Ruta por la Toscana (y 7) : Grosseto, la isla de Elba, La Maremma y el Estado Español de los Reales Presidios

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Durante ciento cincuenta años hubo una parte de la Toscana que fue española. Con capital en Orbetello, los Presidios de Toscana o Estado de los Reales Presidios se ubicaban en el suroeste de la región, incluyendo parte de La Maremma, la peninsula de Argentario, con Porto Ercole y Porto Santo Stefano y la isla de Elba. En el siglo XVI, las peleas habituales de Siena y Florencia se vieron intrnacionalizadas con la inclusión en cada bando de potencias europeas: Francia apoyaba a Siena y España a Florencia. Fruto de una de las victorias florentinas, los Médici otorgaron a la Monarquía Hispánica la posesión de diversas localidades en la costa toscana. Nacía el Estado de los Reales Presidios, que dependía del Reino de Nápoles, a cuyo frente estaba el virrey nombrado por el emperador Carlos I de España y V de Alemania. En aquel tiempo, la palabra presidio no tenía el carácter penitenciario que ahora le damos, sino que se refería a una guarnición que cuidaba de una zona, población o monte.

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De 1557 a 1707, en este Estado ondeó la bandera de la dinastía de los Austrias. Fruto de la presencia española, se construyeron numerosas torres defensivas y fuertes para prevenir ataques franceses. En la segunda parte del siglo XVII, la arquitectura española se centró en mejorar los edificios civiles y de esa época aún quedan en pie palacios de los virreyes y gobernadores. En 1707 tomaron posesión de los Presidios las tropas imperiales de Carlos III (el aspirante de los Asutrias al trono español en la Guerra de Sucesión). Al finalizar esa contienda,  los Reales Presidios pasaron a manos del virrey austríaco de Nápoles. Treinta años después,los Borbones se apoderan del Reino de Nápoles y se hacen cargo de este territorio. A comienzos del siglo XIX, con la invasión de Napoleón y la creación del efímero Reino de Etruria, los Presidios desparecieron como entidad propia.

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Precisamente, el corso hizo famosa a la isla de Elba, cuando fue obligado a abdicar y se le confinó por las potencias europeas durante nueve meses en la isla más grande del Archipiélago Toscano. Siete islas se desperdigan por el Mar de Liguria y el Mar Tirreno y en las provincias de Livorno y Grosseto. Capraia y Gorgona son las más septentrionales, están más cerca de Córcega que de Italia y a ellas se llega desde Livorno (véase  Ruta por la Toscana (2): Pisa, Volterra, los etruscos y Leonardo da Vinci). Las otras cinco se sitúan frente a Grosseto y Argentario. Son, además de Elba, Pianosa, Montecristo, Gianutri y Giglio. Ésta es la más cercana a la costa y la más famosa, por un desgraciado motivo, el accidente del crucero de Costa Concordia. Todas ellas también fueron islas españolas, aunque la historia de la zona es una conquista constante. Por aquí pasaron todos: etruscos, romanos, bizantinos, lombardos, florentinos, sieneses, españoles, austríacos, napolitanos… Por éso encontramos palacios, polvorines, puertas de ciudades aún en pie…

general roberto tomei

La isla forma una frontera física en la Toscana, porque a partir de aquí hacia el sur comenzamos a ver una vegetación típicamente mediterránea, con matorral y monte bajo. Esa es la decoración de una zona única en toda la región. Es la Maremma, la marisma que engloba cientos de kilómetros cuadrados, con ganado, playas desiertas y un bosque enorme…  Y es también el ejemplo de la lucha constante del hombre por domesticar un terreno como éste de la Maremma, insalubre e inútil para la vida hasta que se domeñó. El latifundismo y la malaria fueron maldiciones históricas de los habitantes de la zona. Desde los etruscos se intentó domesticar el terreno. En el siglo XIX se construyeron canales y sólo en 1930 se acabó con el paludismo. Ahora, con el Parque Regional de la Maremma ya hay rebaños de ovejas, viñedos, hayedos, pinares, olivos, matorrales, trigo… y sobre todo vacas. Desde siglos han sobrevivido estos animales en la marisma y han sufrido los trabajos más duros desde el drenaje del territorio hasta el traslado del mármol.

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Así se traduce el reparto de funciones de esta parte suroeste de la Toscana: bosque y caza en el interior y playa y pesca en la costa. Y es que las playas se suceden continuamente por toda la larga costa. Las islas ofrecen calas y arenales de postal, pero en el continente, la costa es una continua línea de oferta turística desde hace muchísimos años. La Marina de Grosseto, la Maremma, Castiglione della Pescaia y la península de Argentario son destinos del turismo veraniego que busca largas playas de arena, aguas limpias y buen tiempo….

