La Montaña Palentina: Románico, embalses, bisontes y minas

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Aguilar de Campoo es conocida en toda España por sus empresas dedicadas a las galletas, que han sufrido diversos altibajos pero que siguen dando trabajo a varios cientos de trabajadores y colocando a la localidad como la capital española de ese producto de repostería. Pero esta ciudad, capital de la comarca de la Montaña Palentina,  tiene otros alicientes. Su importante casco urbano reúne arte, historia, monumentos y naturaleza, gracias al río Pisuerga, que cruza ésta y otras localidades de la zona y que nace unos kilómetros más arriba, igual que el Carrión. 

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Alrededor de los dos ríos se ubican otras importantes localidades de la comarca, como Cervera de Pisuerga o Velilla del Río Carrión. En ellas se puede encontrar también naturaleza, que es la carta de presentación de la comarca, además de patrimonio arqueológico.  Pero, sobre todo, algo que caracteriza a toda la zona del norte de la provincia palentina: el patrimonio artístico.

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Y es que éste es otro de los elementos clave para atraer visitantes a la Montaña Palentina. Se trata del arte, en concreto el románico. Pocas zonas de España acumulan tanta belleza y tal número de iglesias. No hay que olvidar que el románico palentino es la concentración de este arte medieval más importante de toda Europa. 

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El románico palentino se extiende por varias zonas: la del Camino de Santiago, la de La Ojeda, la del Sur y la del Norte, que corresponde a la comarca de la Montaña Palentina y es la colección más importante, hasta el punto de que se tramita su declaración como Patrimonio de la Humanidad. Este románico norte se concentra fundamentalmente en la zona oriental de la provincia, alrededor de Aguilar de Campoo y Cervera de Pisuerga.

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La zona norte de Palencia  no tiene muchos habitantes y, como tantas otras de Castilla y León, vivió tiempos mejores y hubo una época en la que alguna de sus localidades rivalizaban en poderío económico y diversiones con la capital de la provincia. Éso se debía al empuje de las empresas mineras; un sector que ha ido cayendo al igual que en las vecinas provincias de León y Asturias. Vestigios del poderío minero se ven aún en Barruelo de Santullán, que ha habilitado un moderno Museo Minero, que se completa con la visita a una explotación minera restaurada y reconstruida.

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Los habitantes que aún quedan en la Montaña intentan buscar nuevas formas de desarrollo económico de la zona. Un emprendedor ha conseguido reintroducir la cría de bisontes europeos en San Cebrián de Muda. Dicen que en épocas muy lejanas, estos animales andaban por buena parte de Europa, en especial por el Este y el Cáucaso. Lo que es cierto es que los bisontes son una especie amenazada, de la que sólo quedaban ejemplares en Polonia, de donde vinieron siete en 2010 y que, tras mucho esfuerzo, han conseguido aclimatarse y reproducirse. Ver a estos bisontes es como volver hacia atrás en el reloj del tiempo.

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El agua es elemento primordial en esta zona norte de la provincia de Palencia.  Y es que el Parque Natural Fuentes Carrionas y Fuente Cobre, que da categoría de protección a la Montaña Palentina, ve nacer entre sus montes al Pisuerga, que lo hace exactamente en Fuente Cobre y que riega buena parte de Castilla y León. Pero en las Fuentes Carrionas nace otro río, el Carrión, fundamental éste en la provincia palentina y en el Camino de Santiago.

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Las aguas de estos cauces reposan en los embalses que se suceden en la comarca. Son los de Camporredondo, Compuerto, Requejada, Ruesga y Aguilar. Bordearlos por la carretera o, mejor aún, por sus orillas es un placer indescriptible. Agua y verdor unidos para remansar como nada el espíritu en cualquier rincón de los paisajes que podemos disfrutar recorriendo la ruta de los pantanos, que es otro de los reclamos, con razón, de la Montaña Palentina.

