Ruta por el Piamonte (2) : las Residencias Reales de los Savoya, la Sacra di San Michele y “El nombre de la rosa”

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Las Residencias Reales de los Saboya son Patrimonio de la Humanidad y forman lo que se llama La Corona delle Delizie, una serie de palacios y residencias de la familia real. Se llama así, porque los monarcas quisieron rodear la capital turinesa de una corona de villas, palacios y residencias de recreo. Los principales arquitectos trabajaron, durante los siglos XVI a XVIII, en construir nuevos edificios o remodelar los antiguos castillos medievales para dar mayor lujo a la Corte de los Saboya. En el anterior capítulo de la ruta (https://losviajesdelmolanti.wordpress.com/2015/09/19/ruta-por-el-piamonte-1-turin-la-fiat-la-sabana-santa-el-vermu-el-chocolate-y-los-museos/),  ya vimos la principal de esas residencias, que es el Palacio Real de Torino, así como otros palacios del centro turinés y la Basílica de Superga, panteón real de la dinastía.

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Pero en el paquete hay muchos más palacios que servían para el descanso de los monarcas o para dedicarse a la caza, una actividad muy querida siempre por la realeza…  El centro de Turín era el núcleo del poder político y por éso agrupó durante siglos los palacios de los monarcas y de la nobleza que les acompañaba (Palacios como Madama, Chiablese o Carignano, cercanos al omnipresente Palacio Real). Pero en las afueras de la capital (el castillo de Valentino, hoy integrado en el Parco Valentino como edificio universitario) o en pleno campo, fueron creciendo los palacios donde los Saboya daban rienda suelta a sus fiestas y ceremonias.

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Porque no olvidemos que, en aquellos siglos, la vida de los monarcas era tediosamente ociosa (frente al sufrimiento de la inmensa mayoría de sus súbditos, por cierto). En ese paquete de residencias cortesanas destacan la Villa della Regina, un palacio para las reinas que fue la viña de la corte hoy integrado en el casco urbano turinés; el Castillo de Rívoli, una fortaleza medieval convertida en Museo de Arte Contemporáneo en la población del mismo nombre o el Castillo de Moncalieri, otro baluarte defensivo medieval que se convirtió en palacio. Pero, por encima de todo, destacan dos residencias, verdaderas joyas barrocas que nacieron de la caza y el placer.

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Son Reggia di Venaria y la Palazzina di Caccia di Stupinigi. En esta última residencia disfrutaban los Saboya y en sus salones ofrecieron fiestas grandiosas, banquetes opíparos y hasta solemnes matrimonios. Filippo Juvarra, el arquitecto que acompañó los tiempos de gloria de la Corte, proyectó este hermoso palacio de caza que desde hace casi un siglo alberga el Museo del Mueble, con piezas de indudable valor.

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Reggia di Venaria nació  en el siglo XVII como palacio de caza y luego en el XVIII se transformó en Palacio Real con inmensos jardines . Aquí podemos conocer la historia de esta dinastía. Los Saboya eran descendientes de alemanes y del Sacro Imperio Romano. De marqueses pasaron a duques. En pleno siglo XV, el ducado de Savoya comprendía Niza, Grenoble, Ginebra y llegaba al mar por Génova. Luego ganó Sicilia, que la perdió cambiándola por Cerdeña. Con el paso de los siglos, los duques se convirtieron en Reyes cuando el ducado de Saboya se convirtió en el reino de Cerdeña.

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El palacio necesitaba sirvientes, y muchos, y éso generó el nacimiento de una localidad alrededor de la residencia real, Venaria Reale. Ahora es un pueblo de postal, turístico y gastronómico, aunque también industrial. No en vano, aquí se ubica la multinacional Magnetti Marelli. Algo habitual en el norte italiano, rico, hasta ahora por lo menos, en cientos y miles de pequeñas empresas y en unas cuantas multinacionales.

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Cerca se sitúa el parque regional de La Mandria, donde el rey Vittorio Emmanuele II se retiraba para estar con su amante Rosa Vercellana, luego reconocida como madre de su hijo. En el parque se sitúa el Borgo Castello della Mandria, uno de los palacios de los veraneos reales. Aquí estaban los Apartamentos Reales, donde la corte permanecía durante largos periodos cuando se pusieron de moda los veraneos en residencias campestres rodeados de vegetación.