PIAZZA DUOMO CATERINA SOVERINI

La capital provincial es Grosseto, que destaca sobre todo por una hermosa catedral dedicada a San Lorenzo y por conservar prácticamente intactas sus murallas de finales del siglo XVI, con importantes torres, al igual que en el resto de localidades que forman parte del municipio. Grosseto, como otras ciudades toscanas, vivió siempre pendiente de Siena y Florencia, que la conquistaron a lo largo de los siglos, o de la poderosa familia Aldobrandeschi que también la hizo suya durante una época. La ciudad estaba cerca de las salinas marinas, por lo que era un lugar privilegiado por todos a causa de sus almacenes de sal. A partir del siglo XIX se inició un desarrollo urbanístico fuera de las murallas con importantes construcciones de diversos estilos y durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeada causando muchas víctimas civiles, inocentes como siempre.

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Y fuera de la costa, en el interior poco conocido, se eleva Massa Marittima. Asediada y conquistada por pisanos, sieneses o españoles, su máximo esplendor se vivió entre el siglo XI, cuando fue sede episcopal de Populonia, antecedente del actual Piombino, y el siglo XIV, con la dominación de Siena. De esa época de libertad permanece la tradición de la fiesta del Balestro del Girifalco, una lucha con ballestas de veinticuatro tiradores, uno por cada antiguo barrio. Es la capital de la comarca de las colline metallifere grossetane, constituida en un Parque Nacional, y confirmando la importancia de la minería en toda esta zona suroccidental de la Toscana y también en la isla de Elba.

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También hay industria siderúrgica en la Toscana y su centro está en Piombino, situado en un promontorio junto al límite donde se juntan y se confunden el Mar de Liguria y el Mar Tirreno. Piombino es el segundo puerto toscano después de Livorno y hunde sus raíces en tiempos de los etruscos, cuando se llamaba Populonia, abandonada en el siglo IV con las invasiones bárbaras. En el siglo XIV fue una Signoria independiente, luego Principado y en el siglo XIX, con la invasión napoleónica, Principado de Lucca y Piombino para pasar finalmente al Gran Ducado de Toscana. En la Segunda Guerra Mundial, Piombino sufrió grandes bombardeos y los vecinos tuvieron que refugiarse en los campos de alrededor.

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Orbetello es la capital del sur de la provincia y el límite regional. La antigua capital del Estado español de los Reales Presidios conserva vestigios no sólo de ese periodo, como la Polveriera Guzman (polvorín), un molino o el Palacio del Gobernador, sino la concatedral de Santa Maria Assunta, construida sobre las ruinas de un templo romano del siglo V o las murallas de época de los etruscos, de mil años antes. Pero, además de la Historia, Orbetello es destacable por su riqueza natural. Y es que la localidad está en medio de dos lagunas, la de Orbetello y la de Levante, protegidas a su vez por dos lenguas de arena que unen el promontorio de Argentario a tierra firme. Las lagunas son humedales de importancia internacional y una de las mejores zonas italianas para el avistamiento de muchas especies de aves.

playa markus baumann

Cómo llegar:  

El aeropuerto de Pisa-Galileo Galilei posee conexiones con Barcelona, Girona, Fuerteventura, Gran Canaria,Madrid, Santander, Sevilla, Tenerife o Valencia. Desde este aeropuerto hay autobuses que lo unen a las estaciones de ferrocarril de Pisa o Florencia, al centro de estas ciudades o a otras de la región.Al aeropuerto de Firenze-Amerigo Vespucci llegan vuelos de Madrid, Barcelona o Ibiza. Cada media hora hay autobuses que acercan al viajero a la estación central de trenes de Florencia. Desde Florencia y Siena hay también autobuses a las localidades de esta ruta. Para recorrer gran parte de este itinerario es aconsejable un coche de alquiler.

monte cappane  ichbins bernd

Itinerario:

 DUOMO ANETTE LACROIX

Empezamos nuestro recorrido en Massa Maritima que, aunque el nombre indique lo contrario, está en el interior. Sobresale en la ciudad una hermosísima catedral románica dedicada a San Cerbone, del siglo XII. En su interior aún se admira una pila bautismal del XV aunque la mayoría de sus tesoros residen en el Museo di arte Sacra, alojado en el Convento di San Pietro dell’Orto. La iglesia del convento aloja otro Museo, el Museo degli Organi Santa Cecilia. Otro templo a visitar es la Chiesa di Sant’Agostino, gótica con un interesante claustro del siglo XV, un campanario del XVI y pinturas barrocas en sus paredes.

vista vittorio zanoni

El patrimonio se completa con  el Palazzo Comunale, formado por la unión de dos edificios medievales y el Palazzo del Podestá (o Palazzo Pretorio), del siglo XIII, reconvertido en Museo Arqueológico. Hay otra docena de palacios y palacetes medievales diseminados por la localidad, muchos de ellos reformados a lo largo de los siglos. Aún quedan restos de las murallas de la Edad Media, en las que se abren siete puertas. El rico pasado minero de extracción de plomo, cobre y plata se puede conocer mejor en el Museo della miniera, en el interior de una mina en el centro de Massa usada ya en la Edad Media y utilizada en la Segunda Guerra Mundial como refugio antiaéreo. Aquí se informa sobre la extracción del mineral, mientras que toda la cultura alrededor de la minería se muestra en otro Museo, el Museo di arte e storia delle miniere. Está ubicado en el antiguo arsenal de la ciudad, en el Palazzo delle Armi.