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Siguiendo como eje los pantanos, podemos desviarnos tranquilamente para acometer pequeños o grandes recorridos. Y es que por el Parque hay habilitadas unas cuantas rutas, desde las más sencillas a las más duras, que permiten acercarse a las maravillas de la naturaleza que cobija este espacio natural, desde el nacimiento de los dos ríos a restos fósiles, pasando por las montañas visibles desde todo el entorno.

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No hay que olvidar que entre los montes del Parque Natural se yerguen algunos de los picos más altos del Norte de España, como el Espigüete y Las Lomas, de 2450 metros, o el Curavacas. con 2500. Los amantes del montañismo gozarán como pocos en este viaje. Ascender por sus vertientes está al alcance de los más avezados, pero subir por las sendas que recorren el Parque a los pies de estos colosos es accesible a cualquiera.

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Cómo llegar:

Por carretera, desde el Norte, se llega por la N621 que parte de la frontera entre Asturias y Cantabria y luego la CA184 que se convierte en Palencia en la CL627 que finaliza en Cervera de Pisuerga. Desde el Norte y también desde el Sur se puede acceder a la zona por la A67 desde Santander o desde Palencia.  Desde el Oeste se accede a la zona por la CL626 que se puede tomar en la AP66 y que pasa por Cervera y Aguilar de Campoo. Por el Este, se toma en Burgos la N627 que finaliza en Aguilar. Por vía férrea, se puede llegar a Aguilar desde Santander y Valladolid. Los aeropuertos más cercanos son los de León, Burgos y Santander.

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Itinerario:

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Desde Aguilar de Campoo nos dirigimos al este, por la N-627 . Nos desviamos a la izquierda por la PP-6301 hasta Pomar de Valdivia, desde donde parte la carretera local PP-6622 que nos lleva al Espacio Natural de Covalagua y la Cueva de los Franceses.  Es el portal de entrada a nuestra ruta, que ya nos adelanta la combinación de piedra, verde y agua que nos encontraremos luego. A Covalagua accedemos tras una senda de diez minutos, que cuenta con refugios y mesas de piedra. En esencia, es una caída de agua del río Ibia, que se forma en unas grutas por encima de la cascada. Un torrente de agua que forma en la toba calcárea pequeñas piscinas naturales.

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Esas grutas que dan origen al río son las que han formado las cavidades de la Cueva de los Franceses, que está a tres kilómetros. A ella accedemos por la misma carretera local. El nombre de la cueva deriva de que, cuenta la leyenda, estas oquedades fueron el último refugio de los que cayeron en una batalla entre franceses y españoles librada en la zona. La cueva como tal no se dio a conocer hasta el año 1904 y tiene una superficie de mil metros cuadrados. Dispone de dos salas con formaciones cársticas. La puerta de acceso es el edificio La Roca, que cuenta con una interesante exposición.

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Siguiendo por la misma carretera se llega al final de esta meseta sobre la que se asienta la Cueva. Donde finaliza el corte brusco, se asoma el mirador de Valcabado , una atalaya privilegiada que nos permitirá admirar todo el valle de Valderredible en Cantabria y los páramos de Burgos. No olvidemos que estamos en el noroeste de la provincia de Palencia, en la frontera con la provincia de Burgos. Allí se abre la zona del Páramo de Lora, una amplia comarca donde, por cierto, se descubrió petróleo en 1969, pero la baja calidad del crudo y el escaso interés de las empresas no se ha traducido en ninguna mejora para los vecinos.