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Otra residencia de veraneo es el Castello Ducale di Aglié, donde el castillo medieval se transformó en residencia real en los siglos XVII y XVIII. Posee unos jardines italianos e ingleses, con un pequeño lago con su fuente monumental. El complejo está unido a la parroquia del pueblo a través de una gran plaza, que amplió y sustituyó la plaza de armas del castillo. Otras residencias estivales son el Castello di Raconigi, otro oasis dentro de un parque de gran riqueza naturalística; la Tenuta Reale di Pollenzo, una finca agraria del monarca que ahora es estandarte del movimiento slow food con un centro universitario incluido; o los castillos de Govone con su jardín de rosas, de Casotto con su pasado de monasterio o Susa, demostrando su origen defensivo protegiendo el paso alpino.

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Los Saboya también pusieron en pie diversos santuarios para su mayor gloria, como el Panteón Real de la Basílica de Superga; el Santuario de Vicoforte, que se culminó en pleno siglo XX y que tiene la cúpula elíptica más grande del mundo y el Santuario de Oropa, un lugar de devoción popular medieval que se transformó en un majestuoso complejo de los Saboya dentro de un marco no menos majestuoso, como la Reserva Natural Regional.

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Pero el patrimonio religioso tiene una cita ineludible no muy lejos de Torino, en la Sacra di San Michele. Es un complejo edificado desde el siglo X en la cima del monte Pirchiriano de casi mil metros. Es un lugar con mucha historia a cuestas: por aquí pasa el camino de los francos, que dice que recorrió Carlomagno; pasa también la Via Francígena que une Canterbury con la Basílica de San Pedro en el Vaticano y es punto fundamental de la vía que une los lugares santos dedicados al arcángel San Miguel, que va desde la isla de Saint Michael, en Cornualles, pasa por Sant Michel en Francia, llega a esta Sacra di San Michele y llega al santuario de Foggia y todos están a mil kilómetros de distancia cada uno.

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Pero,además,desde hace unos años, el santuario es más famoso a nivel internacional porque Umberto Eco se basó en la Sacra para escribir El nombre de la rosa. Y es que su imponente mole,su escalera para ascender al templo y su perfección románica son el ejemplo ideal de un monasterio medieval.El escritor italiano quedó fascinado por el enclave y el monumento y lo consagró como el escenario ideal para el libro. Luego,el film,sin embargo, se rodó en algunos monasterios alemanes y en los estudios de Cinecittà en Roma,que recrearon muy bien el monasterio. 

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Este imponente monasterio, uno de los más grandes complejos arquitectónicos románicos de Europa, se levanta sobre la llanura del Po y  cierra la desembocadura del valle de Susa, que finaliza en la frontera alpina con Francia. Aquí se habla un dialecto occitano, visible en los nombres de algunas poblaciones, donde se mezclan denominaciones en francés o italiano. Aquí también se encuentran localidades y estaciones de esquí como la famosa Sestriere, sede de los campeonatos del mundo de esquí y de algunas pruebas de las Olimpiadas de Invierno de Turín 2006, además de etapa del Tour y el Giro.

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Debajo de la Sacra, en la llanura se sitúa Avigliana, un precioso pueblo medieval similar a tantos otros que nos encontramos en la provincia de Torino. Y a su lado, unos  Lagos, que forman el Parque Natural dei Laghi di Avigliana. Son dos Lagos, el Grande y el Piccolo, que tienen su origen en las acumulaciones de agua del glaciar de Susa, el valle que finaliza aquí.

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mo llegar:

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El aeropuerto de Torino-Caselle recibe vuelos de Alicante, Barcelona, Ibiza, Madrid, Mahón y Palma. Del aeropuerto al centro se puede tomar el autobús y el trenPara desplazarse por la región, lo mejor es alquilar un vehículo.

Itinerario:

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Comenzamos la ruta en las afueras de Torino con la Palazzina di Caccia di Stupinigi. Se accede por la Tangenziale Sud en la salida Stupinigi. La residencia venatoria (adjetivo no muy común en castellano, que se refiere a la caza) es inmensa y, como todas, puede disfrutarse como parque y como palacio. Su destino de caza se evidencia claramente en el ciervo que corona la cúpula central y la decoración con animales en la fachada.