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Nos vamos hacia la costa y llegamos a Piombino, en el extremo norte del gran golfo de Follonica. Antes de llegar se puede ver lo que queda del acueducto de 126 kilómetros, erigido en los comienzos del siglo XX. La ciudad ofrece un centro histórico resaltable con la Concattedrale di Sant’Antimo, del XIV, con altar barroco, pila bautismal del XV, igual que el claustro renacentista. También destacan la Chiesa della Misericordia, románica del XIII; el Palazzo Comunale, del XV; la Piazza Bovio sobre el promontorio y con una vista espléndida sobre el archipiélago toscano y los restos de la Fortezza Medicea medieval, de la que resisten en pie las murallas y el castillo, donde se aloja el Museo della Città. El otro Museo imprescindible de la ciudad es el Museo archeologico del territorio di Populonia, ubicado en el Palazzo Nuovo del sioglo XIX, en el que se pueden ver piezas y objetos de los trabajos y excavaciones de la zona, como la Ánfora di Baratti, de plata y del siglo IV a.C.

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 En Piombino tomamos el transbordador a la isla de Elba, a donde llegaremos en una hora. La isla es un perfecto destino para senderistas y viajeros poco apresurados, a pesar de lo cual recibe cada año un millón de visitantes. En el interior destacan los olivos y viñedos. En la costa oeste destacan las playas de arena y en la costa oriental hay más acantilados y playas de piedra. En total hay setenta playas para disfrutar en casi ciento cincuenta kilómetros de costa. Es la tercera isla más grande de Italia después de las dos enormes (Sicilia y Cerdeña) con más de doscientos kilómetros cuadrados. Forma parte del archipiélago Toscano con otras seis islas, convertidas en el Parco Nazionale dell’Arcipelago Toscano.

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El monte más alto de la isla es el Capanne con más de mil metros, objetivo de los senderistas y montañeros o destino de peregrinación al santuario de la Madonna del Monte, del siglo XIV. Pero la isla permite muchas más actividades deportivas, desde el ciclismo a las actividades subacuáticas, para el turismo que llena Elba de mayo a setiembre gracias a su buen clima, soleado, cálido, pero sin sofocar por la acción constante de los vientos. Antes del turismo, la riqueza de la isla era la minería de hierro, presente en Elba desde tiempos de los etruscos hasta la mitad del siglo XX. En la peninsula de Calamita aún hay minas a cielo abierto, reconvertidas ahora en un parque minero. 

portoferraio  robby BF

Los barcos llegan a Portoferraio, la capital de la isla, con fortificaciones de la época de los Medici. La ciudad fue fundada en 1548 por Cosme I de Medici sobre los restos de la Fabricia romana y de la Ferraia medieval. La ciudad estaba defendida por un sistema de fortificaciones compuesto por tres fuertes principales llamados Forte Falcone, Forte Stella y Fortezza della Linguella. Las tres fortalezas estaban unidas por un conjunto de bastiones y adarves. El Museo Civico Archeologico está situado en el interior de la Fortezza della Linguella e ilustra el papel estratégico desempeñado por el archipiélago toscano en el comercio marítimo a través de una serie de hallazgos que datan desde el sigloVIII a.C. al siglo V d.C. En el centro histórico destacan varias iglesias de interés, como la Propositura della Natività di Maria, que hace las funciones de catedral de la isla, un edificio con fachada del siglo XIX y el resto del siglo XVI, con altar del XVII y un crucifijo de madera pintada del siglo XV. Pero el interés de la capital de Elba está en uno de sus más ilustres visitantes, Napoleón Bonaparte.

museo napoleonico    giovanni mirgovi

Napoleón abdicó tras las derrotas en Rusia y fue obligado a exiliarse en la isla por parte de los ingleses que le permitieron ser el principe de Elba y conservar el título de emperador. Hay dos viviendas relacionadas con la estancia de Napoleón entre 1814 y 1815, como la Palazzina Napoleonica o Villa dei Mulini, una casa construida en torno a dos molinos de viento sobre Portoferraio, que constituye un auténtico Museo sobre el corso, con  biblioteca y teatro incluidos y la Villa San Martino, la residencia estival del emperador en la periferia de la capital elbana. El corso pasó también una temporada en el eremitorio junto al Santuario della Madonna del Monte en Marciana.

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Después de la capital nos dirigimos a Marciana Marina, con largas calas de arena. Esta población se desarrolló en el siglo XVIII, a partir de un puerto natural, y se la llamaba la pequeña Marsella, por el constante tráfico marítimo que generaba. De esa época data su iglesia de Santa Chiara, pero la localidad vive ya ahora prácticamente del turismo que visita sus playas y admira sus paisajes costeros, desde donde se divisa el Isolotto (islote) Paolina, en honor de Paolina Bonaparte.