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Volviendo a Aguilar, si nos dirigimos hacia el sur podemos descubrir otro monumento natural de interés. Salimos en esa dirección por la N-611 o la A-67 hasta desviarnos hacia Villaescusa de las Torres. En esa localidad confluyen los ríos Camesa y Pisuerga. Sobre todo este último causó un profundo corte en la roca, que ha formado lo que se llama el Cañón de la Horadada. Se puede caminar por este desfiladero que se asienta debajo de una altiplanicie rocosa de siete kilómetros cuadrados. Son las Tuerces.  La explicación de estos accidentes geológicos es bien simple: la acción de los ríos, el agua, el viento, el hielo y el sol en este paisaje kárstico hace que se formen grutas y cuevas como la que acabamos de ver y cañones y dolinas como en las que estamos…

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Ya que estamos en la zona, volvemos a la N-611 y nos dirigimos hacia el sur. A pocos kilómetros nos desviamos a la izquierda para entrar en el pequeño prueblo de Olleros de Pisuerga. Aquí sobresale la ermita de los santos Justo y Pastor del siglo X. Estamos ante una de las más importantes ermitas rupestres del pais. Su estructura irregular llama la atención y destacan sus tres ábsides excavados en la roca.

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Seguimos hacia el Oeste por la P-620 y en Mave nos desviamos a la derecha por la PP-6210. En unos minutos llegamos a Santa María de Mave, un antiguo monasterio benedictino que se ha reconvertido en restaurante y hotel. Su origen se remonta al siglo IX tras la reconquista de esta zona a los árabes. La iglesia se conserva y se puede visitar. Data de comienzos del siglo XIII  y destacan en su exterior la portada con cinco arquivoltas con elementos vegetales y zigzagueantes y finísimos capiteles y columnas. En su interior de tres naves de tres tramos cada uno, destacan las bóvedas de cañón apuntado con gran influencia borgoñona.

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Una vez vueltos a nuestra sede de Aguilar, nos toca ahora dirigirnos hacia el norte. Por la P-22o llegamos a Cillamayor, donde hay que parar para contemplar la iglesia de Santa María la Mayor, del siglo XII. Ha sido restaurada en este siglo XXI y han salido a la luz la necrópolis alto medieval que rodeaba el templo. El edificio posee interesantes esculturas en las arquivoltas de la ventana sur, con hojas de acanto y volutas en los capiteles y, sobre todo, en el ábside. En su cornisa destacan los canecillos con representaciones de músicos, saltimbanquis, hombres desnudos y animales.

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Siguiendo hacia el norte por la misma carretera, llegamos a Revilla de Santullán, con su iglesia de San Cipriano y San Cornelio, uno de los mejores ejemplos del románico rural de la provincia. En el exterior, destaca su espadaña y su portada con la representación de la última cena en las arquivoltas, donde se puede ver al escultor con una maza y la inscripcion de su nombre, “Michaelis me fecit”, Miguel me hizo. En el interior, de una sola nave, sobresale su ábside con restos de pinturas murales.

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La siguiente población es Barruelo de Santullán, con un pasado minero que explica algunas grandes construcciones de la localidad, más propias de ciudades. Y es que este pueblo fue, en su día, capital de la minería palentina y uno de los municipios más ricos de la provincia, por encima incluso de la capital. Recordar ese pasado es lo que pretenden ahora desde el Centro de Interpretación de la Minería, que se compone además de dos edificios.

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Por una parte, el Museo Minero, en el edificio que albergó en su día las Escuelas Nacionales con más de seiscientos metros cuadrados de exposiciones, historia de la minería, del carbón, etc. Y por otro lado, a un kilómetro del casco urbano, en el paraje del Alto del Tomillo, la Mina Visitable, con la reproducción de una instalación minera en su mismo lugar, con sus galerías, sus carretillas, sus tipos de entibación y, en definitiva, la dureza de un oficio como el de minero.

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Volvemos a Revilla de Santullán y nos desviamos a la derecha por la PP-2125 hasta llegar a San Cebrián de Muda,en otro valle. En esa localidad se alza otra iglesia dedicada a San Cornelio y San Cipriano, del siglo XIII que conserva en su capilla mayor unas pinturas murales del siglo XIV. Es un templo de una sola nave pero de gran tamaño. Su ábside es cuadrado, posterior a la construcción de la iglesia, lo que indica un proceso de transición ya hacia el gótico.

