Ruta por el Egeo turco (3) : Éfeso

     DSC_0539Éfeso fue la capital de la provincia romana de Asia y podemos decir, dos mil años después, que sus restos son los mejor conservados de una ciudad clásica del  Mediterráneo oriental.  Sin duda alguna, nos encontramos ante uno de los yacimientos arqueológicos más espléndidos de la Antigüedad.

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Cuando los dorios asolaron Grecia en el siglo XI a.C., los jonios huyeron a Asia, al sur de Esmirna, llevando la vieja cultura egea. Ellos fueron los que después transmitieron las artes,  el teatro o la poesía a Atenas convirtiéndola en el centro cultural del mundo. Fue un activo puerto comercial, aunque los sedimentos del rio Caistro durante siglos han hecho que, ahora, el mar esté a siete kilómetros. Aquí se constituyó la liga de Jonia, formada por las islas de Samos y Quíos y diez ciudades del continente, entre ellas Éfeso o Mileto.

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Estamos, pues, en la tierra donde nació el pensamiento occidental. Los filósofos presocráticos fueron los primeros que pasaron del mito al logos, de la voluntad de los dioses a la racionalidad. Se plantearon preguntas y comenzó así la ciencia moderna, con conceptos como la naturaleza. Además, se propició la libertad intelectual, base de nuestra cultura.

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Pitágoras, Tales  o Hipócrates nacieron, vivieron y pensaron aquí. Igual que Heráclito de Éfeso, el filósofo que nos habló de  la realidad cambiante con esa famosa frase de que no podemos entrar dos veces en el mismo río. Pensamientos como éstos, que ahora nos parecen obvios, supusieron un paso de gigante en la concepción del raciocinio humano.

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Dicen que fue una de las primeras ciudades del mundo en la que se iluminaban las calles por la noche. Tal era el desarrollo al que Éfeso había llegado en época romana. Por la ciudad habían pasado antes hititas, persas o Alejandro Magno… y después de los romanos pasarían los bárbaros y los turcos, cuando ya desapareció en la Historia.

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Paralelamente a los romanos, la presencia cristiana fue importante en esta zona. En Éfeso pasó dos años San Pablo, que escribió su epístola a los efesios y devatió con los paganos que adoraban a la diosa Artemisa. El Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431, dictaminó que San Juan estuvo aquí entre el 37 y el 48 de nuestra era, acompañando a la Virgen María. De ahí se estableció que la madre de Cristo murió en Éfeso y como tal se enseña la supuesta casa donde murió, a unos kilómetros de Éfeso.

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En Selçuk, la moderna urbe de Éfeso, tenemos, por su parte, el lugar donde está enterrado San Juan, que murió en la ciudad tras su exilio en Patmos a causa de la persecución de Domiciano. Es un lugar sencillo que merece la pena ver porque es parte de los restos de lo que fue una gran basílica erigida en su memoria unos siglos después de su muerte.

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Pero para restos, ninguno mejor que los del templo de Artemisa, una de las siete maravillas de la Antigüedad. Aunque es tan mínimo el resto que todos se llevan una enorme desilusión al contemplar una solitaria columna de lo que fue un templo de enormes dimensiones, que superaba incluso a la Acrópolis de Atenas. Es un ejemplo claro de la fugacidad del tiempo, también en los monumentos….

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Selçuk es una pequeña localidad, agradable de pasear con más monumentos para admirar como su ciudadela o la mezquita de Isa Bey. Es, naturalmente, una urbe que vive por y para el turismo que llega por millones hasta los yacimientos de Éfeso. Y por éso dispone de oferta cultural en ese sentido.

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En Selçuk está el Museo Arqueológico de Éfeso, que reúne piezas halladas en los trabajos de excavación del yacimiento y relacionadas con Éfeso. Aquí podremos encontrar desde el fálico Príapo a estatuas romanas, sin olvidar al símbolo de la Diosa Madre de la Antigüedad en esta zona del mundo, Cibeles para los frigios y anatolios, Artemisa para los griegos, Diana para los romanos.

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Tierra adentro, a unos pocos kilómetros, se encuentra un precioso pueblo montañés. Al principio se llamó Cirkince (feo en turco), para que no viniera más gente, según cuenta la leyenda. Pero en 1926 el gobernador lo cambió por Sirince (agradable en turco).Sirince se hizo mundialmente famosa en 2012 al hilo del fin del mundo anunciado por los mayas.

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Según los gurús místicos de la Nueva Era, el lugar era un destino de energía positiva, porque aquí había nacido la diosa Artemisa, aunque otros dicen que también fue en este lugar donde ascendió a los cielos la Virgen María. Con los llamamientos al fin del mundo de ese año, la localidad se llenó de gente, con el alborozo natural de los vecinos y comerciantes de Sirince.