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Hacia el interior se levanta Marciana Alta, pueblo medieval bien conservado. Una localidad en la que se puede admirar la Fortezza Pisana, construida por los pisanos en el siglo XII y reformada en el XV, de planta cuadrangular con cuatro torreones y con una estupenda vista sobre el noroeste de la isla. También se puede visitar un interesante Museo Civico Archeologico con los restos hallados en la zona, en especial el monte Cappane, porque la isla estuvo habitada desde el neolítico, y el Museo dell’Arte Contadina, situado en una vieja almazara y que expone antiguas herramientas de trabajo, usadas especialmente para el cultivo de la vid, en el pasado la actividad principal  en la parte occidental de la isla de Elba. A unos kilómetros, en la aldea de Poggio se ubica un curioso e interesante Museo Etnografico Casalino del Castagno, que alberga manufacturas y reconstrucciones de las antiguas actividades agrícolas, silvícolas y pastoriles del occidente de la isla de Elba. Y es que no sólo de playas vive la isla, que es también conocida por sus vinos, entre los que destacan la Denominación de Origen aleatico, un vino dulce que acompaña perfectamente el postre típico, la schiaccia briaca.

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A ocho kilómetros  se encuentra un teleférico que asciende al Monte Capanne.  Tiene 1019 metros y es la cima más alta de la isla y de toda la provincia de Livorno, a la que pertenece administrativamente Elba, aunque esté más cerca de Grosseto. Esa altura permite la vista de la costa toscana, todo el contorno de la isla e incluso la cercana Córcega. Capanne es una de las quince cimas que forman la cadena montañosa que domina el centro de la isla de Elba, como el monte Giove en cuyas faldas está el monasterio con más devoción de toda la isla, el de la Madonna del Monte , del siglo XIV, en cuyo interior se venera un fresco de la  Asunción con ángeles músicos sobre el sepulcro vacío de Maria.

Fetovaia phili Tizzani

Luego podemos bordear toda la parte oeste de la isla, con acantilados y pequeñas calas hasta llegar a la parte sur de la isla, la llamada Costa del Sole, donde encontramos playas espléndidas como Fetovaia o Seccheto, que pertenece al municipio de Campo nell’Elba, cuya capital es Marina di Campo, situada en el centro del amplio Golfo di Campo.  Aquí se ubica también un Acuario, el segundo más grande de Italia, tras el de Génova, con más de ciento cincuenta especies. Estamos al otro lado del Monte Cappane y en todo el área se suceden yacimientos arqueológicos y necrópolis megalíticas, además de torres defensivas de la época española y alguna más antigua como la de San Giovanni, del siglo XIII, junto a la Pieve di San Giovanni in Campo, iglesia románica del XII, que aún conserva su hermoso ábside. Aquí hay tradición minera, como en casi toda la isla, que se puede conocer mejor en el Museo mineralogico e gemmologico Luigi Celleri de San Piero in Campo, una localidad del interior. .

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Después, siguiendo nuestra ruta circular por la isla, pasamos por dos golfos, los de Lacona (más turístico y habitado)  y Stella (con una naturaleza virgen ideal para un atardecer inolvidable). Llegamos así a la peninsula de Calamita, dominada por el Monte Calamita, de poco más de cuatrocientos metros. La zona siempre fue rica en hierro desde tiempos etruscos y la tradición minera se ha mantenido durante los siglos. Para saber más se puede acceder al Museo dei Minerali Elbani “Alfeo Ricci” de Capoliveri, la capital de la zona, que fue un antiguo pueblo minero, y, sobre todo, visitar las minas abandonadas de Vallone y la galería del Ginevro, una mina subterránea, la única que se puede visitar en la isla.  Estas minas cerraron en 1981 y ahora son un auténtico museo al aire libre, con actividades desde trekking a paseos hasta las playas…

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Capoliveri posee una estructura de burgo medieval fortificado con pequeñas callejuelas alrededor de la plaza central en lo alto de la colina. Entre sus monumentos podemos admirar la Pieve di San Michelle, del siglo XII y de estilo románico pisano. Fuera del casco urbano, destaca el cabo Forcardo con un faro del siglo XIX y una torre defensiva española del XVII y el Santuario della Madonna delle Grazie, del siglo XV, rodeado de viñas y pinares. Un poco más allá llegamos a la costa, a la Calla dell’Innamorata, en pleno Golfo de Stella. Dice la leyenda que aquí murió en el siglo XVI un joven atacado por los piratas y su enamorada se suicidó. Iban a casarse el 14 de julio y todos los años, por esa fecha,se celebra procesión y fiesta. La tradición se redescubrió en el siglo XVII cuando un noble español dijo que había tenido la visión de una joven en esa misma playa.