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Pero San Cebrián de Muda es notoria no sólo por su patrimonio artístico sino, desde hace unos años, por ser el refugio y el criadero de una especie animal en peligro de extinción. Se trata nada menos que del bisonte europeo (Bison bonasus).  Desde 2010, la localidad cuenta con el Centro de Interpretación del Bisonte Europeo, que cuenta con un museo del bisonte y una finca de veinte hectáreas donde crían y conviven ejemplares de este animal procedentes del Bosque de Bialowieza de Polonia. 
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En el centro se informa sobre este animal y su historia, tan unida a nuestro continente. En automóvil, los visitantes son conducidos a la zona de la reserva para contemplar de cerca a estos bisontes que constituyen los escasos ejemplares que han nacido y viven en España. Es una fuerte apuesta por el turismo rural en un pueblo que llegó a tener más de mil habitantes a mitad del siglo XX, gracias a la minería. Ahora, en pleno siglo XXI, no llegan ni a doscientos contando los cinco núcleos de población del municipio.

Las minas están cerradas pero el antiguo cargadero se ha habilitado como un Mirador de las estrellas para que los turistas puedan disfrutar de las noches estrelladas con sus telescopios. Pero también hay visitas diurnas que permiten admirar este edificio del patrimonio industrial de la zona y poder contemplar toda la zona desde una atalaya tan privilegiada. Son, en definitiva, opciones de los habitantes del pueblo para dinamizar el medio rural, encomiables desde todos los puntos de vista.

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Seguimos por la PP-2125 hasta llegar a la carretera regional CL-626 que nos conducirá de regreso a Aguilar, Pero a unos pocos kilómetros nos toparemos con un pueblo de curioso nombre, Matamorisca. Detrás de este topónimo se encuentra una aldea con una iglesia de interés.  Es la ermita de San Juan Bautista, erigida sobre una roca arenisca a 150 metros del pueblo. En su interior, como en otros templos de la zona, se conservan perfectamente unas pinturas murales medievales.
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 Después de conocer los alrededores, vamos a conocer la capital de la zona, Aguilar de Campoo. El recorrido podría comenzar en el castillo, vestigio encaramado en una colina de casi mil metros de altura  que nos habla de un pasado de esplendor medieval. Su origen se remontaría al siglo X, aunque fue reformado hasta el siglo XV. En las laderas de la misma colina del castillo se asienta la ermita de Santa Cecilia, edificio románico del siglo XII con portada del XIII. Tiene planta rectangular y su interior se distribuye en tres naves. La localidad es conjunto histórico-artístico y de su pasado aún quedan en pie seis de las siete puertas del recinto amurallado. Debajo de la ermita, siguiendo por la avenida de Ronda se llega a la puerta de Reinosa y por ella se entra en las calles centrales de la localidad, donde nos encontramos con casas blasonadas, palacios y, sobre todo, la colegiata de San Miguel.

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El templo se asienta sobre una iglesia visigótica reconstruida en el siglo XI y es una lección de historia al mezclarse los estilos tardorrománico, gótico,  renacentista y barroco herreriano. En su interior destaca el retablo y la sillería renacentistas, además de un pequeño museo con esculturas románicas y góticas y una serie de importantes sepulcros medievales. La colegiata se abre a la plaza de España, rodeada de palacios y la puerta del Portazgo que se abre al puente del mismo nombre.Hacia el oeste hay otra puerta y el Puente Mayor. Lo cruzamos y en la otra orilla del rio se lavanta el gigantesco Monasterio de Santa Clara, con sus deliciosos dulces. Volvemos a cruzar el río y tras la Puerta Real comienza el Paseo del Monasterio que nos lleva a otro de los tesoros de la localidad.