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El palacio fue construido por el ínclito Juvarra en el siglo XVIII y fue ampliándose en épocas posteriores hasta convertirse en un inmenso edificio.  Al final, el palacio consta de ciento treinta y siete habitaciones y diecisiete galerías, ocupando una extensión de más de treinta mil metros cuadrados. Tiene una estructura en cruz, con galerías en los brazos y un gran salón central, donde se celebraban los bailes y fiestas de postín.Desde 1919 acoge el Museo del Mueble, que presenta obras maestras de ebanistería y artesanía, traídas de otras residencias de los Saboya.  Además, el parque adjunto al Palacio ha sido recuperado para la ciudadanía como Parque Natural y ahora ofrece en sus diecisiete kilómetros cuadrados bosque autóctono de la zona, donde viven especies animales como garduñas, comadrejas, zorros, cigüeñas o ardillas.

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Cerca también de Torino está Reggia di Venaria. Por la Tangenziale Nord se accede a la localidad de Venaria Reale.  El complejo real permite una larga y completa visita a la larga historia de la dinastía sabauda. El palacio comenzó a construirse en el siglo XVII y fue remodelado a lo largo de los siglos por los arquitectos reales, entre los que estaba, claro está, Filippo Juvarra. El estilo francés de los jardines que se prolongan a partir del palacio sustituyó en el siglo XVIII a los jardines italianos de la centuria anterior.

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La mano de Juvarra se nota en salas como la citroniera o la escudería grande, que ahora alberga una interesantísima colección de carruajes y barcas reales. También de esta época es la iglesia de Sant’Uberto y la reestructuración de los apartamentos reales. En el siglo XIX Reggia di Venaria se reutilizó como Escuela de Veterinaria, Centro ecuestre militar y cuartel de artillería. Tanto el palacio como el propio pueblo que creció alrededor de la corte han sido restaurados con esmero y con importantes ayudas europeas. No en vano se considera una de las operaciones de restauración más completa realizada en el Viejo Continente.

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A escasos dos kilómetros de Venaria Reale está el Parco Naturalle della Mandria. En su centro está el castillo, que se edifició para la cría de yeguas. Luego, Vittorio Emanuele II lo dedicó a uso residencial (y de su amante, como hemos dicho). Los Apartamentos Reales de su interior son 18 salas de caracter íntimo que reflejan los gustos del soberano, la amante y, en definitiva, de la nobleza de la época. El castillo se completó con otras dependencias y al ampliarse se convirtió en una especie de aldea, el Borgo Castello, con edificios destinados actualmente al parque y a usos oficiales. Fuera del complejo del castillo,se abre un inmenso parque natural, de seis mil hectáreas donde se protegen muchas especies animales y patrimonio vegetal.

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Hoy se puede recorrer a través de rutas a pie y en caballo, además de en un pequeño trencito. En el interior del parque aún subsisten pequeñas explotaciones agrícolas y alguna villa, como la que se enmarca en medio del lago, de la época de Vittorio Emanuele. Muchas de esas construcciones hoy se han reconvertido en pequeños negocios de restauración o de alquiler de bicicletas.

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Por la A5 en dirección Ivrea y Val d’Aosta, hay dos salidas que nos llevan al Castello Ducale di Aglié. Se accede a la localidad por la salida de Rivarolo Canavese o por la del propio Aglié. La variedad de estilos del interior del castillo ejemplifica la larga historia del edificio, por el que pasaron duques, marqueses, príncipes y reyes. Tiene más de trescientas habitaciones con un rico patrimonio de muebles , cuadros o restos arqueológicos. Destacan los frescos de su Salón de Baile.

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Fuera del edificio, se abre un parque inmenso (cortado por la carretera que accede a la localidad) con invernaderos, lago con isla incluida y árboles centenarios, como liquidámbar, ciprés calvo, roble, haya… Debajo del palacio están los jardines del XVIII, a la italiana, con fuente y esculturas mitológicas y un gran parque, del XIX, a la inglesa, con trazado más libre y dominio de la naturaleza.