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Al otro lado de la península de Calamita, nos encontramos con Porto Azzurro, donde aún hay restos de la ocupación española de los siglos XVII y XVIII.  La Fortezza Spagnola, llamado el Forte San Giacomo o Forte di Longone, fue construido durante el reinado del español Felipe III en una de sus continuas guerras con Francia. En el siglo XIX se convirtió en uno de los penales más duros de Italia hasta los años sesenta del siglo XX. De la época española datan también la iglesia de San Giacomo Maggiore, de estilo barroco catalán, igual que el Santuario della Madonna di Monserrato, erigida por un gobernador español al que la zona donde se ubica le recordaba a los paisajes de Montserrat, cerca de Barcelona. En el interior del templo, no falta una imagen de la moreneta, la Virgen negra. También hay restos del pasado minero, en las afueras de Porto Azzurro, con La Piccola Miniera, una reconstrucción de una antigua mina, con un trenecito que recorre las galerías. En la bahía donde se asienta la ciudad hay importantes complejos turísticos, que se benefician de las innumerables playas de arena y piedra, con aguas limpias y cristalinas, ideales para practicar el snorkeling, como las de Barbarossa, Reale, La Pianotta, La Rossa, Dog Beach o Terranera.

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Seguimos bordeando la costa hasta alcanzar la vertiente oriental de la isla. Pasamos por la playa de Ortano, frente al islote del mismo nombre que, con marea baja, está unido al continente. La playa pertenece a Rio Marina, localidad a la que llegamos poco después y donde hubo minas también desde tiempos de los etruscos. Por toda la isla se suceden los museos e instalaciones en torno a esta importante actividad económica, fundamental en su historia, formando el llamado Parco Minerario dell’Isola d’Elba. Y el mejor museo es el de esta localidad, Rio Marina. Se llama Museo dei Minerali e dell’Arte Mineraria y se ubica en el Palazzo del Buró, edificio del siglo XVIII donde se encontraban las oficinas administrativas de la mina. Se exponen siete mil muestras de varias minas de la isla, junto a fotografías, herramientas y materiales originales encontrados en las minas abandonadas. En el interior del museo, se encuentran también las reconstrucciones a tamaño natural del taller de un herrero, de un refugio para mineros y de un trecho de galería. 

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Desde Rio Marina parten barcos en verano en dirección a la isla de Pianosa, de poco más de diez kilómetros cuadrados y a trece kilómetros al suroeste de Elba. Fue un penal durante más de un siglo y ahora se pueden realizar recorridos guiados por la isla o disfrutar de sus playas, pero está prohibida la pesca y la inmersión, por las praderas de posidonia de sus fondos y porque bajo el agua hay un yacimiento arqueológico submarino de época romana. En tierra también conserva importantes vestigios romanos, como una villa y las catacumbas de los primeros tiempos del cristianismo. Es la única isla plana del archipiélago (de ahí, dicen, le viene el nombre)

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Volvemos a Rio Marina. Cuando declinó la actividad minera, ya había surgido otra industria, la del turismo, que ahora centra la actividad de la isla y de esta zona. Desde Rio Marina a Cavo, en el extremo nordeste de la isla, se sucede una abrupta costa desde la que se enviaba el hierro a Piombino, en aquel tiempo Populonia. En tiempos romanos, aquí se instalaron villas patricias con jardines escalonados hasta el mar, porque desde siempre se admiraron sus vistas panorámicas. En el siglo XIX fue retiro de la burguesía y la aristocracia y, ahora, las masas populares disfrutan de tres playas, la del paseo marítimo, la de Alga y la de Frugoso. En el puerto se toman los barcos para regresar a Piombino.

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Cuando regresamos al continente, bordeamos la costa y en Follonica debemos pedir permiso en el Cuerpo Forestal para acercarnos a otra de las islas del archipiélago Toscano, la de Montecristo. Es una isla deshabitada, reserva natural biogenética, por lo que sólo se permite la visita de mil personas al año. Se pueden ver los restos de la Villa Reale, casa construida en el siglo XIX y un huerto botánico. Destacan en especial los restos del monasterio de San Mamiliano, construido en el siglo V, y una cercana gruta del santo, que dio nombre a la isla (Monte di Cristo), ya que antes, en la Edad Clásica, se llamaba Oglasa y Oclifa. La leyenda cuenta que debajo del monasterio había un tesoro escondido, que dio origen a la celebérrima novela El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas.

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Volvemos al continente y nos dirigimos hacia el Sur, hacia Castiglione della Pescaia. Es un antiguo pueblo pesquero junto a un lago salino, el Lago Prile, del que se extraía sal en la Edad Media, hoy reserva natural. Las obras de saneamiento del XVIII permitieron eliminar la malaria y desarrollar la población. De la época etrusca hay restos en el Area archeologica di Vetulonia y de la romana en la Villa delle Paduline. Las murallas de Castiglione nos muestran restos de las dos construcciones circulares, la pisana del siglo X y la aragonesa y sienesa del XIV. Dentro, hay una ciudad medieval que nos muestra la Chiesa di San Giovanni Battista, del XVI; el Palazzo Pretorio, medieval pero con intervenciones posteriores y varios palacios renacentistas y barrocos diseminados por las calles en zigzag que acaban en el castillo, en manos privadas, en la cima de la población. A orillas del mar Tirreno, Castiglione es, desde hace décadas, un destino vacacional con buenas playas y villas en los parques naturales de alrededor, que comenzaron a asentarse en esta zona en el siglo XVIII, aprovechando la eliminación de las marismas insalubres de la zona. Castiglione tiene, además, su propio Palio, pero marinero. Originalmente, se realizaba en el rio Bruma pero ahora se hace en el mar con remeros en barcos que representan, también aquí, los barrios de la localidad.

