Collodi, está Pescia, con el mercado de flores más importante de Italia.

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En dirección al mar, nos topamos con Torre del Lago Puccini, que vive del recuerdo del músico, en cuyo honor se organizan conciertos y se representan óperas  durante el verano en un teatro al aire libre en una de sus orillas . Puccini se asentó aquí por su afición a la caza de aves acuáticas y es que el lago es una reserva natural de las aves en su migración anual. Su casa es hoy un Museo con recuerdos de su vida y obra, como su piano. En la Villa Puccini están enterrados tanto él como su esposa. 

Ya en la costa, Viareggio es una ciudad que vive, claro está, del turismo pero aún siguen siendo importantes su pesca, la construcción naval y la floricultura como en buena parte de esta zona. La Torre Matilda, del siglo XVI, es el edificio más antiguo de la villa y recuerda sus fortificaciones defensivas ante los ataques bárbaros a esta salida al mar de Lucca.  Viareggio es la capital de la Versilia toscana y junto a la Torre del Lago Puccini se ha ido convirtiendo en un destino del turismo gay del continente.

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La Versilia se prolonga desde la Marina di Torre del Lago Puccini a la Marina di Carrara. Son treinta kilómetros de playas de arena fina y complejos turísticos en lo que se llama la Riviera Toscana.  Se suceden hoteles y elegantes villas edificados en estilo art nouveau, porque las antiguas casas de madera se quemaron en 1917.  Los yates de lujo se combinan con las barcas de pesca que aún subsisten no sólo en Viareggio sino en otras localidades de la costa que finaliza ya en la provincia de Massa-Carrara, en el extremo noroeste de la Toscana.

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Massa, la capital de la provincia de Massa-Carrara, ofrece al visitante la fortaleza de 1400 en lo alto de la colina, dominando el núcleo medieval en el que destaca el Palacio Ducal de los Malaspina, los señores del Ducado de Massa y Carrara , que existió desde el siglo XV al XIX. La capilla de esta familia está en el interior de la Catedral de San Francesco, una joya de mármol del siglo XIV. Pero para joya, la catedral de Carrara, el Duomo di Sant’Andrea, una bellísima iglesia románica de estilo pisano con un rosetón de filigrana y la demostración del triunfo del mármol medieval. Algo normal en la capital mundial del mármol y para conocer todo sobre el producto local nada mejor que visitar el Museo Civico del Marmo, donde se explica la historia de la extracción de la piedra y se organizan rutas guiadas por las canteras.

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Fotografías de Abilio Jorge, José A. Mourenza, Turismo Toscana,Old Fogey,La Gazzetta di Viareggio,Antonio Tomasi

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