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Saliendo de Torino por la Autoestrada Torino-Bardonecchia, en dirección a Francia, una de las primeras salidas es Rivoli, donde se encuentra su castillo. El Castello di Rivoli destaca por la mezcla de estilos en el edificio en cuanto lo vemos. Y es que el castillo nació como fortaleza en el siglo XI y en el XIII fue la primera sede del ducado saboyano. En el XVII se transformó en residencia regia con una pinacoteca importante ya entonces. En la década de los ochenta del siglo XX se restauró dando como resultado esa continuidad entre pasado y presente. El castillo es hoy sede del Museo de Arte Contemporáneo.

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Por la misma autopista, unos kilómetros más adelante, está la salida de Avigliana, que nos lleva a la Sacra di San Michele. La mayor época de esplendor del monasterio fue en el siglo XII al cobijar a las innumerables peregrinaciones. Luego se suspendió su actividad monástica por orden del papa Gregorio XV y fueron los Saboya, en el siglo XIX, los que revitalizan el monasterio cuando se le encarga a Antonio Rosmini formar de nuevo una congregación monástica, la orden de los Rosminianos o Instituto de la Caridad, que aún siguen a cargo del monasterio. IMG_1151

Se puede acceder al recinto en coche, pero también a pie por dos rutas senderistas desde Chiusa di San Michele o Sant’Ambrogio. Y es que siempre ha sido éste un lugar de peregrinación y ahora de senderos por el valle de Susa. Antes de entrar al recinto, hay restos del edificio románico octogonal del siglo XI dedicado a la memoria del Santo Sepulcro de Jerusalén.

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Dentro del recinto se puede encontrar el edificio donde se acogía a los peregrinos en el siglo XI, llamado Foresteria, pero lo que más destaca es la abadía, a la que se accede por una entrada que da paso a la escalinata, los escalones de la muerte, que nos llevan a la Puerta del Zodiaco, del siglo XII. Son más de doscientos escalones en este original camino de ascensión espiritual (y físico).

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La bellísima puerta románica da paso al patio central del complejo. Desde allí se accede a la iglesia, del siglo XII. El templo muestra la evolución del románico de la zona del ábside al gótico de la zona oeste. A gozar del coro del siglo XI con frescos y pinturas del XV. En el recorrido se admira todavía más el elaborado trabajo de los artesanos y albañiles de la época para hacer cuadrar los edificios con el escarpado terreno en lo alto del monte.

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Se sale luego a la terraza por la Puerta de los Monjes del siglo XIII. Desde allí se pueden ver los restos del monasterio nuevo, del XII al XIV y la torre de Bell’Alda. Una torre que tiene una leyenda muy célebre en la zona: la bella Alda era una joven que se refugió con sus vecinos en el monasterio para huir de los bandidos que asolaban la zona y logró salvar su honra y su vida lanzándose de la torre y siendo recogida por dos ángeles, mandados por la Virgen, que oyó las súplicas de la chica. Después, presa de vanidad y soberbia, fue pavoneándose por la comarca de su milagro y, como nadie la creía, repitió la hazaña. Pero esta vez, la Virgen la castigó y murió estrellada en el suelo.

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Bajando del monasterio hacia Torino, nos topamos con Avigliana, una localidad situada en la desembocadura del valle de Susa. Su pasado medieval salta a la vista paseando por las calles de su casco antiguo, alrededor de la piazza Conte Rosso. Aún está en pie la Torre del Reloj, que albergó el primer reloj público del Piamonte y el segundo de Italia , iglesias románicas o los restos del castillo medieval destruido por los franceses en el siglo XVII. Pero la mayor atracción de la población está en el Parque Natural de los Lagos de Avigliana.
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Son dos, separados por un pequeño istmo: el Lago Grande, con casi un kilómetros cuadrado y el Lago Piccolo, con poco más de medio kilómetro cuadrado. Durante el verano, la zona está repleta de gente bañándose o navegando por el lago y durante todo el año es un lugar idóneo para rodear sobre todo el lago Grande en una tranquila caminata por sus pasarelas peatonales sobre el agua, aderezada siempre con bares, restaurantes y bares de copas. La zona pantanosa alrededor de los lagos es un perfecto habitat de aves, que conforman el interés por el que se creó en 1980 el Parque Natural.

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Fotografías: Carmen Urbina. José Antonio Mourenza, Italia.it, Parchi Reali, Turismo Torino

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