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A 20 kilómetros de Selçuk se encuentra el puerto de Kusadasi. Es una localidad turística, situada en el centro de una costa con más de veinte kilómetros de playas. Es una meca del turismo masivo y de cruceros, repleta de bazares, tabernas y locales de ocio. El nombre proviene de isla de los pájaros, porque la peninsula en la que se asienta tiene forma de cabeza de ave desde el mar…

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Cerca, para descansar de las masificaciones, hay un Parque Nacional, el de Dilek. No faltan aquí tampoco playas (alguna de arena, pero la mayoría de guijarros, no lo olvidemos, como en buena parte del Egeo) y rutas de senderismo para alejarse por un tiempo de ese turismo de masas que vive esta zona y que no se circunscribe sólo a Kusadasi, sino incluso a Éfeso, más concurrido aún en algunas jornadas en que los cruceros desembarcan su carga en la costa y cientos de autobuses colapsan la entrada de los restos de la histórica urbe.

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Cómo llegar:

El aeropuerto más cercano es el de Esmirna, el Adnan Menderes, que recibe vuelos de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Ucrania, Polonia, Grecia…. pero no de España. Desde nuestro pais hay que hacer escala en Estambul. O bien, alquilar en la ciudad del Bósforo un automóvil y recorrer la costa del Egeo. También hay autobuses, cómodos y rápidos, que unen todas las ciudades turcas. La ciudad más cercana a Éfeso a la que llega el transporte público es Selçuk, donde se debe coger un taxi. Los circuitos organizados y los cruceros suelen parar en la ciudad costera de Kusadasi, a 2o kilómetros, desde donde se accede en autocar a Selçuk-Éfeso. A Kusadasi también se puede llegar por ferri desde la isla griega de Samos, que está situada enfrente.

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Itinerario:

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Éfeso es un kilómetro cuadrado de los mejores testimonios de la cultura helenística grecorromana, pero también la gran avenida de una pequeña ciudad donde se agolpan millones de turistas . Como todos ellos, entramos en el recinto por lo que fue el antiguo puerto, desde donde se llegaba por una avenida de mármol de seiscientos metros hasta el monumental teatro.

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Tenía capacidad para veinticinco mil espectadores y fue construido entre los siglos I y II de nuestra era, sobre los restos de un antiguo teatro griego. La acústica es sensacional aprovechando el desnivel que aumenta al ascender por sus gradas. 

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Hay, además, otros teatros como el pequeño y hermoso Odeón, el ágora, templos, tabernas, casas de prostitución señaladas con la imagen de una mano y una mujer en el suelo, baños, gimnasios, fuentes… pero una auténtica maravilla eclipsa casi toda la ciudad.

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Es la Biblioteca de Celso, reconstruida con esmero por arqueólogos austríacos. La Biblioteca fue obra de un ciudadano romano para honrar la memoria de su padre en el siglo II d.C. Contenía doce mil pergaminos y además la tumba del padre de Celso, en un ejemplo extraño de biblioteca mortuoria.

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La sala central tiene dieciséis metros de altura y  el pórtico monumental está residido por las cuatro virtudes: Areté (bondad), Ennoia (pensamiento), Epístene (conocimiento) y Sophia (sabiduría). 

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A nueve kilómetros de la entrada superior de los yacimientos, en la ladera del monte Koressos se encuentra la Casa de la Virgen, dentro de un Parque Natural en su honor. Es un foco de peregrinación turística no sólo para los cristianos, sino también para los musulmanes, que veneran a María, madre del profeta Isa (Jesús). Ni siquiera el Vaticano ha afirmado tajantemente que sea el lugar donde la Virgen subió a los cielos (o entró en la dormición para los ortodoxos), pero la cuestión es que los cimientos de la casa son del siglo I y la construcción dataría por lo menos del siglo VI de nuestra era.

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 A finales del siglo XIX una monja alemana tuvo unas visiones que señalaban con exactitud el lugar sin haberlo visto… ¡Y para qué quieres más!  La cuestión es que miles de personas se acercan al lugar, convertido en un pequeño templo, y dejan sus mensajes en papel al lado de la casa y de una fuente, que muchos consideran, como no podía ser de otra manera, milagrosa… También las leyendas cristianas hablan de los siete durmientes de Éfeso, jóvenes que durmieron dos siglos huyendo de la persecución de los romanos…

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Volviendo a Selçuk por la carretera de Éfeso hay una parada obligatoria a la entrada de la ciudad. En un descampado, estaba una de las siete maravillas del mundo antiguo, el templo de Artemisa, el mayor de su época. Data del siglo VI a. C. y contaba con 120 columnas de veinte metros de altura y unas enormes escalinatas. Lamentablemente, los godos quemaron y arrasaron el inmenso templo en el siglo III de nuestra era y ahora sólo tenemos una solitaria columna que nos indica, con mucha imaginación, cómo sería esa maravilla.

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En el templo se veneraba a la señora de Éfeso, una divinidad con muchos pechos que los griegos identificaban con Artemisa y los romanos la transformaron en Diana.  Se cree que Artemisa es la continuación del  antiguo culto frigio a Cibeles, la diosa de la fecundidad y la naturaleza. Esa diosa de los mil pechos está ahora en el Museo de la ciudad.