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Es el monasterio de Santa María la Real. Cuenta la tradición que alrededor del año mil un caballero llamado Alpidio perseguía un jabalí y en lo más profundo del bosque encontró una iglesia abandonada, que servía de guarida a la fiera. Su hermano, el abad Opila, decidió iniciar allí una nueva andadura monástica. Un siglo después el rey entregó la abadía a la orden de los premostratenses. De este modo, el centro fue un foco de irradiación cultural de la zona.

Abandonado en el siglo XIX, tras la desamortización de Mendizábal, en 1977 se fundó una asociación de amigos del Monasterio para su recuperación. Ahora, puede admirarse el claustro y la iglesia románica con su cabecera gótica y la ampliación de los siglos XVII y XVIII. Para dar vida a tan inmenso edificio, una parte es albergue rural, otra ala es el Instituto de Enseñanza Secundaria y una tercera parte se dedica al centro expositivo sobre el arte románico. Se llama el Centro ROM.

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Después de conocer Aguilar de Campoo, nos vamos a la otra gran localidad de la comarca. Bordeando uno de los muchos pantanos de la zona, que luego conoceremos en profundidad, llegaremos a Cervera del Pisuerga. Su nombre deriva de la cantidad de ciervos que poblaban sus bosques. Fue una importante vía comercial romana y un importante enclave fronterizo durante la Reconquista. Ese pasado se atisba ligeramente en las casas blasonadas que jalonan el núcleo urbano. Destaca su plaza mayor porticada con columnas de piedra, de los siglos XVI y XVII. 

La localidad está declarada conjunto histórico artístico y en su patrimonio destaca la iglesia de Santa María del Castillo, una construcción gótica de una sola nave, que es monumento nacional. En su interior, llama la atención el bello retablo mayor y en la capilla de santa Ana el retablo donde está la Adoración de los Reyes de Juan de Flandes.

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En la margen derecha del rio Pisuerga hay una paseo adoquinado de más de dos kilómetros para pasear a la vera del río que da nombre a la localidad. Cuando se acaba la senda se puede continuar por el Paseo del Vado para admirar el eremitorio rupestre de San Vicente. Un poco más adelante, en el antiguo matadero, se ubica la Casa del Parque Natural Fuentes Carrionas y Fuente del Cobre-Montaña Palentina. El mejor lugar para recabar información detallada de las rutas y excursiones para realizar en la estancia en la comarca.

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En la Plaza de la Cruz (o Ángel Gómez) está el Museo Etnográfico Piedad Isla, que nace del interés de esta fotógrafa cerverana por mantener viva la memoria de la localidad y de la cultura de la zona. Más de dos mil piezas y objetos recogidos por Piedad y donados por vecinos testimonian los usos y costumbres de Cervera, desde la labranza a la cocina, pasando por el calzado, la matanza, las herramientas, los vestidos o el último telar en funcionamiento en la zona, de finales del XIX. La Fundación Piedad Isla y Juan Torres se encarga de este espléndido Museo que, además, está ubicado en un palacio de la localidad, la Casa Gutierre de Mier.

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Vamos ahora a repasar lo más destacado de la zona sur de Cervera. Salimos de la localidad por la CL-626 hasta torcer a la izquierda por la P-227 que nos llevará a Cubillo de Ojeda y Perazancas, donde encontraremos la Ermita de San Pelayo. Es, sin duda, una de las más antiguas construcciones del románico palentino, datada en el siglo XI. Tiene un bello ábside y aún conserva en su interior pinturas murales románicas, unas de las pocas que aún se pueden ver en Palencia. Cabe destacar que así eran todas las iglesias de la época, profusamente pintadas en su interior para enseñar por la imagen a los iletrados lugareños, que eran la inmensa mayoría de la población.

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Unos kilómetros más hacia el sur se ubica Santa Eufemia de Cozollos. Donde ahora hay un cuidado establecimiento de turismo rural, había antes en esta finca particular un monasterio. Sólo se conserva íntegra y en muy buen estado la iglesia del siglo XII, con su cabecera, arcos y capiteles y restos de esculturas y lápidas esparcidas por el terreno adyacente. Este monumento nacional es el único vestigio de lo que fue el Real Monasterio habitado por Comendadoras de Santiago hasta el siglo XVI; después fue cantera pública y desde el siglo XIX pertenece a una familia que se encarga de su mantenimiento.