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Seguimos por la costa y llegaremos a la Marina di Grossetto, desde donde giraremos hacia el interior hasta llegar a Grossetto, la capital provincial. En la Segunda Guerra Mundial, la ciudad sufrió los bombardeos que destruyeron muchos edificios, pero aún quedan en pie las murallas del siglo XVI, construidas sobre las antiguas medievales por los Medici. Las primeras, del siglo XIII, fueron destruidas por los sieneses, que construyeron otras antes de que Florencia se hiciera dueña finalmente de Grosseto. En su perimetro se encuentran seis bastiones y una puerta de las originales, la Porta Vecchia, y otra construida en el siglo XX, la Porta Corsica. Sobresale también el Cassero Senese, una imponente fortificación en el baluarte de la Fortezza Medicea

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La catedral de San Lorenzo, del siglo XIII, destaca por sus bandas rojas y blancas de mármol. Mezcla esos elementos románicos con otros más góticos, como las estatuas de los cuatro evangelistas o las vidrieras. Soresale un inmenso rosetón en la fachada e importantes obras en el interior, como una Madonna delle Grazie del siglo XV. Otras iglesias importantes de Grosseto son la de San Pietro, del siglo XII, la más antigua de la ciudad con bajorrelieves bizantinos, o la de San Francesco, del XIII, con unos bellísimos frescos en su fachada.

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La Piazza Dante es el centro neurálgico de la ciudad. En ella se encuentran no sólo el Duomo, sino a su lado el Palazzo Aldobrandeschi o Palazzo della Provincia, construido en estilo neogótico a comienzos del siglo XX sobre el anterior Palazzo Pretorio. Al otro lado de la catedral, se instala el otro poder civil, el municipal, en el Palazzo Comunale, del siglo XIX en estilo neorrenacentista. Cerca de la Porta Vecchia aún subsiste el Cassero del Sale, adherido a las murallas, donde en la Edad Media se almacenaba la sal, que fue uno de los poderes económicos grossetanos.

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El desarrollo de la ciudad se disparó a partir de finales del siglo XIX, saliendo fuera de las murallas como en otros lugares de Europa. La arquitectura grossetana vivió una época de esplendor con edificios eclécticos, neorrenacentistas, neogóticos e incluso estilo liberty como en la fachada del Palazzo Tognetti. Hay dos Museos importantes, el Museo Archeologico e d’Arte de la Maremma y el Museo d’Arte Sacra de la diocesi di Grosseto. Ambos se ubican en el Palazzo del Vecchio Tribunale, del siglo XIX.

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Por la autopista E80 seguimos en dirección sur hacia el Parco Regionale della Maremma. Ésta es la Maremma grossetana, la que pertenece a la provincia de Grossetto, porque hay otras como la Pisana y la Livornesa. La inmensa llanura costera se alarga hasta el fin de la Toscana, en la frontera con el Lazio. En esa  gran comarca se incluyen casi todos los municipios de los que hablamos en esta entrada del blog, pero el Parque abarca menos territorio, unas nueve mil hectáreas. Nos desviamos hacia Alberese donde hay una entrada al Parque. A partir de aquí podemos acercarnos a las playas de la Marina di Alberese o ir hacia otros lugares del Parque, incluidos en diversos itinerarios señalizados.

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Entre los monumentos que se pueden encontrar en el interior del Parque destacan la Abbazia di San Rabano, del siglo XI, cedida a los Caballeros de San Juan de Jerusalén (precedente de la Orden de Malta) en el siglo XIII y luego abandonada. Está a trescientos metros de altura, en los Monti dell’Uccellina, donde también se ubica un eremitorio en ruinas o la Torre del mismo nombre, del siglo XIV. Otras torres se suceden a lo largo de la costa, con caracter defensivo, como las de Collelungo o Castel Marino, junto a la playa de Marina di Alberese.

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Como elementos naturales destaca la Bocca d’Ombrone, el delta de este río en su salida al Mar Tirreno, Al lado, aún se conservan las obras de canalización iniciadas en el siglo XVIII y los pinares que se plantaron en aquella época en que se comenzaron los trabajos de saneamiento de esta zona de marismas. Dos zonas de especial protección se encuentran en el interior del Parque: las llanuras de Maremma y las Dunas de Uccellina. 