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El Museo Arqueológico de Éfeso es una instalación cultural muy interesante que reúne cientos de piezas halladas en las obras de rehabilitación del yacimiento. Hay estatuas, frisos y objetos de todo tipo. Entre otras deidades, también está Príapo, un dios menor asociado a la fertilidad, siempre unido a su enorme falo.

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Selçuk debe su nombre a la dinastía turca de los selyúcidas, que dominaron desde Irak al Egeo a partir del siglo XI. En 1375 edificaron la mezquita de Isa Bey. Fue una de las primeras construcciones tras la toma de esta ciudad. Sencilla por fuera,aunque una de sus paredes está recubierta de mármol, en su interior destaca la madera y el ladrillo de la construcción. La mezquita está dominando el valle donde se asienta Selçuk, igual que la fortaleza otomana que se alza sobre otro de los importantes monumentos de la localidad…

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Justo al lado de la mezquita están los restos de la Basílica de San Juan del siglo VI, donde dicen que está enterrado el santo. Es una sencilla lápida de mármol a ras de suelo, flanqueada por cuatro columnas. El emperador Justiniano mandó construir esta basílica monumental, que llegó a ser la sexta catedral más grande del mundo, arrasada luego por los ejércitos mongoles. Siguen en pie el baptisterio y algunas columnas, pero llegó a tener inmensas cúpulas, un elemento del arte bizantino que después copió el Islam.

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A ocho kilómetrosal este de Selçuk está Sirince, un pueblo de montaña de seiscientos habitantes. Es un pueblo históricamente ortodoxo que se vació tras la guerra greco-turca en 1920. El intercambio de población llenó la localidad de musulmanes de Grecia y otras partes de Anatolia que se encontraron hermosas casas de madera, hoy muchas restauradas como pensiones.

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Aún subsisten algunas iglesias ortodoxas, pero en la plaza central se construyó, naturalmente, una mezquita. De los tiempos griegos aún se perpetúan  cultivos como el de la vid, que sigue en la actualidad con variedades como vinos de fruta (moras, arándanos, fresas…). También continúa el cultivo del aceite, otro símbolo netamente helénico…

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Por la D-515 se llega en una veintena de kilómetros a la costa, a Kusadasi. Seguramente se verá la mole de algún parque acuático, signo de que éste es un destino del turismo masificado. La localidad ofrece un animadísimo paseo marítimo, además de bazares donde campan las falsificaciones perfectas y playas para disfrutar del Egeo. La más conocida es Kadinlar Plaji, la playa de las Señoras, que se encuentra hacia el sur, una vez sobrepasadas las dos pequeñas peninsulas al final del paseo marítimo. El nombre le viene porque, dicen, antes era sólo para las mujeres…

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La primera de esas penínsulas es Güvercin Adasi o isla de las Palomas. En realidad, como queda dicho, es una peninsula, en la que destaca el castillo y varias playas, algunas privadas y asociadas a algún café, pero otras públicas. La ciudad tenía sus murallas, pero de sus puertas sólo queda una en pie… 

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Un poco más adelante,surge otra peninsula frondosa, repleta de árboles, que se llama Yilanci Burnu . Dicen que aquí se originó la ciudad, que era conocida como Éfeso Neopolis, o Nueva Éfeso. También aquí hay playas. Y lo que no falta en todo el frente costero son tabernas, bares y discotecas, que dan animación a la vida nocturna de esta parada obligada en todas las excursiones terrestres y marítimas por la costa turca del Egeo. 

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Pero para que no todo sea turismo de masas, nos alejamos hacia el sur por la avenida de la costa para bañarnos en algunas calas y playas de la peninsula de Dilek . En 1966 se creó allí un Parque Nacional que se ha ido ampliando en los años noventa con el Delta del Menderes formando una superficie protegida de casi treinta mil hectáreas. No todo el Parque es visitable, pero sí buena parte de él está abierto al público.

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El Parque está a menos de treinta kilómetros de Kusadasi, lo que permite que los fines de semana se llene de familias de esa zona e incluso de Izmir/Esmirna (a ciento veinte kilómetros). Dentro del Parque, sólo se puede caminar a pie o recorrerlo en bicicleta de montaña. También hacer picnic, nadar y bucear hasta la inefable Cueva Azul, que los viajeros encuentran en todas las partes del mundo… En lo alto del Parque y en la punta occidental casi se toca la isla griega de Samos… Hace cien años ambas orillas formaban parte de un inmenso pais, con muchas culturas y religiones conviviendo…después vinieron las guerras y el reparto étnico permitido por las autoridades internacionales. Nada que no se conociera desde la antigüedad con las luchas continuas de jonios, dorios o persas…pero, por desgracia, nada que tampoco después, a o largo del siglo XX y XXI, hayamos podido evitar… 

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Fotografías de Andrés y José Antonio Mourenza, Carmen Urbina, D.Ottilia, Jean-Pierre Hens, Feel, Nihat1998, Iza Horizonta, Attila Aykaydin

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