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Siguiendo por la P-227 llegamos a Moarves de Ojeda. Su iglesia, una de las más bellas de esta ruta, tiene un espectacular e interesantísimo friso en su fachada donde se representa el Pantocrator, rodeado por los apóstoles y los evangelistas en hornacinas con arcos polilobulados. Es un templo del siglo XII, en cuya portada destacan también las cinco arquivoltas de medio punto sostenidas por capiteles en los que se representan mitos e historias de la época.

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Volvemos atrás para desviarnos a la derecha por la P-222 sólo unos kilómetros para llegar al monasterio de San Andrés de Arroyo en el municipio de Santibáñez de Ecla, uno de los más interesantes del románico de la provincia, ocupado desde la edad media por las monjas bernardas del Císter. Fue fundado en el siglo XII por doña Mencía, hermana de doña Berenguela. La iglesia tiene una sola nave, crucero y tres ábsides, siendo el central poligonal. Su bello claustro se puede visitar para admirar las finísimas columnas pareadas y también la sala capitular, donde está el sepulcro de la fundadora.

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Volvemos de nuevo por la carretera P-227 y poco después de Santa Eufemia de Cozollos, nos desviamos a la derecha por la PP-2131. Llegaremos a Vallespinoso de Aguilar, donde destaca una preciosa ermita enclavada en una roca, que sobresale en el paisaje de esta localidad. Es la ermita de Santa Cecilia, del siglo XII. Destacan los frisos y capiteles de la puerta de entrada de este templo. 

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Por la misma carretera, un poco más adelante, nos desviaremos a la izquierda por la PP-2132, que bordea el pantano de Aguilar. En Barrio de Santa María nos topamos con una pequeña ermita, dedicada a Santa Eulalia y que se remonta al siglo XII. Las puertas son de madera de tejo y conservan herrajes de esa época. Son las puertas de cielo, atendiendo a lo que hay dentro. La ermita posee un bello ábside, dividido en tres cuerpos y con tres ventanales con capiteles historiados. Allí nos encontramos arpías, animales en lucha o Adán y Eva. Pero la riqueza del templo no acaba aquí, porque posee también unas bellísimas pinturas góticas relacionadas con el Infierno y sus sufrimientos, en un lado de la ermita, y con el Paraíso en la otra. Un nuevo ejemplo de catecismo gráfico. Por esa misma carretera llegaremos a la CL-626 que a la izquierda nos lleva de nuevo a Cervera.

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La ruta siguiente nos lleva al norte de Cervera. Tomamos la carretera regional CL-627 que enlaza la zona con la vecina Cantabria a través del puerto de Piedrasluengas. A mitad de camino en esta subida llegamos a San  Salvador de Cantamuda, con su hermosísima iglesia del Salvador que llegó a tener rango de Colegiata y bajo el patronato real hasta que Alfonso VII entregó el templo al Obispo de Palencia. El templo ya aparece en documentos del siglo XII.  

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Es un edificio muy armonioso, con volúmenes bien definidos y en su interior de cruz latina destaca la mesa del altar con columnas románicas. En el exterior, su espadaña de dos pisos es ya un símbolo del arte románico de la provincia y a su lado, más baja en altura, se levanta una torre cilíndrica. Desde San Salvador se puede uno acercar a la abadía de Lebanza, recluida en un pequeño valle.