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En las llanuras, al norte del Parque, se sitúa el paisaje más lacustre, con zonas inundadas mucha parte del año, áreas agrícolas abandonadas, praderías, ríos como el Ombrone y mucha vida animal. En cambio, el sur es el ejemplo claro de costa arenosa, con endemismos vegetales y sistemas de cordones dunares que salvaguardan la rica vegetación mediterránea de la macchia (matorral), palabra, por cierto, de la que surgió el término  maquis para definir a las guerrillas escondidas en el monte.

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Las especies animales son importantes en el parque, en especial en el norte. Las llanuras septentrionales ofrecen abundante ganado vacuno y caballar, con dos especies típicas de la zona, como la vaca maremmana y el caballo maremmano. Ambos mamíferos se han adaptado a lo largo de la historia a las duras condiciones de vida de la marisma, igual que sus vecinos humanos. No faltan tampoco zorros, aves rapaces, acuáticas y migratorias que tienen en la zona, en especial al sur, un importante centro de reposo en su largo viaje entre Europa y África. El visitante del parque podrá ver sobre todo vacas, que abundan por doquier…

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Volvemos a la autovía y nos dirigimos hacia el Sur, hacia la Península de Argentario. Se llama la Costa d’Argento con el monte Argentario en una península flanqueada por dos lagunas y el pueblo de Orbetello en medio. La peninsula fue isla hasta el siglo XVIII. Después, las aguas se encenagaron creando dos brazos de tierra arenosa (tomboli), que encierran dentro el lago Orbetello. En 1842 se construyó un dique para enlazar la península, dividiendo así el lago en dos lagunas: la de Orbetello y la de Levante. Hay una carretera panorámica por toda la peninsula de Argentario con espléndidas vistas de los acantilados y las dos ciudades portuarias son Porto Ercole y Porto Santo Stefano.

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En Porto Ercole reposan los restos de Caravaggio y aún se pueden ver los fuertes españoles del siglo XVI, como el Forte Filippo o el Forte Santa Caterina. La muralla de la época en que dominaron los sieneses (siglo XV) deja paso, a través de una puerta gótica, al recinto histórico donde se levanta el Palazzo dei Governanti, usado por los gobernadores españoles, cuyos restos reposan precisamente en la Chiesa di Sant’Erasmo. Este es el patrón de la localidad: era un obispo que obró el recordado milagro de calmar una tempestad mientras los marineros se protegían en una cala.

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La Rocca, el castillo a caballo de la Edad Media y el Renacimiento, domina Porto Ercole. Desde allí se ve una panorámica estupenda, pero mejor es recorrer la costa con tranquilidad para admirar playas y calas extraordinarias, como la que se sitúa frente al Isolotto (islote). En la ruta descubriremos más fortificaciones como Forte Stella, la Torre dell’Acqua o la Torre Avvoltore

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Porto Santo Stefano es la principal localidad del monte Argentario. La Fortezza Spagnola construida a comienzos de la dominación española sigue presidiendo la ciudad, entre otras cosas porque siempre fue usada, tanto por los franceses contra los ingleses como por los patriotas italianos en su lucha por la unidad italiana. Tras la fortaleza, los españoles desarrollaron lo que es hoy el centro histórico, bajo el mando del gobernador Núñez Orejón de Ávila. Lástima que los alemanes hicieran de la localidad una base logística, lo que provocó importantes bombardeos aliados que dañaron el centro y, sobre todo, mataron a muchos civiles, siendo Porto Santo Stefano una de las ciudades más destruidas de Italia.

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Al igual que en Porto Ercole, también aquí se puede recorrer la costa para descubrir pequeñas calas o playas, además de encontrar restos de la cadena de torres defensivas, aunque sólo queda alguna española. El resto son torres del siglo XIX o restauraciones de anteriores construcciones, dañadas tras ataques o bombardeos. Quizá por esta historia de desgracias, Porto Santo Stefano destaca en el panorama italiano por un carnaval con tintes propios, la maschera sciornia, una tradición casi perdida que se remonta a siglos pasados, cuando la gente vestía ropas destrozadas y conjuntadas de forma estrafalaria para poder así subvertir por unos días el orden moral, social y sexual.

giglio elena mari

Desde Porto Santo Stefano salen barcos a las islas de Giglio y Gianutri del Archipiélago Toscano. Giglio, la isla donde se produjo el accidente del  crucero Costa Concordia, ha sufrido constantemente ataques como el del pirata Barbarroja que esclavizó a setecientos de sus vecinos en el siglo XVI, pero aún durante el dominio español continuaron los ataques de piratas del Norte de África. Por éso no es de extrañar que se protegieran con torres medievales (de las que aún quedan en pie media docena), murallas y castillos como la Rocca Aldobrandesca que corona Giglio Castello, la localidad que se alza en el interior de la isla y que está considerada como una de las más bellas de Italia. Los barcos llegan a Giglio Porto, donde los turistas contemplaron durante meses la mole del crucero semihundido, y en el otro lado de la isla se sitúa Giglio Campese, con una larga playa en una protegida bahía.