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A la vuelta por la CL-627 y antes de cruzar el puente sobre el embalse de la Requejada, tomamos a la izquierda la carretera PP-2173 y unos metros más adelante, a la izquierda de nuevo la PP-2174 que cruza Estalaya y nos lleva a Verdeña. Allí dejamos el coche en el aparcamiento y seguimos la senda del Bosque fósil. Son tres kilómetros circulares con un desnivel de 120 metros. El llamado bosque fósil es una pared rocosa donde se ven las marcas que dejaron los bosques que poblaron esta zona hace trescientos millones de años. Cerca está el mirador que permite ver toda esta zona, que se llama La Pernía. 

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Volvemos a Estalaya y de camino al puente sobre el embalse, dejamos el coche en el aparcamiento. Cruzamos el embalse por un puente de madera y nos encaminamos por la senda del Roblón. Otra senda circular y fácil en la que pasamos por un bosque con hayas, robles, rebollos, espinos o acebos. Tras una ligera subida nos topamos con un precioso ejemplar de roble albar, de diecisiete metros de alto, once de perímetro y una antigüedad de más de cinco siglos…. aunque en la zona se habla de incluso mil años…

En esta excursión hemos pasado por el pantano de Requejada, que es el primero que embalsa las aguas del Pisuerga, cerca de su nacimiento. Junto a éste, hay otros pantanos en la zona que son un disfrute para los ojos y, en verano, para el cuerpo. Del este hacia el oeste, el primero que nos encontramos es el de Aguilar, que bebe también del Pisuerga. Es el más grande de la provincia y se inauguró en 1963, en pleno auge franquista por la construcción de embalses. En verano es lugar de esparcimiento familiar y de algunos deportes náuticos. Pero, como siempre, la historia queda sepultada en las aguas de muchos pantanos. También en éste, cuando las aguas bajan, aún pueden descubrirse restos de un puente medieval. 

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Es el comienzo de la turística Ruta de los Pantanos de la Montaña Palentina. Siguiendo nuestra ruta por la CL-626 vamos a Cervera de Pisuerga y, una vez superada esta localidad,  con el Parador de Turismo oteando sobre sus aguas, nos encontramos con el Parador de Ruesga. Es el primer embalse construido por el Estado en la cuenca del Duero. Fue en 1923 y , además de antiguo, es uno de los más pequeños del pais. En cualquier caso, es una zona apetecible para el baño, rodeada de bosques por los que pasear.

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La P-210 es la carretera que nos llevará por esta ruta en los próximos kilómetros. Dos pantanos se suceden. Son los de Camporredondo y Compuerto, sólo separados por un pequeño istmo donde se ubica la localidad de Camporredondo de Alba y por donde discurren las aguas del río Carrión. Alfonso XIII inauguró en 1930 el embalse de Camporredondo y treinta años después, en pleno desarrollismo franquista, se inauguró el vecino pantano de Compuerto.  

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Los dos han permitido  crear una importante zona regable, vital para la economía agraria de las provincias de Palencia y Valladolid, las que son ribereñas del rio Carrión antes de su desembocadura en el Pisuerga. Gracias a sus aguas, la agricultura de la zona ha pasado del secano tradicional a cultivos más rentables, desde la remolacha al maiz. Para el visitante es una oportunidad para disfrutar de un paisaje encantador, lleno de agua y verdor.

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La carretera de los pantanos nos desciende hasta Velilla del Río Carrión, aguas abajo del embalse de Compuerto. Seguimos estando en pleno Parque Natural de las Fuentes Carrionas. Su historia está llena de auges y caídas, como otros municipios de la zona. También aquí hubo minas, revueltas mineras en 1934, represión tras la Guerra Civil, más empleo con la central térmica y reconversión industrial de la década de 1980 que ha dejado a la localidad con un cuarenta por ciento menos de su población.

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La historia de Velilla se remonta a la tribu cántabra de los Tamáricos. Unos arcos junto a un estanque forman las llamadas Fuentes Tamáricas, que se llenan y se vacían de forma inesperada. Son los vestigios históricos más antiguos de la localidad, que se remontarían a tres siglos antes de nuestra Era. Otros restos importantes son los del puente romano. Pasados los siglos, Velilla es un agradable lugar para disfrutar del paisaje y de sus rutas, como la sencilla senda del Pinar o la ruta alrededor del río.