cala maestra gianutru mariamaddalena melfi

Gianutri pertenece a Giglio y es el territorio más al sur de la Toscana. Es una típica isla de vegetación mediterránea, rocosa y una importante parada en la emigración anual de las aves. El máximo esplendor de la isla se produjo en época romana, cuando se construyeron el puerto y una villa, cuyos restos del siglo II de nuestra era aún pueden verse. En la isla no se puede acampar ni hay hoteles, sólo particulares que alquilan habitaciones. Senderismo y submarisimo son los atractivos, igual que en la vecina Giglio. El núcleo habitado es Cala Spalmatoio, donde hay la única plaza de la isla, tan pequeña que la llaman la Piazzetta.

laguna cathifi

Tras recorrer toda la península, finalizamos el recorrido en mitad de los lagos, en Orbetello. Es un enclave de vacaciones bordeado por dos lagunas que se nutren de las mareas. La laguna norte está gestionada como parque natural por el Fondo Internacional para la conservación de la naturaleza. Precisamente, la naturaleza es una parte de la riqueza turística de Orbetello, su principal actividad económica. Así, las dunas, las aves y las playas de varios kilómetros son el reclamo de los tomboli, las lenguas de arena que unen Argentario con tierra firme. En Talamonte, barrio de Orbetello, está el acuario del Lago de Orbetello, que funciona también como centro de visitantes para realizar senderos guiados por esta zona, el límite sur del Parque de la Maremma.

PORTA MEDINA COELI TOLVAG

La ciudad conserva parte de su pasado español. Por ejemplo, la Porta Medina Coeli, llamada así en honor del gobernador de la época, el duque de Medinaceli, que da paso al núcleo histórico dentro de las murallas, que, dicen, se remontan a la época etrusca. O la Porta del Soccorso, una puerta con tres arcos de la muralla del siglo XVI con el escudo de armas del Rey de España. Dentro de las murallas, está la Polveriera Guzmán, antiguo arsenal construido a finales del siglo XVII. Ahora es el Museo Arqueológico, entre otras cosas porque el polvorín sirvió para rearmarse a Garibaldi en sus batallas por la unificación italiana. También se conserva el Mulino spagnolo, el único de los siete molinos sieneses del siglo XV que molían el grano que traían los barcos por la laguna. Los españoles reformaron y consolidaron este molino circular y cubierta cónica.

PALAZZO DI SPAGNA GÜNTER KÖNIG

Pero, quizá, el monumento español más conocido es el Palazzo del Governatore, donde se asentaban los gobernantes hispánicos. El palacio se sitúa en el centro de la ciudad, en la Piazza Eroe dei due Mondi y consta de una torre con reloj y un pórtico con columnas en la planta baja. Los españoles se dedicaron a afianzar su seguridad y, por éso, ampliaron y fortalecieron la muralla etrusca muy dañada por las guerras entre Siena y Florencia que dieron lugar a la creación de este enclave español. Otras murallas importantes son las de Talamonte, un barrio de Orbetello, rico en patrimonio arqueológico porque era una ciudad etrusca de importancia en su época. En la Edad Media, los condes Aldebrandeschi, unos de los más poderosos clanes de esta zona, construyeron la muralla y la fortaleza que domina este pueblo marinero cercano a Orbetello. A lo largo de la costa se suceden también faros, fuertes y torres de origen medieval pero restauradas y engrandecidas por los españoles en su afán por proteger la zona de los continuos ataques no sólo del enemigo francés sino de corsarios.

roseton duomo orbetello Nicolò Musmeci

Entre los monumentos religiosos, destacan la concatedral de Santa Maria Asunta, construida sobre un templo romano, con altar románico, decoración de estilo español y la capilla de San Biagio con una gigantesca cúpula del siglo XVII. También, la Chiesa di San Francesco di Paola, de claro origen español y decoración del XVII, barroca, al igual que muchos otros templos diseminados por la ciudad. En el barrio de Ansedonia, destaca una curiosa iglesia, la de San Biagio alla Tagliata, construida sobre un antiguo mausoleo romano.

ATARDECER RICCAFONTE

Fotografías de Dady2, Ralf Pätzold, Roberto Tomei, Said Maniman, Caterina Soverini, Folksed, Pablo Rende, Roberto Vongher, Markus Baumann, Ichbins Bernd, Anette Lacroix, Vittorio Zanoni, Silosarg, iwmartin, Giovanni Mirgovi, Robby BF, Brezza, Bernard Paradis, Nicchio, Phili Tizzani, Mariamaddalena Melfi, Günter König, Riccaforte, Miniere di Calamita, Tolvag, Barnabas Berkeczy, Panasan, ikzip, Fast Valter, Amedeus95, photosoftghosts, Luciano Carosso, A3ZZI, fmpfoto, Paolo Fan, Claudio Pedrazzi, Marita, Elena Mari, Karl Degelmann, Magabri75, Ceppicone, Manuto.

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