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Por la P-215 se llega a Guardo, que es una ciudad pequeña, más que un pueblo grande. Por éso, su aspecto es más urbano que rural, con menos elementos de interés que otras localidades de la zona. En cualquier caso, aún queda en pie un palacio barroco y la iglesia parroquial de San Juan, además de la estatua al minero, porque también aquí la minería dio de comer a sus habitantes. Llegó a ser la capital de toda la zona.

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Tomamos la carretera CL-626 para volver a Cervera. Antes, pasaremos por Santibáñez de la Peña, en cuyo término municipal se encuentra el Santuario de la Virgen del Brezo, con una talla del siglo XIII, vistas espectaculares y romería muy concurrida en septiembre. Siguiendo la carretera llegaremos a Pisón de Castrejón, con su interesante  Iglesia de la Asunción. Es un edificio románico del siglo XIII, en transición hacia el gótico, como se puede contemplar en el friso de su portada.  Una obra de filigranas escultóricas protegida gracias al atrio sostenido por dos columnas góticas. En el interior, aún se conserva la sencillez románica en sus capiteles. Cerca está Traspeña de la Peña, con otra iglesia de transición al gótico y un crucero del siglo XV, de los más importantes de la provincia. 

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Queda por último remontar las montañas del Parque Natural. Desde Cervera se accede a San Salvador de Cantamuda y, de allí, a Santa María de Redondo. En el aparcamiento de esa localidad parte una senda de trece kilómetros, con un desnivel de cuatrocientos metros, que nos llevará por el valle del Pisuerga, con prados y bosques de robles y hayas. El final del camino nos coloca a las puertas de la Cueva del Cobre, en cuyo interior está la Fuente del mismo nombre, de la que mana el Pisuerga. Sólo es visitable la entrada, porque el interior de la cueva sólo es accesible para espeleólogos. 
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Y en el Oeste del zona, tras pasar el pantano de Camporredondo, nos desviamos hasta Cardaño de Arriba. De allí parte una senda, de dificultad media-alta, que nos lleva hasta el nacimiento del río Carrión. Son más de doce kilómetros con un desnivel de más de seiscientos metros. Al final accederemos a la Laguna de las Lomas, tras pasar por valles glaciares, bosques de abedules y chozos de pastores. Encima de esa Laguna aún queda el nacimiento del río, en la Laguna de Fuentes Carrionas, dos lagos contiguos en el interior de un  circo glaciar formado por las mayores elevaciones de la zona, Peña Prieta, de más de dos mil quinientos metros; las Agujas de Cardaño, de casi dos mil cuatrocientos y el Mojón de la Tres Provincias, rondando los dos mil quinientos.

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Hay más sendas para los que no se atreven a tanta subida. Así, en esa misma parte del parque, entre los dos Cardaños (el de Abajo y el de Arriba), se toma una senda que nos lleva a la cascada de Mazobre. Menos de siete kilómetros de ida y vuelta que permiten acceder a esta caída de agua, a los pies de los barrancos septentrionales del pico Espigüete, otro de los grandes de la Cordillera Cantábrica. Por el camino, pasaremos por pastizales, prados,matorrales…y nieve, buena parte del invierno o la primavera.

img_20160323_134215Fotografías: Carmen Urbina, José A. Mourenza, Palenciaturismo.es, spain.info, aguilardecampoo.es, rabiesperre, H.T.adfinem, CIM Barruelo, Paula, cerveradepisuerga.es, Turismo de Castilla y León, Jesús, Rabiespierre

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Una respuesta a “La Montaña Palentina: Románico, embalses, bisontes y minas

  1. Maravilloso recorrido que evidencia la riqueza de una zona sumamente desconocida para la inmensa mayoría de los españoles. Gracias por el trabajo y enhorabuena por este.

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